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21 de enero de 2004


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ARGENTINA:
Italianismos y algunos inventos en el español rioplatense

Los argentinos son laburantes
La parentela de Lula se candidatea

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«Motso, camone per la nenna» (mozo, jamón para la nena), dice el ácido actor y humorista Enrique Pinti, en referencia a un imaginario turista argentino en una pizzería romana que quisiera decir «camariere, prosciutto per la bambina», y alude a la generalizada tendencia de los argentinos a adaptar el castellano al italiano y viceversa.

La histórica influencia de Italia en la Argentina dio lugar a cierta osadía de los argentinos para inventar su propio italiano, pero también a un enriquecimiento de las particularidades del idioma español en este país.

«De esa histórica influencia surgieron términos tales como el argentinismo andar pichuleando, que proviene del italiano spicciolo», explicó a Comunica la docente del programa extracurricular de italiano de la Universidad de Buenos Aires, Flavia Famá. Spicciolo significa cambio en monedas, de lo que surge pichulear, «buscar afanosamente ventajas o ganancias pequeñas en compras o negocios», según el Diccionario del habla de los argentinos, realizado por la Academia Argentina de Letras.

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Los argentinos son laburantes

Casi siempre, cuando un argentino habla con sus amigos, dice que labura, del italiano lavora (re), trabajar. De allí aparecen laburo (trabajo), o laburante (trabajador). Algunas palabras originadas en el italiano no son tan usadas hoy en día como hace algunas décadas, entre ellas capocha (cabeza, del italiano capoccia, peyorativo de capo), esquiafo (del italiano schiaffo, cachetada) y esbornia (del italiano sbornia, que significa borrachera).

«Y el saludo más común para los rioplatenses, chau, también proviene del italiano ciao, con la diferencia de que en este idioma (el italiano) se usa tanto cuando una persona llega como cuando se va, siempre en situaciones informales», indicó Famá.

Otra expresión del uso cotidiano es guarda (atención, tenga cuidado). Proviene del verbo italiano guardare, que significa mirar, observar. Es como decir ¡Ojo, mirá!. Un italianismo bastante reciente es ayiornar, del italiano aggiornare, que significa actualizar.

«Muchos descendientes de italianos escucharon hablar a sus parientes, más que en italiano, creo que en dialecto o en cocoliche y, ante la necesidad de comunicarse, usan lo que aprendieron en sus casas», explicó la docente. Pero «muchos empiezan a estudiar italiano con el prejuicio de que es un idioma fácil, y se sorprenden al descubrir su complejidad y su riqueza, y al darse cuenta de que, si bien muchas palabras son transparentes por ser un idioma neolatino como el español, no es una copia del español», agregó Famá.

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La parentela de Lula se candidatea

En el diario El País de Uruguay –país que también recibió importantes oleadas migratorias italianas- se lee un titular del 19 de enero que señala que «Parentela de Lula se candidatea». «Ocho parientes del presidente Luiz Inácio Lula da Silva ya lanzaron sus candidaturas...». Como vemos, el término es una adaptación lineal del similar italiano, y es utilizado en el Río de la Plata para referirse a la familia ampliada, con primos y tíos de diverso grado.

No obstante, ciertas adaptaciones inducen a error. «Algunos argentinos dicen, por ejemplo, Voy de Carlos, en lugar de Voy a la casa de Carlos. Esto proviene del italiano Vado da Carlo, pues la preposición da significa a la casa de.

La influencia italiana en la Argentina reconoce causas vinculadas a una masiva inmigración histórica. Hacia 1869 ya había 72.000 italianos en la Argentina, y la tendencia receptiva se mantuvo a un ritmo de decenas de miles por varios años. Entre 1914 y 1917 el balance fue negativo por primera vez en décadas, debido a la Primera Guerra Mundial que motivó que muchos italianos retornaran a su país, pero luego la tendencia fue retomada, hasta alcanzar un total de 2,8 millones de inmigrantes que se afincaron principalmente en la Capital Federal y las provincias de Buenos Aires y Santa Fe.

«Sin embargo, hay muchas palabras incorporadas hace siglos al español, que fueron préstamos del italiano», indicó Famá. La especialista, egresada de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, enumeró términos adoptados en el siglo XVI, como cortesano, bonanza, embajada, novelar, belleza y soneto. Se agregan a esta lista esbelto, escarpín, garbo, corbata, aguantar, alerta, arsenal, atacar, balcón, boceto, bizarro, escolta, centinela, todas de origen italiano. (Comunica. 21-01-04).

 

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