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diciembre de 2006


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NICARAGUA:

Del idioma y otras chochadas por

 

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Del libro de don Jorge Eduardo Arellano del idioma español en Nicaragua Glosas e indagaciones se aprende mucho sobre el apasionante tema de cómo se mastica el idioma español en nuestro país. El lector que gusta del tema no escapa a la tentación de hacer sus observaciones; yo se las hice, y me parece bien compartirlas con lectores aficionados como yo. Incluso, creo que podrían ser de interés para el autor.
 

Pienso que es útil hacer toda clase de observaciones a un texto, aun cuando sean sobre simples errores digitales (y algunos ortográficos), sin más ánimo que el de ofrecer una mínima colaboración al importante esfuerzo del autor para una posible reedición. Para abreviar, en los casos de páginas donde sólo hay errores de digitación y ortográficos, me he limitado a enumerarlas:
 

1) Páginas 84-85: don Carlos Mántica observó que de las 249 palabras “recogidas por Berend ya no son recogidas por Valle en su Diccionario del habla nicaragüense (1948)”, y don Jorge Eduardo cita 20 de estas palabras que él ya considera extintas. De esas palabras en supuesto desuso, creo que aún se usa bamba cuando se habla de nuestra moneda. (Ejemplo: “Me costó quinientas bambas”).
2) Una palabra que me parece tiene otro significado es chamusca, o más bien a su participio pasivo chamuscado; la acepción que el autor Arellano le da: “riña, gresca, pelea” no es la que he conocido siempre: una cosa a medio quemarse. Ejemplo: “Cuando llegué, el fuego ya lo había chamuscado casi todo.”
3) Páginas en las que hay errores digitales y ortográficos: 86, 97, 99 (Emilia Pardo Bazán sale con el apellido “Bazón”), 103, 108, 113, 129, 130, 144, 145, 174, 198, 260, 266 y 268 (un nombre varias veces “crucificado” es del académico Carlos Alemán Ocampo).
4) El autor dice del “cachinflín” que es “nombre que se le da en Nicaragua al trifritraque.” Me parece que: 1) cachinflín le decimos al triquitraque que al encenderse no hace explosión, sino que se va en puro ruido o en silbido; 2) los nicas decimos triquitraca. Esa palabra trifritraque no la había escuchado ni leído en Nicaragua.
5) Página 129: No es hipotético, como supone el autor, sino cierto, que no fue con la Serie Mundial de Béisbol (1948) que dio comienzo el uso de la terminología beisbolera en el habla nicaragüense, sino desde mucho antes.
6) Página 139: a) Al respecto de virote como nombre del órgano sexual masculino, recuerdo el “chile” de un supuesto diálogo entre una señorita y un hombre:
– Señorita, ¿cómo se llama usted?
– Elvirita de Jesús, ¿y usted, cómo se llama?
– ¡Elvirote de San Pedro!
7) Página 140: Entre los nombres del órgano masculino derivado de los objetos, no aparece estaca. Creo que no está en desuso.

8) Página 153: Hipocorísticos que el autor no toma en cuenta: Nilo por Danilo, Tino por Justino, Nardo por Bernardo y Chale por Carlos.
9) Página 170: Cutrichil será de uso peninsular, pero entre nosotros se dice Cuchitril.
10) Página 182: En la cita de Hugo Kubarth y Fernando Varela hay una redundancia (sobre la unidad fraseológica): “período de tiempo”, porque, según entiendo, sólo el tiempo se divide en períodos.
11) El significado de “Piñata”, como la “apropiación de bienes públicos y privados durante el ejercicio del poder político” es, quizá, la última acepción en uso en nuestro país, pero muy anterior a ésta, la palabra “piñata” ha servido para nombrar la olla de barro forrada con papelillos de colores --casi siempre con la figura de un animal-- llena de caramelos y otros dulces que se quiebra a palos en las fiestas infantiles. En todo caso, “Piñata” es el primer significado, y sólo más tarde ha sido transferida a la apropiación de los bienes públicos y privados.
12) Página 199: “Hostigar”, en el sentido que le damos los nicas, no significa “persuadir”, sino acosar, molestar: “Qué muchacho más hostigoso”, les dicen las madres a los hijos cuando las están molestando.

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Transcribo algunas frases que he escuchado y no sé si se trata de localismos, así como otra que aún se escucha, pero fue olvidada por el doctor Arellano y todos los autores por él citados en su libro:

1) “Écolecual”. Recuerdo que a esta palabra le dan el significado de: a) de eso mismo se trata; b) se trata de la misma cosa; c) usted está en lo cierto. ¿Quién de los lectores la escuchó alguna vez?
2) “Abué” o “Habué”. Esta palabra la he escuchado en algunos mayores como interjección, cuando han olvidado algo y de pronto lo recuerdan; por ejemplo: “¡Abué!, hasta ahora recuerdo que no les di de comer a las gallinas”.
3) “Colevaca” (contracción de cola de vaca): los autores Rabella y Pallais, citados por don Jorge Eduardo Arellano, no la mencionan como frase pluriverbal en su libro, y cuyo significado es: persona que se mete en los actos sociales privados sin haber sido invitada. En Managua de los años 40 se conocía como “colevaca” a un personaje que vestía de saco, siempre sucio, y deambulaba por todo el centro de la ciudad, metiéndose en donde le daba la gana sin ser invitado.
4) “Chochada” es cualquier cosa que tenga escaso valor. Imagino que se deriva de chochear: envejecer, disparatar, caducar; también de chochez y chocho. Pero es la más nicaragüense de todas las palabras comodines, tanto que por usarla constantemente nos dicen “los chochos” en toda Centroamérica. No imagino la razón por la cual el doctor Arellano no tomó en cuenta la más característica de todas las chochadas de nuestra forma de hablar. (El Nuevo Diario, Managua)

 

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