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Los últimos años vieron emerger nuevos sellos editoriales en la Argentina que procuran recuperar al mercado local como uno de los grandes centros de traducción literaria al español, en un país en el que grandes escritores del siglo XX, como Jorge Luis Borges, Alejandra Pizarnik o Julio Cortázar, fueron también notables traductores. Además de respetar «nuestro dominio sobre el uso de la lengua», según indicaron a Comunica, los nuevos emprendedores y emprendimientos procuran publicar o reeditar obras de autores locales que quedan marginados por las grandes editoriales, «que suelen supeditar sus decisiones a la conveniencia de la casa matriz» en Europa. «Pretendemos respetar el dominio sobre el uso de la lengua en el país. Existe un acervo de identidad que componen los registros más sutiles de la lengua, menos evidentes para un recién llegado, y que hacen compartir una tradición cultural», argumenta ante este medio Miguel Villafañe, responsable de Santiago Arcos Editor (SAE). El editor resalta que en cuanto a traducción, «nos viene legada la tarea de los grandes del grupo Sur», aludiendo al grupo de escritores y la revista homónima que fundara Victoria Ocampo y que se publicó entre 1931 y 1971. Por sus páginas pasaron Borges, José Bianco, Ernesto Sábato y Eduardo Mallea, entre otros nombres ilustres de la literatura argentina e hispanohablante. SAE tiene la colección Parabellum, de textos de ficción, ensayos y documentos de literatura argentina, y Traductores, que contiene textos llevados al español por importantes escritores locales. | ||
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Preservar la tradición cultural «Autores como Victoria Ocampo, Borges, Girri, Alejandra Pizarnik, Cortázar, Bianco hacían una suerte de apropiación del texto al traducir y lo volcaban a nuestra lengua», puntualiza Villafañe. «Aquí se hicieron excelentes traducciones de textos de la literatura norteamericana o francesa de las décadas del 50 y 60, y en cambio ahora corren las traducciones españolas, como por ejemplo las de Anagrama o de Tusquets, que tienen sus méritos, pero para el castellano hablado en otro país», agrega el editor. Para Villafañe, es fundamental crear editoriales como SAE, «para preservar una tradición cultural, que se vio afectada por la pérdida de la identidad nacional», y eso lo relaciona con el proceso político que vivió la Argentina. «Vimos en los 90 el avance de las grandes corporaciones españolas que por un desprecio por la tradición editorial argentina, coparon el mercado, y ello tiene que ver con el vaciamiento cultural que sufrió el país en esa época». Sin embargo, «aunque suene un lugar común», Villafañe puntualiza que «la crisis de la edición empieza en la dictadura militar de los 70, se puede fechar exactamente». «En la actualidad, aunque acá se sigue traduciendo y muy bien, la lógica que impera es la de las empresas españolas. Los grandes grupos y las editoriales dominan los canales de comercialización, por ejemplo las librerías», dice el editor. | ||
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Muchas de las nuevas editoriales nacieron paradójicamente cuando el país tocó fondo en el aspecto económico y social hace tres años. Pese a ello, a los editores les fue bien. «Creció el catálogo, conseguimos sostener el emprendimiento, en dos años publicamos 16 libros y tenemos en producción tres más. Procuramos tener un buen catálogo, sólido, con textos que tengan una demanda sostenida, que salgan a buscar lectores», dice Villafañe. Otro de los sellos creados recientemente es Interzona (IZ), que publicó textos de los autores Juan Filloy, Alberto Laiseca, Hugo Padeletti y Rodolfo Fogwill, de escritores latinoamericanos conocidos más recientemente y con poca difusión entre el público argentino, como Washington Cucurto, Marosa di Giorgio, Pedro Lemebel y Silvio Matón. Para Damián Ríos, director editorial de IZ, el público argentino «es sensible a propuestas como la nuestra pero está muy debilitado respecto de otras épocas». Critica que las grandes editoriales «desconocen las características de nuestro mercado. Su presencia es fuerte pero, por ejemplo, Minotauro, de Planeta, lanzó 20 títulos clásicos de ciencia ficción en dos meses sin tener en cuenta que no ya el mercado, sino siquiera el periodismo cultural apenas puede absorber tal cantidad de novedades». | ||
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Próximas publicaciones Así explica Ríos la realidad que se encontraron cuando salieron al mercado y cuál fue el nicho en el que pudieron hacer pie: «En Argentina, a mediados de 2002, prácticamente no se lanzaban novedades editoriales al mercado y mucho menos novedades de calidad. Los más prestigiosos autores argentinos publicaban en España y sus libros llegaban a precios impensables para el mercado local, si es que llegaban». El responsable de IZ agrega que «la segmentación del mercado latinoamericano diseñada por los grandes grupos editoriales, pensada principalmente en Madrid y Barcelona, daba como resultado que prácticamente las literaturas nacionales, en lo que hace a la distribución y difusión, funcionaran como compartimentos estancos: Lemebel debe ser aplaudido en Barcelona para que empiece a ser tenido en cuenta en Buenos Aires, por ejemplo, y la lista sigue con Bolaños, Fogwill, Piglia y Bellatin, entre otros». SAE finalizó recientemente la traducción por Roberto Rasquela de la La Vita Nuova, de Dante Alighieri. También publicó La Casita, de Jean Francois Bastide, a cargo de César Aira. También reeditarán en abril el libro de David Viñas, Literatura argentina y realidad política. IZ, en tanto, lanzará Línea C, una colección de literatura fantástica y de ciencia ficción.
Otras editoriales que transitan caminos similares a los de IZ y SAE, son
Libros del Zorzal, El Farol, desde la Gente, Astralib, Chilavert, La Rosa
Blindada y Tierra Firme, entre muchas más. (Comunica. 16-03-05). | ||
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