Actualidad | ||
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ORTOGRAFÍA:
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Las versiones originales de actas de Independencia, constituciones y otros documentos históricos de los países hispanohablantes sorprenden al lector moderno por sus errores ortográficos, si se leen bajo la perspectiva de la normativa vigente en nuestros días. Por ejemplo, el proyecto de la Constitución de Texas, un territorio en disputa con Estados Unidos de (norte) América, fue redactado en 1833 por Esteban Austin y presenta numerosos fallos. Austin, representante de los sectores esclavistas que respondían a empresarios norteamericanos, propuso que «Todas las personas residentes en Texas al formarse esta Constitución a escepcion de los esclavos y demás personas no sugetas al pago de impuestos en virtud de las leyes dadas por esta Constitución, serán reputados por ciudadanos con derecho a los privilegios correspondientes a los individuos que emigraron al país bajo la Ley de Colonización de 1825 y serán reconocidos como tales y admitidos a los derechos y privilegios de emigrados». Otra constitución, la de la Argentina, presenta variantes a la ortografía actual y hasta en las cartas de Simón Bolívar se perciben los clásicos «errores» de los estudiantes del siglo XXI ante la «tiranía» de letras como la b, la v o la h. | ||
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La Carta Magna argentina presenta faltas de ortografía La Constitución Argentina, la segunda de América luego de la de Estados Unidos (1787) y la quinta del mundo, conocida el primero de mayo de 1853 como Gran Libro - Constitución de la Confederación Argentina, ofrece palabras tales como estradición, Buenos-ayres, ausilios y carruage. Pero para hablar de «fallos» en la Carta Magna argentina, redactada por el convencional por Córdoba Juan del Campillo, es preciso situarse en el momento de su creación, ya que «cualquier comentario sobre la ortografía de su texto nos obliga a situar el hecho en su época», como establece el constitucionalista de la Universidad Nacional de Córdoba (Argentina) Jorge Gentile. «El Texto escrito en 1853 contiene 7195 palabras, si sumamos las 100 del preámbulo más las que contienen los 107 artículos de la Constitución, y separamos las que fueron escritas juntas», indica Gentile.
En efecto, en el texto que se encuentra guardado en el
despacho del vicepresidente del Senado argentino y en el que se puede
comprobar la letra cursiva, pequeña y prolija de Campillo, se observa que
hay palabras escritas como si fueran sólo una, por ejemplo: delas, yla,
ysi, ladelos, enel, desetiembre, ensesiones, concluyey, sehallen, desedicion,
entre otras. «Ello se debe a una costumbre de la época de unir preposiciones
y artículos con las palabras que le siguen», explica Gentile.
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Una escritura vinculada a la fonética Gentile, por su parte, señala que junto con las normas establecidas por la Real Academia Española, «al mismo tiempo en Chile estaba vigente la reforma ortográfica impulsada por Domingo Faustino Sarmiento en 1843, aprobada por Andrés Bello, que proponía una escritura más fonética». «Esa reforma impulsaba una escritura menos dependiente de criterios etimológicos, que comprendía entre otras modificaciones la supresión de la letra h, el reemplazo de la b por la v, de la y por la i y de la g por la j», agrega el experto. Otras palabras presentes en el texto original de la Carta Magna argentina son gefe, extrangeros, tonelage, espresan o esclusivo. La Constitución de 1853 ofrece abreviaciones curiosas, a pesar de que no existían los mensajes electrónicos por teléfonos celulares. Para es escrita como p.a; por como p.r; que como q.e: gobierno como Gob.ª, nombramiento como nombram.to; entre otras.
El especialista argentino marca una curiosidad en cuanto al
uso de las palabras. Si bien se utilizan en el texto de 1853 los términos
igualdad y libertad, no se menciona a fraternidad, pese a
la influencia de los estandartes de la Revolución Francesa en todos los
movimientos emancipadores de América en el siglo XIX.
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Bolívar: sinco nabios y once fragatas inglecas Más ejemplos encontramos en las cartas de los líderes revolucionarios de la época. La primera misiva que se conoció de Simón Bolívar fue escrita el 20 de marzo de 1799 en Veracruz, en su primer viaje a España, destinada a su tío y tutor Pedro Palacios y Sojo. «Usted no estrañe la mala letra pues ya lo hago medianamente pues estoy fatigado del mobimiento del coche en que hacabo de llegar, y por ser muy a la ligera la he puesto muy mala y me ocurren todas las especies de un golpe». En otro pasaje, puede leerse que «Mi llegada a este puerto ha sido felismente, gracias a Dios; pero nos hemos detenido aquí con el motibo de haber estado bloqueada la Abana, y ser preciso el pasar por allí; de sinco nabios y once fragatas inglesas». Finalmente, firma el Libertador y escritor: «Su mas atento serbidor y su yjo». Al
respecto, el especialista Oliver Brachfeld señala sobre la primera carta de
Bolívar que «en aquellos tiempos no se asignaba mucha importancia a tales
faltas, que poco o nada sabrían decirnos acerca del muchacho Bolívar; a lo
sumo, revelarían cierto desprecio a los convencionalismos, junto con cierta
superficialidad debida a una excesiva confianza en sí mismo, típica en
espíritus aristocráticos».
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El papel de la Real Academia Española La docente argentina Adriana Amado Suárez aporta un matiz al tema, ya que según la experta la confusión ortográfica del siglo XX «se debe a que recién a mediados de siglo la Real Academia Española promulgó una reforma ortográfica de carácter universal, y en muchas ciudades de América se siguieron reglas más vinculadas a la fonética», explica. En declaraciones Comunica, la profesora agregó que «si bien la Real Academia Española norma una reforma ortográfica moderna en 1815, hasta mediados de siglo no alcanza difusión sistemática con la publicación del Prontuario de Ortografía de 1844». En 1815 ya se había establecido la utilización del prefijo «ex» en lugar de «es». No obstante había algunas contradicciones con otras reglas. «A pesar de la normativa de 1815, el Diccionario de la RAE da como correcta en 1832 la ortografía con g para la palabra gefe, mientras que la edición de 1837 aparece, por primera vez, con j”, explica Amado Suárez. Asimismo, el sufijo «aje» que aparece a menudo como «age» es un exponente de la influencia del francés. «Vn» en lugar de «Un» es una herencia del siglo XVIII y la confusión «s» por «c» se debe a un error por consonancia fonética. (Comunica. 04-06-03). | ||
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