Los
viajes del | ||
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El inglés quiere
probar las pupusas
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El señor Johnson y su novia Lucía habían llegado a El Salvador una cálida mañana y decidido, después de descansar un rato, salir a pasear por la ciudad de San Salvador y comer algún plato típico del país. Como no conocían ningún sitio, le preguntaron a un pasajero del hotel quien les recomendó una taberna de tipo colonial, ubicada a pocos metros de donde se alojaban. - La pupusería de María es un lugar excelente. Prueben las bocas, van a ver qué buenas las sirven allí. - Gracias por el dato, allá vamos. La
pareja siguió las indicaciones del pasajero y se acercaron al restaurante.
Johnson, como siempre, llevó su cuaderno rojo… Ya tenía anotadas algunas
palabras cuyo significado debía desentrañar. | ||
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Hay que probar de todo un poco Una vez que llegaron al lugar, una señorita muy amable los recibió y les ofreció una cerveza mientras elegían qué iban a comer. - Sí, gracias. Por favor, traiga dos bien frías. - Claro, enseguida. Les voy a traer unas bocas muy sabrosas… La jovencita no esperó contestación y apareció a los diez minutos con dos vasos de cerveza helada y unos bocadillos muy buenos. - ¿Éstas son las famosas bocas? Nos las recomendaron en el hotel… Comentó el inglés, a la caza de la primera palabra propia de El Salvador. - Sí, señor… Va a ver qué buenas… ¿Qué les ofrezco de comer? - Nos gustaría probar algún plato regional… Dijo Lucía - Claro que sí, este restaurante es el sitio donde se cocinan las mejores pupusas de la ciudad… - ¿Y de qué están hechas? Quiso saber Robert. - Las pupusas son tortillas hechas de masa de maíz o de arroz rellenas con queso, chicharrón, frijoles, camarón… Se comen con curtido de repollo, pero algunos las prefieren con salsa de tomate natural. -
Pues por favor, traiga de todo un poco…
Pidió el inglés. | ||
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Los «estornudos» salvadoreños son especiales Una vez que Bob y Lucía habían terminado de comer, la camarera les ofreció un rico postre, el «marquesote», una especie de bizcochuelo típico salvadoreño. - Gracias, pero la verdad que comí demasiado. Dijo Lucía. - Yo le acepto el ofrecimiento, jovencita. A ver qué tal es… Respondió el inglés. Cuando la joven trajo el postre, Robert le empezó a preguntar sobre la vida en El Salvador, la situación general del país, y todos los temas que siempre solía averiguar en sus viajes. - Gracias a Dios tengo trabajo… Pero resulta muy difícil comprar una casa, independizarse… No alcanza ni para el alquiler. ¡Achis! Yo tendré que buscar otro trabajo si quiero adquirir una vivienda. La moza seguía hablando de su vida, sus ilusiones y sus proyectos, pero el inglés se había detenido en ese «¡Achis!» tan parecido a un estornudo… A tal punto estaba intrigado que le preguntó exactamente qué significaba y grande fue su sorpresa cuando le dijo que carecía de un significado específico, que era una interjección, una exclamación que se utilizaba frecuentemente… Con
este «falso estornudo» y el estómago bien lleno, Johnson y su novia se
dirigieron a dormir la siesta y a descansar un poco. (Comunica. 02-04-03). | ||
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