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BOLIVIA: Un economista aplica criterios matemáticos a la literatura
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En las facultades de Economía suelen repetir a los estudiantes que allí se estudia la asignación de los recursos escasos y por ello, aprovechando los conocimientos sobre la disciplina del ahorro y la exactitud, el economista Tomás Astellarra optó por explorar nuevos mercados y exportó criterios económicos a la literatura. Con ese fin, el argentino escribió los Aforismos ronateros, construidos sobre la base de respetar que cada texto sume 200 palabras, 50 comas, un paréntesis, una pregunta y un punto final, entre otras normas. Nacido en 1974 en Buenos Aires y radicado actualmente en Cochabamba, Bolivia, Astellarra leyó a David Ricardo y sabe de los beneficios del intercambio comercial. Quizás por ello no dudó en entablar conversaciones con otros especialistas y logró superávit en la balanza al lograr que seis colegas le entregaran sendos aforismos con la misma lógica, -la que impone el «mercado de Astellarra»-, y que el periodista Mario Eráclito Cardoso escribiera la introducción con el mismo método, según contó el autor al diario La Nación de la capital argentina. | ||
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Aparición guevarista en Bolivia Un aforismo habla de una Aparición guevarista: «Se me apareció Ernesto en La Higuera, en el patio de la escuela, en la noche serena de luna quieta de La Higuera, de ronquidos embriagados, de fiesta, celebración, aniversario, al guerrillero, Ernesto, visionario, triste y flaco, gorra Ernesto...su cuerpo flaco, sus ojos distantes, en La Higuera, su traición a cuestas, en La Higuera, ni fusil ni medicamentos, en La Higuera, sólo sus ojos cansinos que susurran ...resguardo, esa seguridad, de que nadie de ese cúmulo de almas guerrilleramente, zurdillamente, borrachas, me va a creer que se me apareció Ernesto». Si se observa con detenimiento, el texto obedece a esta lógica que probablemente sea enemiga de la espontaneidad pero que produce textos con sentido. El
autor también le dedica a su país de adopción un aforismo impregnado de
localismos porteños: «Sabés loco, hay unos pibitos que dicen que, en
Bolivia, los camioneros te cobran para viajar, qué miseria, viste, y Mc
Donalds fundió, y no toman coca cola, apenas un jugo de durazno seco,
mokonoseque, y no hay supermercados, sino que son todas cholistas, viste,
esas gordas que aparecen en las enciclopedias, con ropas de colores, viste,
pero parece que la comida es muy barata, viste, y nadie se caga de hambre,
todos tienen tierras, porque en Bolivia, viste, hubo una revolución, si
loco, como en Cuba, y le dieron las tierras a los campesinos, pero la
cerveza es re cara loco, como cinco mangos...». | ||
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Hay tradición de economistas del lenguaje La economía en los textos argentinos tiene precursores. De hecho, el escritor y periodista español Pedro Sorela estima que la economía del lenguaje es una característica de los escritores argentinos, inspirados en Jorge Luis Borges y Julio Cortázar. El escritor cordobés Juan Filloy (1894-2000) fue uno de los que jugó con los números en su obra. Su novela más conocida es Op Oloop (1934). Escribió también Caterva (1937), homenajeada por Cortázar en Rayuela (en la que también juega con los números), Periplo (1931), ¡Estafen! (1932), Balumba (de poemas, 1933), Aquende (1935) y Finesse (1939). Tras esta tanda de siete obras, Filloy se tomó una licencia de tres décadas. Luego aparecieron Ignitus (1971), Yo, yo y yo (1972), Los Ochoa (1972), La Potra (1973), Vil y vil (1975, prohibida por la dictadura militar), Urrumpta (1977), Tal Cual (1980, siete cuentos filosóficos), Karcino (1988), Gentuza y Mujeres (1991), La Purga (1992), Esto fui (1994), Sexamor (1995), Decio 8 A (1997).
En estos títulos, Filloy se impuso respetar que
todos tuvieran siete letras, y utilizó cada una de las que componen el
alfabeto (A-Z) como iniciales de los títulos de su obra. Filloy se
enorgullecía además de ser el campeón mundial de palíndromos, las frases que
se leen igual en sentido inverso. (Comunica. 18-06-03). | ||
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