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15 de octubre de 2003


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ARGENTINA

Falleció el librero y poeta Héctor Yánover

 

Murió un ejemplar de una especie en extinción
Grabó la voz de 25 escritores

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Héctor Yánover falleció a causa de una afección pulmonar el 8 de octubre a los 73 años en Buenos Aires, la capital argentina, una ciudad a la que había contribuido a hacer vibrar al ritmo de la lectura. Además de ser el dueño de la tradicional librería Norte sobre la porteña avenida Las Heras, que atendía con suma precisión ante cualquier duda de los lectores, Yánover fue poeta, amigo de poetas y escritores y director de la Biblioteca Nacional.

El autor de Las iniciales del amor nació en Alta Gracia, Córdoba, el tres de diciembre de 1929. Desde muy joven, apenas llegado a Buenos Aires, le ofrecieron atender en el turno noche una librería sobre la tradicional calle Corrientes y nunca más se desvinculó de esa actividad.

Su primer libro de poemas, en 1951, fue Elegía y gloria. Hacia principios del hombre y más tarde escribió Arras para otra boda, Sigo andando y Otros poemas.

Especialista en poesía española, también publicó la novela de carácter autobiográfico Las estaciones de Antonio, Raúl González Tuñón y Memorias de un librero, publicado en 1984 por los sellos Torres Agüero, Galerna y De La Flor, a modo de homenaje al librero, cuya primera edición de casi tres mil ejemplares se agotó en dos semanas.

«Usted escribió mi vida», le dijeron sobre Memorias... libreros de diversos sitios del mundo, como una mujer que vendía textos en el barrio de Quilmes, cercano a Buenos Aires; el jefe de un local de El Ateneo en Lima; dos cubanos y un argentino radicado en Israel, entre otros.

Se encuentra próxima a ser editada la Continuación de memorias de un librero, en el que sigue repasando anécdotas de más de cinco décadas de participar en el ambiente cultural de Buenos Aires.

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Murió un ejemplar de una especie en extinción

«Con Héctor Yánover no sólo muere un excelente poeta. También muere un ejemplar de una especie en vías de extinción, un gran librero», indicó al diario Clarín el escritor jujeño Héctor Tizón, conmovido al recibir la noticia.

El periodista y crítico Osvaldo Quiroga recordó por radio que «Yánover era un librero de los que ya quedan pocos, y era además un verdadero especialista en poesía española. En una oportunidad caminamos juntos por las calles y las plazas secas de Guadalajara (México) en ocasión de una Feria del Libro, y comenzamos un juego en el que uno debía responderle al otro con una poesía de autor español, y allí aparecieron Góngora, Quevedo, León Felipe...».

El poeta Yánover tuvo trato personal con grandes autores como Julio Cortázar o Alejandra Pizarnik, pero también fue amigo de sus vecinos del Barrio Norte de Buenos Aires, que lo recuerdan como un excelente consejero a la hora de elegir una obra.

«Conocí a Julio Cortázar en 1951», dijo Yánover hace algunos años a la revista La Maga. «Recuerdo la tarde en que una mujer entró en la librería y me pidió Bestiario; yo no sabía qué era, y entonces ella me contó algunos cuentos, con mucho entusiasmo y cariño....Cuando se marchó, me acerqué a la puerta para contemplarla e inmediatamente pedí por teléfono que me trajeran ese libro de cuentos. Así que creo que a Cortázar lo conozco desde entonces, que es como se conoce en verdad a un escritor, leyéndolo». Personalmente, conoció a Cortázar en París, dos meses antes de los sucesos del Mayo francés, y entabló una profunda amistad.  

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Grabó la voz de 25 escritores

Fue director general de Bibliotecas Municipales de Buenos Aires desde agosto de 1989 a noviembre de 1990. Además, fue director de la Biblioteca Nacional de 1994 a 1997. «De ambos cargos se retiró, como muchos otros, vencido y asqueado por la burocracia», indicó Quiroga. Tuvo programas de televisión por cable, uno de los cuales, «La librería en Casa», se transmitía en 1999 desde Norte, pero en los últimos años se le hizo imposible mantenerlo económicamente.

En 1967, Jorge Aráoz Badi, Samuel Grabois y Yánover crearon el sello discográfico AMB, destinado a la producción de discos en los que los poetas recitarían sus propios versos. Alcanzaron a grabar las voces de veinticinco escritores, entre ellos Borges.

«Cuando te inclines frente al cajón/ trata de tocarlo con la punta de tus pechos. / Si entonces no me muevo, / ni me escuchas gemir / como en un ronroneo.../ es que estoy muerto», escribió Yánover, cuyos restos fueron velados en la Biblioteca Nacional, muy cerca de su librería Norte. (Comunica. 15-10-03).

 

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