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18 de mayo de 2005


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PARAGUAY:
Falleció Augusto Roa Bastos, el genial plagiador de Cervantes

La herida abierta de Paraguay
La invasión del Quijote que no se concretó
Tan paraguayo como porteño

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Augusto Roa Bastos consideraba «
la pérdida de la lengua por efectos del exilio» una de las peores cosas que podía sufrir un escritor y quizás por eso admitió, lejos de su Paraguay natal, que plagió al máximo escritor en español, Miguel de Cervantes, en Yo, el Supremo. Tras su muerte, sus admiradores destacaron su escritura en un «pulido castellano», emparentado con musicalidad del guaraní, lo que habla inevitablemente de su patria y de sus lenguas.

El escritor, fallecido el 26 de abril en Asunción a los 87 años, describió como nadie la idiosincrasia de su país y los pormenores de su historia, así como supo ponerle título a los personajes más terrenales, como cuando nombró, en 1996, «señor de los estadios» al arquero José Luis Chilavert.

El crítico literario argentino Máximo Soto estimó que «Roa, cuando ya había ganado los premios más prestigiosos, seguía siendo un autor de una humildad única entre los escritores. Siempre se comportaba en público como un principiante que quiere publicar su primer libro».

«Quizás ello se deba al hecho de que se situó al costado del boom latinoamericano y de que al mismo tiempo, pese a que vivió tantos años en el exilio, nunca perdió las raíces con su país y con la lengua guaraní, fuente a la que volvió en los últimos años de su vida cuando pudo retornar a Paraguay», explicó Soto a Comunica.

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La herida abierta de Paraguay

El escritor consideraba a Paraguay «un país extraño, muy lastimado por la historia». «La fragmentación hace que la opresión esté instalada aun cuando no se exprese en forma de poder», afirmó en 2002 en una entrevista publicada por el diario argentino Página 12.

Lectores y críticos elogian el manejo del español que tenía el escritor, oriundo de la localidad de Iturbe, y cómo jugaba entre la lengua cervantina y el guaraní. «Ya no se habla un buen guaraní, que es nuestra lengua nativa, muy rica, y se impide que progrese en la lengua heredada, el español. Se ha impedido que se hable el guaraní como lengua de cultura, por ser idioma oral», denunció en una oportunidad el desaparecido escritor.

Horacio Salas, ex director de la Biblioteca Nacional Argentina, afirmó en el obituario de Roa Bastos que en Yo, el Supremo «elaboró un lenguaje que posee la particularidad de ser un pulido castellano y al mismo tiempo conserva la cadencia lingüística del guaraní». Para Soto, «manejaba el lenguaje como un enorme abanico de posibilidades».

«Soy el que tiene más derechos ganados para hablar sobre Cervantes, a quien he leído desde niño y, a mi modo, he plagiado en Yo, El Supremo», dijo Roa Bastos en sus primeras declaraciones cuando retornó a Asunción en 1996, tras décadas de exilio en Argentina y Europa.

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La invasión del Quijote que no se concretó

Con su peculiar estilo, dejó en claro su admiración por la obra cumbre del idioma español. «El Quijote no entró en Paraguay durante la colonia y mi país debió haber sido invadido por ese libro», se lamentó.

Roa Bastos tuvo también opiniones políticas muy definidas. La colonización española implicó «ruina, muerte y destrucción de cultura, pero tuvo algo que no tuvieron Francia, Inglaterra, Portugal o Estados Unidos: desde su comienzo hubo sentimiento anticolonial y plena conciencia de la inhumanidad del proceso».

El autor paraguayo aclaró a mediados de los noventa que a la España democrática de hoy en día «no se le pueden cargar las cuentas de la España imperial», ya que «actualmente ayuda en lo posible a América Latina, incluso en contra de sus compromisos con la Comunidad Europea».

La dominación española «fue la Arcadia en comparación de lo que vino después: los ingleses, los norteamericanos», opinó.

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Tan paraguayo como porteño

El autor de El naranjal ardiente vivió exiliado en Argentina entre 1947 y 1976 y quizás por ello, «su literatura tiene todas las características de un porteño», según aseguró el crítico Máximo Soto. «Cuando Roa llegó exiliado, comenzó a trabajar en una empresa de seguros y allí conoció a José Salas Subirats, quien realizó la primera traducción del Ulises de Joyce», agregó el experto.

El crítico literario ejemplificó la compenetración del autor paraguayo con la cultura argentina al citar su actividad como guionista de cine en películas de directores de la talla de Manuel Antín, Lucas De Mare o Armando Bo. Alias gardelito fue una película basada en un trabajo de Bernardo Kordon, cuyo guión fue escrito por Roa, y «debe de haber pocas producciones tan porteñas como ese film y los libros de Kordon», concluyó Soto. (Comunica. 18-05-05).

 

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