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Las matemáticas y el castellano tienen un amigo en común: la cuenta. Esta palabra, de uso corriente en el habla de los hispanohablantes, dio origen a decenas de expresiones, aunque algunos especialistas critican que se utiliza más de la cuenta o de manera inapropiada. «De todas estas noticias daremos buena cuenta dentro de breves minutos, muletilla que prodigan los habladores en una conocida antena, tras haber enumerado las noticias del día en un sumario, para dar entrada a la publicidad», remarcaba el recientemente fallecido escritor y académico de la lengua español Fernando Lázaro Carreter. «Dar cuenta, es decir, contar, informar, no les basta: el énfasis inflacionario les empuja a ese dar buena cuenta como si estuvieran hambrientos frente a una fuente de gambas», criticaba Lázaro Carreter. Un uso no inflacionario del término vemos, por ejemplo, en La Voz de Galicia, que informaba hace unos meses que «Aznar dio cuenta del cumplimiento de sus deberes con Galicia». De
todas formas, podemos tener en cuenta otras expresiones, como
ajustar cuentas, o vivir a cuenta de otro. Según la académica
uruguaya María Antonieta Dubourg, lo primero se refiere a pedir
explicaciones, generalmente, de forma amenazante y lo segundo a depender
de una persona o familia para el sustento propio.
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Los hablantes somos creativos Dubourg explica sobre la gran cantidad de locuciones con el término cuenta que «los hablantes somos creativos. Las palabras valen por su significado, pero valen también por las expresiones que formamos con ellas. Lo que llama la atención es que, en algunos casos, el significado inicial del vocablo, casi se pierde». El dar cuenta al que aludía Lázaro Carreter tiene otra acepción que aporta Dubourg: Terminar, finalizar, malgastar, en frases como «Dio cuenta de toda la fortuna de sus padres». También existe la variante reflexiva de la expresión que significa percibir, («No me di cuenta de que pasó el autobús»), o en un sentido más profundo, tomar conciencia.
Darse cuenta fue
una de las primeras películas del resurgir del cine argentino en la
democracia vigente tras el oscurantismo de la última dictadura (1976-1983).
La película, dirigida por Alejandro Doria y protagonizada por Darío
Grandinetti, China Zorrilla y Luis Brandoni, cuenta la relación
profesional y afectiva entre un médico sin expectativas de un hospital
público y un muchacho internado al que la medicina da por muerto. De a poco,
los protagonistas se van dando cuenta de las posibilidades de
recuperación y de lo elogiable y lo criticable del hospital en el que
trabajan. | ||
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Caer en la cuenta Pariente cercano de darse cuenta es caer en la cuenta: «Cayó en la cuenta de lo que le querían decir». Los que se animan a reírse de su avanzada edad, dicen que pierden la cuenta de los años que tienen, aunque lleven siempre la cuenta de los buenos y malos momentos vividos. Otras alternativas son pagar una suma a cuenta de una deuda, pedir cuentas (exigir justificación de ciertas actitudes) o tener en cuenta (considerar, tener presente). «La cuenta atrás», usada en todo el mundo hispano, es una expresión que indica el «espacio limitado de tiempo que precede inmediatamente al momento prefijado para un acontecimiento», según el Diccionario del español actual de Seco, Andrés y Ramos. En España se usa «la cuenta de la vieja», para indicar que alguien ha realizado un cálculo con métodos un tanto rudimentarios. También se utiliza «cuentas galanas» para hablar de otros cálculos, en este caso, un poco optimistas y sin fundamento. En
resumidas cuentas,
las variables parecen infinitas, aunque no siempre se las utilice
adecuadamente, como muchos usuarios suelen hacer con sus cuentas
corrientes. (Comunica. 19-05-04). | ||
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