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12 de mayo de 2004


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ARGENTINA:
Debaten sobre la relación entre los periodistas y la literatura

La actualidad no tolera al autor
El código pide evitar los derrapes
La precarización laboral conspira contra el idioma

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Del periodismo surgieron escritores notables, y aunque hoy en día «la escritura no cotiza demasiado en el mercado periodístico», muchos periodistas en ejercicio escribieron novelas y algunos son reconocidos autores. Este hecho se relaciona con una pregunta debatida desde fines del siglo XIX, acerca de si los periodistas pueden considerarse escritores, ya que cuando nacieron los diarios con la finalidad que les conocemos ahora, muchos fueron fundados por hombres de las letras.

Quien inicie una conversación con un lingüista o un académico de la lengua, sólo deberá esperar minutos para que el interlocutor deje conocer indignadas críticas, que luego darán lugar a la resignación frustrante, por el mal uso del español en los medios masivos de comunicación, por lo que el debate ni siquiera podría ser planteado.

Ello no desmiente el hecho de que plumas como Rubén Darío, José Martí, Roberto Arlt, Gabriel García Márquez, Tomás Eloy Martínez, Truman Capote, Arturo Pérez Reverte o Eduardo Galeano, por citar unos pocos casos de un enorme universo, se han tenido que sentar frente a una máquina de escribir y redactar notas de 40 líneas, que tuvieran sustancia, que informaran o comunicaran una idea con claridad, con precisión a la hora de nombrar un apellido polaco o de citar una fecha; y a la que han tenido que hacer un título, por ejemplo, de «dos de 24».

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La actualidad no tolera al autor

La pregunta acerca de si los periodistas son escritores fue debatida en la Feria del Libro de Buenos Aires que terminó el 9 de mayo pasado, por periodistas-escritores como Oscar Taffetani, Sandra Russo (editora de espectáculos de Página 12) y Vicente Muleiro (editor de la Revista Cultural Ñ de Clarín), coordinados por Reynaldo Sietecase (Radio Del Plata y revista XXIII).

Sietecase opina que «los periodistas son narradores, cuentan fragmentos de la vida y se acercan a la literatura cuando aciertan en la forma de contar, cuando utilizan técnicas narrativas que les permiten hacer que sus historias tengan ese nivel de seducción que es imprescindible». Sietecase es autor de Crimen argentino.

Russo, autora de Crónicas del naufragio, No sabés lo que me hizo y Arquetipas, reconoció que «la escritura no cotiza demasiado en el mercado periodístico” y advirtió de que hay una tendencia en las nuevas generaciones de periodistas a «escribir sin marcas personales. Antes se llegaba desde la voluntad y el deseo de la escritura». Al respecto, Oscar Taffetani consideró que «nos tenemos que interrogar en qué medida un género como el periodismo, anclado en la realidad y que hace la crónica de nuestro tiempo, tolera al autor».

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El código pide evitar los derrapes

«Hay un límite que está dado por el código de comunicación con los lectores, que es un código en donde yo puedo arriesgarme en la escritura, pero también sé que estoy en un medio masivo y que no puedo mandarme un derrape que deje afuera a las tres cuartas partes de los lectores porque corren riesgo la comunicación y mi trabajo», dijo Muleiro, finalista del Premio Planeta con Cuando vayas a decir que soy tonto.

El periodista de Clarín menciona otra paradoja de la profesión al señalar que «El premio de escribir bien es dejar de hacerlo cuando sos promovido a un cargo de edición».

En las redacciones periodísticas suele contarse la versión bastante incierta de que hace décadas la calidad de escritura en los medios de prensa era muy superior a la actual, algo que no siempre se ve reflejado en las firmas de periodistas veteranos. Por otra parte, muchos escritores de todas las edades siguen trabajando como cronistas o columnistas en diversos diarios.

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La precarización laboral conspira contra el idioma

Un dato insoslayable es que el oficio del periodista se fue mecanizando, muchas plantillas se redujeron, la precariedad laboral se extendió en la profesión y los salarios obligan al llamado pluriempleo.

«En los diarios se da un riesgo por la velocidad que se necesita para cerrar una nota. En uno de los principales diarios de Buenos Aires en el que trabajé hay dos correctores que tienen que ver todo el diario. Cierra entre las 7 y las 8 de la tarde la primera parte y los minutos corren. Hay un tema que es la formación y otro la cantidad de trabajo», indica a Comunica Diego Melamed, quien actualmente conduce el programa «AMIA para todos» en el canal 7 de la televisión pública.

Fabián Rubino, de Radio Mitre, la más importante de Argentina, admite que no fue una exigencia especial el buen uso del idioma cuando comenzó a trabajar, y que en contadísimas ocasiones es un tema que se debate tanto formal como informalmente en el medio en el que trabaja. (Comunica. 12-05-04).

 

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