Los
viajes del | ||
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El inglés conoce el caliche salvadoreño M. Jesús Herrero Smith | ||
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El señor Johnson, junto con su novia Lucía, estaba disfrutando de un hermoso día en la capital de El Salvador, país donde realizaba su nueva escala turístico-lingüística por América Latina. Después de una sabrosa comida en un típico restaurante, durmieron la siesta y disfrutaron de la piscina del hotel donde se alojaron, porque se sentían un poco fatigados y preferían dejar las excursiones para el día siguiente. Una vez que cayó el sol, se dirigieron al salón del hotel para ver qué podían cenar. Pensaban acostarse temprano y aprovechar la próxima jornada, y se sorprendieron por la cantidad de gente que estaba en la recepción. - ¿Ha ocurrido algo? Quiso saber el inglés. - No, señor, no se preocupe. Se trata de una reunión de ex alumnos de un colegio cercano. Celebran sus veinticinco años de egresados. Explicó la recepcionista. El inglés comentó a Lucía que le encantaban ese tipo de celebraciones y que se iba a quedar observando a la gente y escuchando… Estaba seguro de que iba a descubrir nuevas palabras del español salvadoreño. - ¡¡Edgard!! ¿Cuándo has venido? Exclamó un señor que se encontraba cerca de Johnson. El protagonista de nuestra historia se dio vuelta y observó a otro hombre que se acercaba, muy sonriente. - Llegué ayer, Pascual, quise venir a San Salvador para ver a toda la broza del instituto… ¡¡¡Pero qué bien te veo!! El inglés no se había equivocado. Iba a descubrir nuevas voces en el medio de esta fiesta. | ||
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Con la descalza no se juega - ¿Hace mucho que vives en Miami, Edgard? - Unos quince años. La empresa me ofreció el traslado y acepté… Pero no sabes… Casi no llego… ¡¡¡Me detuvo la descalza y tuve que mostrar mi identificación!!! Sólo me pararon para pedirme el documento, por suerte estaba cerca del hotel y me dejaron seguir… ¡¡Pero cuéntame de ti!! ¿Tu familia? El inglés seguía atento a la charla de los viejos amigos. Había descubierto que «descalza» en El Salvador no se relacionaba sólo con zapatos, sino que era una de las tantas formas de hablar de la policía… Suponía que «broza» sería grupo de amigos, pero ya se encargaría de averiguarlo. - Todos muy bien por casa… ¿Y tus niños? - Martín empezó la universidad hace dos años. Estudia Derecho. Juanita está hecha una mujercita. Hoy tenía una fiesta y después de la cena tengo que ir a buscarla… ¿Me haces gallo, Edgard? Después te invito a tomar unas copas a casa y saludas a Marilyn. - ¡¡Claro, con mucho gusto!! El
inglés no pudo seguir escuchando la conversación porque el grupo pasó al
salón. Pero pronto descubriría el misterio de los gallos y las brozas… | ||
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Cuidado con los ladrillos Johnson se acercó al salón comedor, donde lo esperaba Lucía y pidió una ensalada y una cerveza. Le comentó a su novia las nuevas palabras que había descubierto y el mozo, mientras le servía, sonreía. - Uno de los amigos dijo algo así como que «le haga gallo», una frase extraña… ¿Sabe qué quiere decir «hacer gallo», señor?, le preguntó el inglés al mozo. - Sí, es «caliche», es «acompañar». - Entonces, «caliche», «hacer gallo» y «acompañar» ¿son sinónimos?… Quiso saber Lucía - No, caliche es jerga, argot… Hacer gallo y acompañar son los sinónimos… - ¡¡Qué bueno!! También aprendí que «descalza» es policía… - Entonces debe saber que los «ladrillos» son los ladrones… Comentó el simpático empleado, mientras servía el postre a la pareja. - ¿Y «broza» es grupo de amigos. Unos hombres comentaban algo de la broza en la recepción del hotel. - Sí, exactamente… Es un grupo de amigos, gente con afinidades comunes… Veo que tiene mucho interés en conocer nuevas palabras…
- Si usted supiera…
Comentó Lucía, que ya estaba con un poco de sueño y con pocas ganas de
seguir engrosando el cuaderno rojo de su novio. (Comunica. 09-04-03) | ||
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