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BOLIVIA: | ||
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El oriente y occidente de Bolivia marcan en en este país dos realidades geográficas, culturales y demográficas, que se hicieron conocidas en el mundo especialmente durante este año por los disturbios sociales que culminaron con la destitución del presidente Carlos Mesa. En ambas regiones, aunque unidas por muchos elementos de identidad, el español hablado también exhibe diferentes matices de vocabulario y de pronunciación. “El acento del occidente (La Paz, Oruro, Potosí) es parecido al del norte argentino. Se sobrepronuncian las eses, lo que deriva en un sonido algo similar, según el oído de los no habituados, al que se produce con la sh en inglés o en muchas partes de América con la y”, explica a Comunica Rolando Aparicio, un estudiante de periodismo oriundo de Santa Cruz de la Sierra, ciudad emblemática del oriente boliviano. Tanto en Santa Cruz como en Beni y Pando, tres de los departamentos orientales, en el habla de los locales se percibe cierto reemplazo de la s por la j cuando la primera se ubica delante de una consonante o al término de una palabra. Por ejemplo, vijte, sentijte, ejte, puej o capaj. | ||
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Ango e ingo En esta región, especialmente entre los jóvenes, aparece el sufijo aumentativo ango poco conocido en otras zonas de América. Por ejemplo, arbolango, ñoñango, jodanga, locanga o almuerzango, ejemplifica Aparicio. El diminutivo, en tanto, es ingo: muchachingo, autingo o loquinga. Los ejemplos citados dejan ver más localismos. Algo locango para los cruceños es lo que para los habitantes de Buenos Aires es copado, molante para un madrileño, chingón para un mexicano o chévere para un caraqueño. Lo contrario de locango es cambísima. Por su parte, alguien ñoño es aquel que tiene pocas luces. Quien se agarra una borrachera tiene una chupa. Entre jóvenes, se saludan con un cómo va fiera/ socio o pariente. Una pelada es lo que en Colombia es una vieja, es decir, una mujer. Quien conquista a la pelada, se la agarra y después, quizás, será un cortejo (novia). Una persona ortera entre los cruceños es una cambada. Por el contrario, un cheto es un careta. Las
diferencias en el habla de los bolivianos exceden largamente el lugar
geográfico. Lo económico aparece no sólo en el vocabulario sino también el
tono. Claro que diferenciar el español que se habla en la región andina y en
la cuenca del Amazonas es insuficiente, en la medida en que las
particularidades notables se destacan también en Tarija y Cochabamba. | ||
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En voz baja y con diminutivos Algo común entre las regiones, pero más marcado en la zona andina, es que “la clase obrera o de menor poder adquisitivo por lo general habla bajo, como si les faltara oxígeno, que en realidad, les falta”, dice Aparicio. Esa expresión apocada también se traduce en el uso frecuente de los diminutivos ito e ita Entre este sector social, la influencia de las lenguas originarias es notoria. La lingüista España Rosario Villegas, explicaba que: “Se puede destacar el contacto con las lenguas nativas, principalmente el quechua, que es la segunda lengua más hablada en Bolivia, y luego el aymará. Es por está razón que muchas palabras usadas en el castellano boliviano tienen sufijos y prefijos de estas lenguas”. Entre los ejemplos, se puede citar la palabra pajpaco, que es la persona que se dedica a vender productos por la calle, formada por un prefijo indígena pajp y un sufijo español aco. Otra voz, sirwiñaco, viene del aymará, tiene la misma conformación. En este caso, se refiere a la convivencia de una pareja fuera del matrimonio.
En
cambio, es entre los jóvenes caretas de Santa Cruz donde predominan
los anglicismos, menos usuales en la región andina. (La Paz/Comunica). | ||
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