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11 de junio de 2003


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SILVIA ORTIGOSA:
La imposición del pensamiento único también empobrece la lengua

Las falencias en los periodistas no pueden separarse de las de toda la población
Cuando se paraliza el pensamiento crítico se empobrece la lengua

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Los medios de comunicación pueden actuar como difusores positivos de la lengua, evitando la tendencia a imponer una única forma de pensar y de tratar al español, que empobrece nuestro idioma afirma Silvia Cristina Ortigosa, correctora del diario argentino Ámbito Financiero.

«Nuestra función es cuidar la calidad de los textos escritos, pulirlos, vigilar que digan lo que quieren decir y no otra cosa», explicó Ortigosa, filósofa de formación, quien evalúa como positivo para el idioma que desde hace varios años «hay más formación en los periodistas». Pero, puntualizó, «la devaluación de la función crítica del pensamiento, la mercantilización de la información y la uniformidad cultural» constituyen un contraste importante.

En una entrevista con Comunica la experta, con casi dos décadas dedicadas a esa función en periódicos como La Nación y editoriales de Buenos Aires, Argentina, opinó sobre la formación de los periodistas, la relación entre su tarea y las nuevas tecnologías y la proliferación de anglicismos en el castellano.

Unidad en la Diversidad: ¿Cuál es la función específica de los correctores?

Silvia Ortigosa: La función del corrector es cuidar la calidad de los textos escritos, pulirlos, vigilar que digan lo que quieren decir y no otra cosa, y que lo hagan correctamente. Y en un sentido más específico, su tarea es corregir los errores ortográficos, de tipeo y gramaticales; la redacción confusa, entre otros. También se ocupa de aspectos más formales, como cuidar los textos una vez que se realiza la «prueba de página»: que estén completos; que los epígrafes se correspondan con las fotos; que los títulos coincidan con los contenidos de los artículos; que si hay referencias al interior de la publicación, sean las correctas, entre otros detalles. Además de diarios, revistas, editoriales y algunos escritores, hay otros espacios de trabajo menos convencionales como las agencias de publicidad.

U.D.: ¿Cuáles son los errores más comunes de los periodistas a la hora de escribir?

S.O.: Los errores más comunes en toda clase de textos, no sólo los periodísticos, son de varios tipos: Falta de concordancia entre las partes de la oración, en género y número; las palabras repetidas, o sea el vocabulario escaso; o la puntuación incorrecta, que oscurece e interrumpe la lectura, además de acentos y errores de tipeo. Otro caso importante son las preposiciones mal utilizadas. En general, cada expresión tiene un régimen preposicional que le corresponde y no hay una regla general. Tal vez por la influencia de las malas traducciones, se van imponiendo otras preposiciones. En general, para corregir bien un texto no se debe sobrevolarlo, sino que hay que colocarse dentro y comprenderlo, sobre todo entender qué es lo que quiere decir el autor.

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Las falencias en los periodistas no pueden separarse de las de toda la población

En la entrevista, Ortigosa opinó sobre la formación de las nuevas generaciones de periodistas y consideró que es imposible separar la formación de los periodistas de la de toda la población, «y en ambas se notan las mismas falencias».

«Me da la impresión de que hay crecientes dificultades para expresarse con fluidez y precisión, y con un rico vocabulario. Sería interesante tratar de encontrar las causas de este problema para revertir la situación. Por otro lado, en un sentido hay más formación ya que se estudia la carrera de periodista, en la facultad, en institutos, cosa que antes no existía; un periodista era alguien que se autoformaba. Y ésta es una base interesante», agregó la correctora.

Sobre la relación entre las nuevas tecnologías y la tarea del corrector, Ortigosa declaró que «las nuevas tecnologías son maravillosas para procesar textos, porque podés armarlos, cortar, pegar, cambiar partes de lugar, suprimir, corregir, pero no resuelven los peores errores: de concordancia, de pobreza de vocabulario, de puntuación, al menos por ahora. Yo dudo de que alguna vez lo vayan a hacer, pero a lo mejor es falta de imaginación».

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Cuando se paraliza el pensamiento crítico se empobrece la lengua

U.D.: En relación a las malas traducciones ¿De qué manera influyen los medios audiovisuales, las supuestas traducciones neutras de la industria cultural, en la contaminación de la prensa gráfica de un idioma que no respeta los matices regionales y originalidades del español?

S.O.: Este problema forma parte de uno más amplio, cultural y político, y tendríamos que plantearnos cómo encarar una solución. Los medios audiovisuales por sí mismos no tendrían por qué actuar en detrimento de nuestro idioma y hasta podrían actuar en la dirección contraria. Sólo en un contexto de devaluación de la función crítica del pensamiento, de mercantilización de la información, de la uniformidad cultural que se trata de imponer a través de los medios de comunicación es que aparece el fenómeno de la pauperización del idioma, de la traducción o la forma de hablar pretendidamente neutras de, por ejemplo, algunas cadenas de noticias «latinas». En la medida en que se trata de imponer una concepción de la realidad como la única posible, se paraliza el pensamiento crítico, que es el que se abre a la novedad, y se empobrece también la lengua, que es una de las formas donde la potencia de la cultura hace su manifestación. En la medida de lo posible hay que luchar contra esta tendencia a arrasar con nuestras identidades, y para esta tarea también tendríamos que estar los correctores.

U.D.: Nadie puede negar la influencia del inglés en varios países, en especial en Latinoamérica, al punto de que a veces resulta chocante cuando algunos medios castellanizan algunas palabras que las alejan de como son conocidas corrientemente. ¿Cuál es la política más adecuada?

S.O.: Al respecto vale aplicar el sentido común. Las lenguas vivas están en permanente proceso de transformación. Siempre ha sucedido que se adopten términos de otro idioma cuando no hay uno en el nuestro con ese mismo significado o que se usen palabras que se han impuesto en la lengua que les dio origen y, a mi entender, es bueno enriquecer así nuestro vocabulario con términos de otros idiomas o del mismo español, que presenta tanta diversidad. La incorporación de matices es siempre enriquecedora. Pero hay un límite: el de la preservación de la identidad y la calidad. Hay algunos términos extranjeros que la población adopta y es inútil y no tiene sentido luchar contra eso, como también hay otros que suenan mal o nadie los entiende. Tenemos que cuidar lo nuestro y no hacer adopciones indiscriminadamente. (Comunica. 11-06-03).

 

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