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Lugares comunes, mitos, términos agresivos, burlas, estereotipos o errores semánticos conspiran contra el humanismo que debería imperar en la sociedad a la hora de hablar sobre discapacidad. En este contexto, los medios de comunicación, lejos de utilizar el potencial docente que les corresponde, a menudo contribuyen a acotar el vocabulario a su expresión más injusta. Pautas de Estilo Periodístico sobre Discapacidad, escrito por la argentina Alejandra Noseda, intenta ofrecer una herramienta de consulta para periodistas. “En nuestro país no existía un manual de este estilo, y por eso decidí realizarlo”, indica la autora a Comunica. Guía para promover los derechos humanos El trabajo se propone “brindar una guía práctica y eficaz para abordar el tema de la discapacidad, desde el ámbito del periodismo, para promover la defensa de los derechos humanos, la equiparación de oportunidades y el desarrollo inclusivo de las sociedades”, sintetiza Noseda. La obra, en la que también colaboraron el periodista Gabriel Michi y el docente Alfredo Bértola, fue presentada el 25 de agosto en el salón auditorio de la Jefatura de Gabinete del gobierno que preside Nestor Kirchner. A la hora de citar ejemplos de mal uso de términos, la especialista dice: “Nuestra sociedad por lo general utiliza la sustantivación de un adjetivo. Así como se escucha decir el gordo, el pelado, se escucha el retardado, el mogólico, el enfermo, el anormal y el inválido”. “En algunos medios de difusión todavía existen mitos, prejuicios y tabúes que manifiestan una mirada discriminatoria de la discapacidad y refuerzan estereotipos, la idea de guetos y el abordaje paternalista sobreprotector o bien discriminador”, agrega. | ||
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Sustantivización de adjetivos Además de caer en los términos discriminatorios de uso corriente, los medios también utilizan palabras en apariencia menos despectivas pero con carga negativa., “tales como la sustantivación de adjetivos como discapacitado, sordo o ciego., cuando en cambio se debería decir persona con discapacidad o discapacitada, persona con sordera y persona ciega o con ceguera”, dice la periodista. “Es sabido que las palabras recorren diferencias semánticas en la vasta geografía hispanohablante. Así como el término minusválido está muy mal visto en la Argentina, ello no ocurre en otros países de habla castellana, mientras que la expresión subnormal, habitual en España, es muy infrecuente en el cono sur de América”. Pautas no sólo intenta enriquecer el idioma alentando el empleo de términos adecuados, sino que también orienta hacia la capacitación y la búsqueda de antecedentes y fuentes de información, aspectos en los que también se suele caer en estereotipos. El libro alienta el uso de palabras que promueven el respeto por los derechos humanos de las personas con discapacidad, como por ejemplo desarrollo inclusivo, integración, equiparación de oportunidades y autonomía personal.
Pese a que el panorama sobre el abordaje de la discapacidad por los medios
no es positivo, Noseda considera que “con respecto a años anteriores, el
periodismo en nuestro país tiene una mayor conciencia sobre este tema, y por
lo tanto, ha comenzado a incluir en mayor medida informaciones relacionadas
con la discapacidad”. “Sin embargo, en muchas ocasiones no contribuyen a la
eliminación de prejuicios arraigados”, concluye. Correo de Alejandra Noseda:
anoseda@edicioncalificada.com.ar (Lacunza/Comunica) | ||
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