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15 de junio de 2005


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BOLIVIA:
Abanico de colores y palabras en Jesús del Gran Poder

Lo folklórico se separa de lo religioso 
Un baile que ya no es a muerte

Del quechua hasta el italiano

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La Paz, capital de Bolivia, vive días convulsionados desde hace meses, pero sus habitantes se dieron una tregua entre el sábado 21 y el domingo 22 de mayo, cuando decenas de miles de paceños salieron a la calle para celebrar la festividad de Jesús del Gran Poder.

Esta muestra de colores, hermosas mujeres y bailes típicos es también una oportunidad para conocer más sobre nuestro idioma. En el Gran Poder, durante horas, decenas de fraternidades son saludadas por los paceños. Como un diccionario de bolivianismos, allí desfilan caporales, se bailan morenadas, se celebra el tinku o se comen sajtas.

Comunica consultó a la escritora Gladys Dávalos, miembro de la Academia Boliviana de la Lengua, acerca de cómo estos términos, muchos de ellos derivados de los idiomas originarios, se han ido incorporando al lenguaje corriente e incluso culto de Bolivia.

«Este fenómeno se da sobre todo en La Paz, con la cultura aymara, y en Cochabamba, con los quechuas. Hay un sinnúmero de palabras que las utilizamos cada día, al extremo de que ya ni nos damos cuenta de que provienen del aymara o del quechua», explicó Dávalos.

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Lo folklórico se separa de lo religioso

Hasta 25.000 paceños y alteños (de El Alto), toman parte de las fraternidades que desfilan desde bien temprano hasta la una de la mañana del día siguiente. Las fraternidades reciben ese nombre que alude a lo religioso, y se refiere a grupos de baile basados en la hermandad y devoción a un determinado santo o virgen. En este caso específico, devotos del «Señor del Gran Poder».

El diario paceño La Prensa marcaba que la fiesta de Jesús del Gran Poder tiene acepciones muy diferentes en su vertiente folklórica y su núcleo religioso. La primera adquiere cada vez más características paganas, al punto de que la Iglesia decidió modificar los horarios y días de las misas para evitar que se mezclen ambas celebraciones.

En cuanto a un baile central de la fiesta, la morenada, se trata de una danza típica originada en el carnaval de Oruro, y se destaca por el lujo de los bailarines y bailarinas. Se estima que las mujeres cargan con vestimenta y joyas por un valor de 8.100 pesos bolivianos (mil dólares) cada una.

En realidad, un repaso por los diferentes ritmos bolivianos abriría un mundo idiomático, como atestiguan huayño, yaravi, cacharpaya, tonadas y cuecas, entre muchas otras. El baile waca waca (de la vaca), también fue uno de los más seguidos en la avenida El Prado en el centro paceño.

Muchas de las danzas, y también en la celebración del Gran Poder, se bailan al ritmo del siku un instrumento de arcilla, piedra o bambú, de vibración aerófona, y que en diferentes partes de Bolivia recibe el nombre de mollo, taika o malta.

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Un baile que ya no es a muerte

Una de las comparsas que amenizó aquel sábado fue la denominada Tinku, nombre de origen quechua. Hace referencia a una de las festividades más tradicionales de la región y significa encuentro, unión, equilibrio o convergencia.

Dávalos sintetizó a qué se refiere este término: «Es el encuentro belicoso de dos comunidades en Potosí. Cada una nombra a su guerrero y ambos se pelean a muerte, dándose con piedras hasta matarse. Esto último se ha excluido en los últimos años y la pelea es a puño limpio, pero en lo posible, siempre tratando de matar al oponente», explica. La danza bailada en las fiestas es una alegoría de aquel rito sanguinario que incluía hasta canibalismo.

«Es aún lo más salvaje e incivilizado que nos queda, aunque año a año la policía trata de intervenir y evitar la muerte de los contrincantes, pero la tradición es muy fuerte», agrega Dávalos.

También se bailaron kachuas y kullawadas. Lo primero es una danza del amor para solteros con alta sensualidad. Para ello se utilizan kachuas y cintakaniris, es decir, flautas y tambores.

Si hablamos de la comida estrella de la jornada hay que referirse a la sajta, un plato típico paceño que consiste en un picante de pollo, tunta (papa deshidratada), papa blanca cocida y salsa picante de cebollas crudas cortadas a la pluma y tomate.

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Del quechua al italiano

Sin embargo, no todos los nombres de las fraternidades, comidas o bailes típicos provienen de los idiomas originarios. En el Gran Poder se destacan los caporales, que según estima Dávalos, tiene que ver con capo, jefe en italiano. La figura masculina en la danza de los caporales es muy viril, autoritaria y «macha», agregó la experta. El baile es uno de los más nuevos, ya que fue creado hace 15 años por los Hermanos Estrada.

Dávalos marca que hay una tendencia entre los jóvenes a abandonar el uso de palabras aymaras o quechuas. «En la época de mis padres era normal que todos hablaran alguna lengua indígena, y ni qué decir, en la de mis abuelos. Pero en hoy en día los mismos jóvenes aymaras se resisten y prefieren aprender bien el castellano porque se dan cuenta de que esto los va a llevar adelante». (S. Lacunza/ 15-06-05).

 

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