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señor Johnson
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12 de septiembre de 2001


Los viajes del 
señor Johnson

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Bob finalmente declara su amor a Lucía
Por M. Jesús Herrero Smith

Más buena que un plátano frito
Cuando las cosas salen de pinga

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Robert Johnson, el señor inglés tan conocido por los lectores de Unidad en la Diversidad, estaba muy nervioso, sentado al lado de su amiga Lucía y buscando las palabras adecuadas para declarar su amor. El mar Caribe, la arena blanca y las olas eran un marco romántico e ideal, pero Bob, como era tan tímido, no sabía cómo ni por dónde comenzar.

- Mira, Lucía, ¡qué belleza! Es hermoso este lugar… Dijo el inglés, tratando de iniciar la conversación.

- Sí, todo es muy hermoso… ¿Qué era lo que tenías que decirme? Hace unos días que estás dando vueltas alrededor de un tema… Si no es por asuntos económicos, ¿qué es eso tan importante?

- Mira… La verdad es que hace mucho que no estoy en una situación como ésta y sinceramente no sé cómo hacer…

- Bueno, bueno, tómate tu tiempo. Voy a buscar un refresco y enseguida regreso, ¿quieres algo?

- Sí, gracias, un palo, por favor…

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- ¿Cómo dices? ¿Para qué quieres un palo?

- Para beber… Un palo de ron …

- Perdona, no comprendo…

- Una copa o vaso de bebida, de ron, con mucho hielo, por favor… Ayer nos dijo el camarero que aquí se dice así…

- ¡Ah! Claro, bueno, espera un momento…

- No te tardes…

El pobre inglés estaba tan nervioso y aturdido que no sabía qué hacer… Miraba su reloj, revisaba su cuaderno rojo, pero ni siquiera su particular diccionario español-inglés; inglés-español le podían dar respuestas a sus necesidades…

Mientras meditaba sobre las palabras adecuadas para dirigirse a Lucía, dos hombres se sentaron en el banco y lo saludaron, como si lo conocieran de siempre.

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Más buena que un plátano frito

- ¿Le gusta la isla? ¡No hay mejor lugar en el mundo! Le dijo uno de los hombres, sonriendo.

- Sí, es muy hermosa… Respondió el inglés, con un hilo de voz.

- ¡Pero vamos, alégrese! ¡Mire ese mar, esas muchachas! Esto es el paraíso…

- Bueno, Lionel, deja al señor en paz… Es que mi hermano es muy conversador…Dijo el mayor de los caballeros.

- ¡Cómo eres Segundo! ¡Hay que ser amable con el turista!

- Amable, sí, pero no pesado…

- Está bien, no se preocupe… Es que tengo una preocupación muy grande y no sé qué hacer. Medió Johnson entre los hermanos.

- ¿Qué le pasa? Cuéntenos, si podemos le hacemos una segunda…

- ¿Cómo dice? Exclamó Johnson, dudoso.

- Que le hacemos un favor, lo ayudamos… Explicó Lionel.

- Es que tengo que declararme a una dama y no sé cómo… 

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- ¡Muy fácil! La toma de la cintura, la mira a los ojos y le dice: «¡Estás más buena que un plátano frito!» Sugirió Lionel, ante la mirada atónita del inglés y de Segundo.

- ¡Pero qué estás diciendo! No haga eso… ¿Cómo vas a decirle esa ordinariez a una dama?

No le haga caso, simplemente tómela de la mano y dígale lo que siente… Aconsejó Segundo, con más tacto.

- Sí, tiene razón… Ahí viene…

- Bueno, hasta pronto y suerte… ¡Vamos, Lionel! Al lado hay otro banco, dejemos a la pareja sola.

- Hasta pronto… Pero espere un pelo que voy a traer algo que lo va a ayudar…Prometió Lionel.

- Perdone, no comprendo.

- Que se espere un pelo, un momento… Le voy a mandar una sorpresa, ¿cómo es su nombre?

- Robert Johnson, ¿por qué?

- Confíe en mí… 

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Lucía regresó con las bebidas y se sentó nuevamente en el banco.

- Aquí tienes tu «palo»… Bueno, ahora sí, te escucho.

Johnson bebió dos sorbos y se decidió… No podía esperar un minuto más, tenía que declararse a Lucía lo antes posible.

Cuando las cosas salen de pinga

- Lucía, ya hace un tiempo que estamos viajando juntos, disfrutamos de nuestros paseos, conocemos muchos lugares… Comenzó a decir el inglés, muy nervioso.

- Sí, Bob… Estoy muy contenta de haberme decidido a viajar contigo…

- Yo también, precisamente de eso te quería hablar… Estoy muy feliz, hacía mucho tiempo que no estaba tan feliz… En realidad no encuentro las palabras pero quiero que sepas que…

En ese preciso momento, cuando Robert había juntado valor para declarar sus sentimientos, Lionel llegó con un conjunto de mariachis y exclamó:

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- ¡Señora, don Roberto le regala esta canción para demostrarle cuánto la quiere!

Los mariachis empezaron a cantar un bolero muy romántico y Lucía, con lágrimas en los ojos, le dijo:

- ¡Es el regalo más bello que me han hecho en mi vida! ¡Yo también te quiero mucho! Pensé que nunca me dirías lo que sentías por mí, que sólo te unía una amistad…

Johnson estaba totalmente atontado, no entendía nada de lo que estaba pasando, pero cuando Lucía le dio un beso muy cariñoso se sintió tan feliz que no quiso preguntar ni saber nada.

Lionel observó la escena y cuando los mariachis terminaron de cantar se acercó al inglés y le dijo:

- ¿Le dije que confiara en mí? ¿Ya se le declaró a la dama?

- Sí, gracias, no sé qué decir…

- Nada, ¿tuvo suerte?

- Pues sí…

- ¡De pinga! ¡Qué sea feliz!

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- ¿Cómo dice?

- De pinga…Es una expresión de satisfacción, cuando estamos de acuerdo en algo o algo está bien... Bueno, lo dejo… ¡Suerte!

Bob y Lucía se fueron caminando por la playa de la mano… Finalmente, todo había salido muy bien y la felicidad inundaba la calles por donde pasaban. (Caracas).


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