Portada de ComunicaUnidad en la diversidadActualidad
Portal informativo sobre la lengua castellana


Recibe nuestros titulares gratis
Imprimir este artículo

15 de diciembre de 2004


Actualidad

Volver al índice
Ediciones anteriores

ARGENTINA:
Los cartoneros cuentan su historia

Entre mates, surgió la idea de escribir
Poesía y denuncias

Subir


«¿Sabía usted que en el camino de la Ruta 197 vieja y el Acceso Norte fueron atropellados tres cartoneros por falta de alumbrado y de una senda especial para circular?». Denuncias, en medio de poesías, graffitis, testimonios de vida y juegos, aparecen en el boletín Historias de cartoneros, que se vende con valor solidario en los trenes de Buenos Aires.

Con el advenimiento de la crisis económica y social de la Argentina, las principales ciudades del país, y en especial Buenos Aires, vieron desarrollar una nueva actividad que emprendieron cientos de miles de ciudadanos. Desde 2001, familias enteras de desempleados, con niños y abuelos incluidos, se volcaron a las calles para rescatar de las bolsas y contendedores de basura todo aquello que tuviera valor de reventa, en especial vidrios, papel y cartones. De allí el nombre cartoneros. Del otro lado del Río de la Plata, en Montevideo, la realidad es parecida, pero la actividad llamada cartoneo la realizan los hurgadores.

Sobre la marcha se creó una logística para el funcionamiento de la actividad. El castellano no fue ajeno a esta impronta social de Buenos Aires y aparecieron verbos nuevos como cartonear, que en tiempos en que se trataba de una actividad menos masiva se la conocía como cirujear, y no había cartoneros, sino botelleros.

Surgieron también los trenes blancos o cartoneros, precarias formaciones que transportan inmensos carros con lo recolectado en una noche para ser trasladado a barrios periféricos, en donde se realiza la cadena de comercialización.

Subir


Entre mates, surgió la idea de escribir

Un grupo que formó una Asamblea de vecinos se acercó en actitud solidaria hace varios años a las inmediaciones de la estación de trenes de Olivos, un barrio de clase media alta del norte de la capital argentina, para compartir mate y charlas con los cartoneros que allí se reunían mientras esperaban el tren.

De aquellas tertulias surgió la idea de escribir un cuaderno rodante, en el que los cartoneros expusieran sobre sus experiencias. En otros encuentros, como los del taller El armadero, también surgió un boletín que actúa como guía de servicios para los hurgadores.

«Lo escrito era tanto que el boletín como se lo conoce ahora nació naturalmente, jugando con la idea. Un día de enero de 2004 apareció el número uno. Nació en la propia estación, en la calle, nuestro lugar», indica en una noche del incipiente verano porteño Marta Ghio, quien, aunque aclara que no hay «responsables» del proyecto, se encarga de recopilar las escrituras.

Ghio explica que volcarse a la escritura no es fácil para muchos cartoneros. «No hay un hábito de escritura en otros sectores sociales y en este caso se complica aún más, ya que trabajan durante 10 o 12 horas diarias, caminado, empujando un carro que cada vez es más pesado, teniendo, en la mayoría de los casos, varias horas más para llegar a sus hogares».

Subir


Poesía y denuncias

Una poesía publicada en Historias de Cartoneros, escrita por Norma del barrio de Garín, dice: «Cuida tu carácter/ porque formará tu destino/ y tu destino será tu vida/ y algún día dejaremos de ser cartoneros». Unas líneas más abajo aparece una queja por la falta de cumplimiento de la empresa de trenes TBA y una seria denuncia sobre acoso sexual a cartoneras por encargados de edificios, en contraste con la actitud de otros porteros, que dividen la basura para facilitar la tarea.

En general, explica Ghio, antes de ir a encontrarse con vecinos y cartoneros, los hombres tienden a escribir sobre las dificultades con las que se encuentran para trabajar, mientras a las mujeres «definitivamente les gusta la poesía». «Muchos textos fueron escritos en la propia estación mientras descansan y esperan el tren cartonero», agrega.

El boletín también es una fuente de denuncia de la discriminación que sufren los cartoneros. A lo largo de la historia argentina, los pobres recibieron nombres despectivos como gronchos, negros, cabecitas negras, pardos, grasas, bolitas (por bolivianos), perucas (peruanos), chilotes (chilenos) o paraguas (paraguayos) Los últimos cuatro vocablos, referidos a ciudadanos de países vecinos, marca la fuerte discriminación que existe en la Argentina con la inmigración de otros países de América Latina .

 «Lo que más molesta es que cuando lo ven pasar muchos se meten adentro de sus casas con miedo y cuando acontece algún hecho delictivo, siempre aparece un cartonero o pobre acusado», denuncia Historias…».

Marta cuenta que algunos cartoneros se acostumbraron a leer mientras esperan el tren o que algún encargado de edificio les entregue papeles. Entre los preferidos están los autores argentinos Alejandro Dolina (Crónicas del Ángel Gris) y Horacio Quiroga (Cuentos de la Selva) y hasta el italiano Umberto Eco, autor de la célebre novela El nombre de la rosa.

El fenómeno de los cartoneros ha sido analizado en publicaciones como La protesta social en la Argentina, de Juan Suriano y Mirta Lobato, y Cartoneros, recuperadores de desechos y causas perdidas, de Eduardo Anguita. (Comunica. 15-12-04).

 

- Volver al índice - Ediciones anteriores -


Recibe nuestros titulares gratisImprimir este artículo

- Portada de Unidad en la Diversidad -
Breves - Agenda - Enlaces de la semana - Opinión El Mural - Guía  - ForoActualidad -


¿Quiere enviarnos un mensaje? ¡Pulse aquí! Un sitio realizado con 
la colaboración de...


© Comunica Press (www.comunica.es) 1999 - 2007 Reservados todos los derechos - www.comunicaonline.net