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30 de junio de 2004


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TRADUCCIÓN:
Recuerdan el particular Ulises de Salas Subirat

Que la trinquen requetebién trincada
Respeto de la tensión en el idioma original

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El 16 de junio de 1904 en la vida de Stephen Dedalus y de Leopoldo Bloom fue contado por James Joyce en Ulises, obra que marcaría a fuego la literatura del siglo XX. En 1945, José Salas Subirat acercó al mundo hispanohablante una particular traducción poblada de términos como badulaques, tirifilos, mequetrefes y otarios, lo que llegó a perturbar a Jorge Luis Borges, pariente literario del escritor irlandés.

Subirat nació en 1890 y murió en 1975. Fue autor de poemas, libros de ficción, manuales de autoayuda y La lógica del seguro de vida, una de sus obras más vendidas.

La traducción al porteño de Subirat, publicada por Editorial Rueda, incluye términos de uso amplio en la actualidad como franchutes (franceses), atorrantear (de atorrante, vago, desvergonzado), afanar (robar), canchera (bacana en Colombia, o chula en España) o mamado (borracho, en curda).

También aparecen otras expresiones que perdieron vigencia pero son comprensibles para los habitantes de Buenos Aires, tales como hombres otarios (con pocas luces), cosas que son un verdadero plato (muy graciosas), que están al divino botón (no sirven para nada) o personas que están chochas de la vida (muy felices).

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Que la trinquen requetebién trincada

«Donde en la traducción española de Valverde (30 años más tarde, premio nacional de traducción) se habla de joderse a una mujer ajena 5 o 6 veces seguidas, Subirat usó: Quiere que le trinquen a la mujer y requetebién trincada... 5 o 6 veces al hilo», indica Ariel Magnus, periodista del diario argentino Página12.

Toda clase de gansadas (tonterías) o dejáte de joder (molestar) son algunas de las expresiones menos amables. Se suman a ellas frases que denotan profundo enojo, como la gran siete, la pucha digo (la puta digo), qué lo parió, guacho, conchudo, o me importa un carajo (coño).

Los niños son también pibes; los camareros, mozos, y a la policía no se le dice ratis (por las tiras del uniforme que determinan el grado) como en el lunfardo actual, pero sí canas, también muy usado tradicionalmente en el habla de los porteños. La cabeza es mate o zabeca, dando cuenta de la modalidad de los argentinos de hablar alvesrre (al revés).

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Respeto de la tensión en el idioma original

«La exquisita veta arltiana –por el escritor argentino Roberto Arlt- de Subirat no sólo acerca Dublín a Buenos Aires (¿qué más se puede pedir de una traducción que eso, salvar distancias?) sino que en cierta forma reproduce la tensa relación entre el idioma de Irlanda y el de sus conquistadores», reflexiona Magnus.

Según este periodista, el traductor argentino logra respetar el espíritu de la obra que manejó a su vez cierto conflicto y tensión con el inglés tradicional en la versión original. Al respecto cita el capítulo que transcurre dentro de la redacción del diario cuando se habla en cháchara pomposa (con artificiosidad), y el personaje de Ned Lambert dice ¡observad!, algo que cualquier argentino entiende perfectamente como una cháchara pomposa. (Comunica. 23-06-04).

 

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