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14 de enero de 2004


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LÉXICO:
Cutras, macuteos o concertacesión,
la corrupción sigue dando que hablar

Los fantasmas de fin de mes
Increíble: existe el impuesto al meneo
Una transa en la oscuridad

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Amarre, concertacesión, romper la mano, macuteo, negocito por debajo de cuerda son palabras y expresiones que recorren las venas abiertas de América Latina. La semana pasada repasamos el legado de la corrupción en nuestro idioma con ejemplos de El Salvador, Uruguay y Argentina. Como la actividad política y económica latinoamericana es generosa en este rubro, ahora veremos otras formas del habla popular para referirse al tema.

Sinónimo de soborno, coima, mordida, cometa, retorno o toque, en Perú el término utilizado es cutra. Esta útima palabra aceptada por la Real Academia Española (RAE) a propuesta de la Academia Peruana de la Lengua, la encontramos en una edición de la revista Caretas, que en una carta de lectores, publica: «... me parece oírle decir, con un micrófono más fino, ¿quién no recibe una cutra?».

Si esa mordida o palada (Colombia), es recibida en la República Dominicana por un policía en plena vía pública, se le está dando un macuteo, indicó a Comunica la periodista del canal 37 de Santo Domingo, Anibelca Rosario.

La misma revista Caretas de Lima otorga desde hace un tiempo menciones honoríficas al conchudo de la semana. En 2002, el Gran Conchudo del año fue el ex mandatario Alberto Fujimori. Esta palabra, insultante en otros países de América, en Perú también es ofensiva, pero se refiere a un «fresco, sinvergüenza...alguien que no tiene nada que hacer en un lugar», dijo por su parte Pedro J. Acuña, del canal de televisión Frecuencia Latina.

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Los fantasmas de fin de mes

Sobran en las diferentes burocracias estatales de Latinoamérica funcionarios públicos que no van a trabajar y sin embargo a fin de mes pasan a retirar su salario o al menos acuden al banco. La pasta italiana ñoquis se come por tradición en la Argentina los días 29 de cada mes. Por eso, este tipo de estafadores al Estado son llamados ñoquis, ya que sólo se los ve a fin de mes.

En Perú, ellos son los fantasmas, mientras que en República Dominicana, hay dos categorías: los botellas y los botellones. Los primeros son los empleados públicos que no trabajan, en tanto que los segundos tienen un rango mayor, un cargo político o jerarquizado, amplía Rosario. A la repartición pública estatal repleta de botellas y botellones se la conoce como huacal (de guacal, jaula formada por varillas de madera para el transporte de diversos elementos).

Los periodistas tienen otro capítulo a la hora de hablar de corrupción. Así como en El Salvador reciben mentas y en la Argentina escriben chivos (publirreportajes), en México publican chayotes. En Perú, si un periodista recibe un soborno de un político o empresario, se dice que a esa persona le rompieron la mano.

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Increíble: existe el impuesto al meneo

«En Dominicana tenemos una gran variedad para llamar a los actos corruptos. Si un funcionario te pide una paga para agilizar un trámite pagamos el impuesto al meneo (mover algo de una parte a la otra). Si el dinero es para empleados de bajo rango se le da una borona (planta o migaja de pan en ese país), se lo boronea», añadió Rosario. Para referirnos a un soborno mayor, en algunos países de América, por ejemplo en Colombia, debemos hablar de un negocito bajo cuerda.

En México sobran los amarrados, personas que tienen un amarre (acomodo o enchufe político). Diferente es la acepción en Perú, que tiene un tono más sentimental, se trata de un «enamoramiento forzoso mediante brujo». Un amarrado mexicano tiene una mamadera en Perú, entendido como el beneficio que se obtiene en el ejercicio de un cargo, agregó Acuña.

Una transa en la oscuridad

Manuel Soberanes, de la agencia estatal de noticias de México, explicó que «una palabra que estuvo muy de moda en la última etapa del PRI era concertacesión -de concertación y cesión-, que hacía referencia generalmente al otorgamiento de gubernaturas al PAN después de elecciones muy disputadas o con resultado dudoso, a cambio de apoyo legislativo o político en general».

Se trataba de una transa, un trato ilegal y oscuro. Transa se aplica tanto como sustantivo como verbo. «Así tenemos ¿Cuándo hacemos la transa?, o Sultanito le transó a Menganito mil pesos o Perenganito es un transa», indicó Soberanes.

En la Argentina, también transa huele a un acuerdo oscuro. «En ese negociado hay una transa». Pero la palabra se extendió a otra acepción que puede remitir a la oscuridad en otro contexto. Cuando una pareja se besa y se recorre con caricias apasionadamente, transa. (Comunica/Sebastián Lacunza/14-01-04).

 

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