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7 de enero de 2004


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LÉXICO:

La corrupción alimenta el vocabulario

Dame vida, una mordida poética
Cuando la cometa es femenina y no vuela por el espacio

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Latinoamérica está unida por innumerables maravillas geográficas y culturales, pero también presenta rasgos comunes menos gratos que causan estragos, como la corrupción. Del río Bravo a Tierra del Fuego, el lenguaje popular apela a diversas formas metafóricas para referirse a hechos a las que cuesta llamarlos por su nombre.

En El Salvador, por ejemplo, aluden al dinero de los sobornos, que es «dulce y fresco», como las mentas. El funcionario público al que dan un sobre por debajo de la mesa recibe mentas. «La acepción se extiende con asiduidad a los periodistas que venden sus servicios al mejor postor o que hacen favores políticos», dijo a Comunica Boris Zelada, editor de internacionales del diario salvadoreño El Mundo.

Zelada agregó: «Por ello a esos periodistas se los llama menteros, porque la menta es dulce y fresca, pero quemadora cuando se abre la boca si se come en gran cantidad». «El regalito, en especie o en moneda, en sobre o en paquete, es la forma en que los políticos salvadoreños logran favores de un periodista», indicó.

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Dame vida, una mordida poética

Desde México hasta Panamá todos saben qué es una mordida. Se refiere a un soborno exigido, por ejemplo, por la policía de tránsito o por agentes de la aduana. El funcionario aduanero muerde parte del contrato o del valor del bien a controlar para hacer la vista gorda ante un caso de contrabando o simplemente como forma de liberar un trámite burocrático.

Por su parte, los policías camineros uruguayos que pretenden extorsionar a un conductor para no hacerle una multa de tránsito tienen una expresión más poética: Dame vida, según contó el periodista uruguayo Mauricio Rabuffetti, de radio El Espectador de Montevideo.

Los regalitos salvadoreños son toques en Uruguay. «Si un funcionario quiere un favor de un periodista le debe dar un toque, se lo toca, aunque obviamente no en su acepción de contacto físico», expresa Rabuffetti. Tocado o aceitado puede estar también un juez o un funcionario público. «El aceite lubrica y todo fluye más rápido», aclaró el periodista.

En Uruguay o en la Argentina, tener un acomodo se trata, en este contexto, de estar vinculado a un conocido o amigo con poder de decisión, preferentemente en el Estado, que facilita trámites, otorga becas o consigue trabajos, prescindiendo de lo inútil que sea el postulante. El acomodado en el Río de la Plata es conocido en España como enchufado, una expresión no relativa a la electricidad.

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Cuando la cometa es femenina y no vuela por el espacio

El soborno o comisión ilegal degeneró en el sustantivo coima y el verbo coimear en el habla rioplatense. Por la facilidad que tienen los habitantes de Buenos Aires para readaptar palabras y crear neologismos, coima se extendió a la cometa (en femenino) y a verbos como cometear.

La práctica de corrupción generalizada en la obra social de jubilados de la Argentina (PAMI), institucionalizó nuevos términos, que hasta quedaron grabados en algún comprobante de audio: el retorno (paga o satisfacción por el beneficio recibido), pero en este caso ilegal. Un funcionario otorga un contrato, ordena el pago del servicio y recibe a cambio un retorno de equis porcentaje. Todos, proveedores y funcionarios, aprendieron a hablar fluidamente del retorno.

En Argentina se multiplicó en los últimos años una especie de segunda realidad por debajo de la que aparentemente es verdad. Entonces, surgió el mundo de lo trucho. Una prenda de vestir, un vino, una bicicleta, un cantante, un escritor o un político pueden ser truchos/as, es decir, falsos/as, con baja calidad que intenta ser disimulada. También se aplica como sustantivo, en expresiones como «Juan es un trucho».

Más grave fue el caso del falso diputado que ocupó una banca para aprobar una ley en los noventa, conocido como el diputrucho.

Algunos personajes del continente aportaron sus nombres a nuevos términos. Los videos que muestran a jueces y diputados peruanos recibiendo sobornos en la década del 90 fueron tomados por quien otorgaba los sobres: Vladimiro Montesinos. Esa colección de cintas que hicieron temblar las instituciones peruanas es conocida como vladivideos. (Comunica. 07-01-04).

 

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