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Flavio Rapisardi, autor de la reciente ley de Unión Civil aprobada en la ciudad de Buenos Aires y que legaliza las parejas homosexuales, anticipó a Comunica que en un mes estará disponible el Primer diccionario de términos gay del Mercosur, que está elaborando en colaboración con colegas suyos del Cono Sur de América Latina, entre ellos el psicoanalista chileno Sergio Sepúlveda. La minoría homosexual y los diferentes grupos que la componen manejan una jerga específica que depara muchas sorpresas a la hora de descubrir su significado. Tejetemen, paquis, carrilche o mascavena, son algunos de los términos que forman parte del vocabulario de esta comunidad, así como hay otros de uso popular, muchos de ellos ofensivos para ese sector, uno de los más discriminados en la sociedad. «Un hijo se confiesa ante su padre y le dice: Padre, debo decirle una cosa: soy gay». El padre contesta: «Dígame m’ijo, ¿Usted tiene auto, tiene casa, tiene una profesión, tiene trabajo? -No, contesta el joven. Entonces usted no es gay, usted es un puto de mierda». El diálogo ficticio narrado por Rapisardi da cuenta de las diferencias de sentido que varían, dice, según las diversas identidades: «Gay (un anglicismo aceptado por la Real Academia Española) habla de determinado tipo de homosexual, con determinadas preferencias y que ocupa un lugar en la sociedad, quizás más legitimado o una apropiación más civilizatoria». Sobre este tema, el autor de Fiestas, baños y exilio – Los gays porteños en la última dictadura militar, recuerda al fallecido dirigente de la Comunidad Homosexual Argentina (CHA), Carlos Jáuregui, quien afirmaba ante los medios: «Yo no soy gay, soy puto». «En
todo caso lo importante no es la palabra sino la posición de enunciación,
porque el mismo término puede usarse con las peores intenciones ofensivas»,
indicó Rapisardi. Algunos sectores reivindican el término queer,
una palabra a la que interpreta como «menos civilizatoria», aunque no
forma parte del castellano.
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El sexismo también aparece en el lenguaje gay El investigador, integrante del área de estudios Queer del Centro Cultural Ricardo Rojas dependiente de la Universidad de Buenos Aires (UBA), señaló algunas prácticas reveladoras de cierto sexismo dentro de la propia comunidad homosexual, ya que «muchas veces, como parte de características misóginas, en el diálogo cotidiano se produce un cambio de registro hacia lo femenino en sentido despectivo». Rapisardi ejemplificó con la frase «Entró a la fiesta muy producido (vestido elegantemente) y cuando lo vi me puse tarada». El masculino para lo positivo y el femenino para lo negativo, «un problema que no tiene el inglés», señaló. Santiago, un joven bilbaíno, se identificaba recientemente como gay ante las cámaras del canal regional vasco. Y a su lado, su madre aclaraba: «La gente piensa que un homosexual tiene que ser marica, vestirse de rosa o como una mujer, y ya lo ven, él no es así». Los
activistas de los derechos de las minorías sexuales suelen referirse a sus
agrupaciones como pertenecientes al colectivo geletetebé, neologismo
por lexicación de sigla que alude a las siglas «Gay, Lesbianas, Travestis,
Transexuales y Bisexuales».
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¿Travestis o transgéneros? Sobre la palabra travesti también hay diferencias entre los hispanohablantes y el mundo anglosajón. En los encuentros internacionales, suele hablarse de transgénero para referirse a las travestis, una influencia innegable del mundo anglosajón, que es rechazada porque «le quita propiedad política a la palabra travesti». El argot carcelario, como es sabido, es una fuente inagotable de nuevas palabras. De allí surgió el idioma carrilche, la terminología específica de las travestis en la cárcel originada en las décadas del 70 y el 80. En ese grupo apareció la voz tejetemen (asunto ríspido que no puede tratarse en público y menos ante la policía). Las teteras son para la comunidad geletetebé los baños públicos de estaciones de trenes o subtes para encuentros sexuales rápidos. El término surgió del tea room (casa de té). Otros términos que comprenderá el diccionario que elabora Rapisardi son bomberos, camioneros (forma discriminatoria de referirse a un homosexual de baja condición social), oso (robustos), ladies o kikis (delicados, finos, lindos), loca y diosa. Del lenguaje popular, surgieron manflorón, soplanuca y mascavena.
Discriminados, algunos gays también discriminan. Para ellos los
heterosexuales resultan tan aburridos que son paquis (paquidermos).
(Comunica. 01-10-03). | ||
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