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CARNAVAL ANDINO:
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La Quebrada de Humahuaca, ubicada en la zona andina del extremo norte argentino, fue escenario hasta el 29 de febrero del tradicional festejo de carnaval, tan típico y particular como las palabras que lo nombran, provenientes muchas de ellas del quechua y otras lenguas habladas por las culturas originarias de la región. El carnaval humahuaqueño es uno más de los tantos que tienen lugar en la zona andina y se desarrolla en varias etapas: El jueves de comadres, previo al desentierro del diablo, se produce el «vale todo», un día entero para chayar, que significa «dar buena energía». Las mujeres que no se vieron durante un año bajan desde el cerro y se cuentan qué ocurrió desde el último carnaval. La ceremonia propiamente dicha del carnaval comenzó el 21 de febrero con el desentierro del diablo, pujllay. El diablo se desentierra del apacheta (mojón de piedras) y a partir de allí, todos endiablados. El rito impone señalar animales -cortar en las orejas y marcar con lanas de colores al ganado de cría- los para que sean bendecidos y se reproduzcan durante el año. Más adelante, luego de encuentros, bailes y despliegue de energía, se vuelve a enterrar al pujllay en la apacheta. «Cuando se abre la tierra, sale el diablo al que se le piden bienes materiales. Se promete por tres años bailes, comida y bebida para las comparsas y a cambio se le pide bienestar», indicó Mario Arias, miembro de la cuadrilla de copleros «Los mañeros», de la localidad de Tilcara, una de las que participa en el carnaval de la Pachamama (Madre Tierra). En la Quebrada de Humahuaca, pese a que conserva las tradiciones y se mantiene poco contaminado por la cultura de las grandes ciudades, se produce uno de los carnavales más «cosmopolitas» de la zona por la presencia de turistas y de cholos, nombre con el que se conoce a los habitantes de raza blanca de la provincia norteña de Jujuy. La falla de 150 kilómetros producida en la provincia de Jujuy fue declarada hace pocos años Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, lo que acrecentó el interés turístico. En los cerros más alejados, los carnavales están vedados para «extranjeros» y tienen menor influencia de la cultura de la colonización hispana. | ||
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Traigan vino, tengo ganas de macharme «Traigan chicha, traigan vino, tengo ganas de macharme» canta el grupo «Los Diamantes Jujeños». Quien también tiene ganas de macharse (emborracharse) es Arias, y explica que durante el período del desentierro, cuando se suelta la energía para liberar todo lo prohibido durante el año, «todos somos solteros». Arias se refiere quizás al topamiento, que ocurre cuando las mujeres esperan en los pueblos y se topan con los diablitos que bajan de los cerros. Lindo o feo, la mujer acepta que debe irse con el compañero que le toque y viceversa. La chicha, una bebida alcohólica característica de la región, puede ser de maní (maní tostado, azúcar, canela y clavo de olor) o de maíz. Los humahuaqueños beben en cantidad saratoga (un clericó local) y el yerbeao (alcohol puro con hierbas). Por otra parte, en las diferentes ciudades de Bolivia, los carnavales adquieren otras particularidades, si bien tienen un matiz similar a los de Humahuaca. En La Paz, por ejemplo, celebran el entierro de pepino, querido por los niños porque regala monedas, pero de quien hay que tener cuidado porque golpea con la matasuegras, un arma de cartón doblado. Además
de pepino, otros personajes son los chutas y los kusillos.
Con pepino todos se divierten y le gritan «pepino, pepino, sin
calzón». Finalmente, los paceños lloran su sepelio, como los
madrileños «entierran a la sardina» el Miércoles de Ceniza y despiden el
carnaval hasta el año siguiente. (Comunica. 03-03-04). | ||
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