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15 de diciembre  de 2005


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ARGENTINA-ITALIA:
Ida y vuelta entre Nápoles y Buenos Aires

Cuatrocientos años de dominio
Regionalismos inagotables

El pibe de Coco se sacó la mufa y manyó ravioles

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El dialecto napolitano, altamente influenciado por el español, vuelve al castellano en el habla de los porteños. En la capital de la Argentina, en la que cerca de cuarenta por ciento de sus habitantes tiene algún apellido italiano, el napolitano prestó al castellano no sólo palabras sino también el tono y la pronunciación.

La docente de italiano Flavia Famá, filósofa egresada de la Universidad de Buenos Aires, marca que estudios del Conicet (agencia científica estatal) aseguran que la entonación de los porteños se acerca mucho a la de los napolitanos. “Los investigadores explican que los acentos tonales tienen picos y valles, y que los porteños tienden a subir rápido a un acento y luego bajar suavemente”.

Famá pone el ejemplo de la palabra castaño, que los porteños pronuncian como "casta" (rápido) y luego "ño"; característica similar en el dialecto napolitano, “en el que la última vocal casi no se pronuncia”, dice la experta.

Cuatrocientos años de dominio

“Es importante aclarar que también el napolitano tiene una importante influencia del español, tanto en la pronunciación como en las palabras y en la sintaxis, debido a los cuatrocientos años de dominación española, desde 1442 hasta 1707 y desde 1734 hasta 1859”, contó Famá a Comunica.

Por ejemplo, el adverbio abbascio (en italiano giù) del español abajo; o el sustantivo accasamiento (en italiano “matrimonio”), del español casamiento. “Con respecto a la sintaxis, el napolitano toma del español la preposición a que se usa delante del objeto directo de persona: se dice Agg’ vist’ a Giuvann’ (He visto a Juan), mientras que en italiano este complemento no lleva preposición”, aclara la docente.  (“Ho visto Giovanni”.)

“En cuanto a la pronunciación, tanto en el español (de Buenos Aires) como en el napolitano se pronuncian de la misma manera la b y la v”, informa Famá.

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Regionalismos inagotables 

El habla de Buenos Aires está repleta de regionalismos italianos, del más diverso origen, que se difundieron en los estratos más bajos en los tiempos de la inmigración europea masiva.

Italianismos como secar, estufar, escorchar, que vienen de los italianos seccare, stufare e scocciare,  conservan el mismo significado.

Pero otros tuvieron variaciones semánticas como la palabra cafishio, adaptación del italiano stoccafisso (bacalao), sustantivo empleado para denominar al ruffiano (rufián).

El pibe de Coco se sacó la mufa y manyó ravioles

Por su parte, Fiaca viene de fiacca (pereza, del dialecto lombardo). Mufa, de muffa (moho), en el español porteño se usa para designar una mezcla de tristeza y rabia (el alma se recubre de mufa).

Una palabra de uso diario en cualquier casa porteña laburo o laburar (trabajar), se emparienta con la adaptación dialectal lavurer, lavurar del italiano lavorare.

El sobrenombre Coco o Coca, también muy común en Argentina, viene de cocco (o cocco della mamma), del verbo coccolare (halagar, complacer).

Por su parte, el famoso pibe, del dialectal pive (xeneize, lengua de Genova) significa aprendiz o chico de los mandados de un artesano o comerciante y se extendió al significado de muchacho. A su vez,  cuando alguien dice “mi pibe” se refiere a mi hijo. Los porteños manyan,  de mangiare (comer en italiano). (Comunica).

 

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