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12 de mayo de 2004


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MARCELA CABRERA POMMIEZ:
A los jóvenes suele costarles hablar en un registro formal

El colegio debe seguir fomentando el habla culta formal
Algunas palabras, como chanta, cruzan los Andes

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Un uso divertido de la lengua caracteriza a los grupos juveniles que quieren afirmar su identidad, según Marcela Cabrera Pommiez, docente de lingüística de la Universidad Católica de Chile (UCCH), quien realizó diversos trabajos sobre el habla de los jóvenes y adolescentes chilenos, y es una destacada especialista en la materia.

En diálogo con Comunica, la investigadora evaluó que mediante la creación de sociolectos, registros propios de su grupo social, los grupos juveniles «afirman su identidad y hacen un uso divertido de la lengua».

En cambio, advierte acerca de las dificultades que afrontan para pasar al registro formal, lo que les puede traer inconvenientes, por ejemplo, a la hora de conseguir un empleo.

Unidad en la Diversidad: De acuerdo a sus estudios, ¿qué influencias, de las que reciben los jóvenes chilenos, son las que más afectan su habla cotidiana?

Marcela Cabrera Pommiez: - Se destaca principalmente lo que se ha denominado tendencia al feísmo en el habla juvenil, que consiste en incorporar en el discurso, voluntariamente, palabras malsonantes y palabras de connotación baja, ya sea porque son ofensivas o porque aluden a genitales, excrementos y cosas así. Eso lleva a usar frecuentemente insultos, que los jóvenes no los sienten como tal. Por ejemplo: «oye, imbécil, pásame ese lápiz», donde imbécil es algo socialmente aceptado y no ofende con la misma fuerza que lo haría entre los adultos, que socialmente son más «educados».

UD: ¿Existe una tendencia a incorporar palabras del argot carcelario o marginal?

MCP: La mayoría de los autores que estudian las hablas juveniles se refieren al gran influjo de términos provenientes de hablas marginales, especialmente la de delincuentes, que en Chile se conoce como coa. Sin embargo, mi investigación demostró que el porcentaje efectivamente registrado de términos del coa es bajísimo, sólo dos palabras de 165, por lo cual podemos decir que de ahí no hay influencia directa.

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El colegio debe seguir fomentando el habla culta formal 

UD: ¿Se puede hablar de beneficios y desventajas en el hecho de que jóvenes y adolescentes manejen su propia jerga?

MCP: Ellos afirman su identidad a través del uso y creación de un sociolecto, esto es, de un habla especial con marcas grupales. Se sienten distintos a los adultos y hacen un uso divertido de la lengua, que es esencialmente comunicativa entre los adultos y no llama la atención por la novedad. Los jóvenes extraen lo novedoso y lo potencian. Pero sí hay desventajas: les cuesta dejar este estilo y moverse hacia un registro culto formal, como una disertación o una entrevista de trabajo. Se sienten poco cómodos en ciertos ámbitos.

UD: Según la prensa chilena, encuestas recientes marcaron resultados insatisfactorios en cuanto a la educación media en Chile. ¿Estos resultados se notan también en el uso del lenguaje?

MCP: Creo que sí. Mi experiencia como profesora de Educación Media durante ocho años indica que efectivamente hay una dificultad para expresarse con corrección y poco interés por leer.

UD: ¿Qué puede hacer el Estado al respecto?

MCP: Es esencial que el colegio siga fomentando el habla culta formal, como una manera de educar a jóvenes con posibilidades de moverse de un registro a otro, es decir, pasar por los distintos grados de formalidad pudiendo expresarse adecuadamente.

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Algunas palabras, como chanta, cruzan los Andes

Cabrera Pommiez realizó un trabajo para la Facultad de Letras de la UCCH, que tituló El léxico juvenil de la clase media-alta santiaguina, publicado en 2003 en Onomazein. Revista de Lingüística, Filología y Traducción. Durante la investigación detectó el uso frecuente de palabras como bacán (algo buenísimo, alguien valorado socialmente); jote (un hombre que ronda a tu novia); como el pico, como el hoyo (algo que estuvo malísimo); la raja, la zorra (algo muy bueno, entretenido) parquearse (aburrirse en la casa); echar la foca (intimidar a otro); brígido (alguien desagradable, cortante).

Últimamente los jóvenes chilenos utilizan también el término chanta (alguien poco confiable), expresión con décadas de trayectoria en la Argentina. (Comunica. 12-05-04).

 

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