Los
viajes del | ||
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Clavos y campañas que dejan de seducir al
inglés M. Jesús Herrero Smith
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El señor Johnson, protagonista de tantas y tan divertidas historias por América Latina, en las que aprendió mucho sobre la enorme diversidad del léxico castellano, estaba atravesando una mala etapa y su novia Lucía no sabía bien por qué. Pese a que habían visitado hermosos lugares de Guatemala, algo lo preocupaba, ya que desde que recibió una llamada de Inglaterra no era el mismo: su rostro sombrío y sobre todo su poco interés en conocer nuevas voces, eran cuestiones muy sospechosas. Su novia trató muchas veces de averiguar qué lo preocupaba, pero todo fue en vano. - ¿Sabes, Bob, que uno de los empleados del hotel me recomendó un museo de arte indígena? ¿No te gustaría conocerlo? sugirió Lucía, para animar al inglés. - Quizás más tarde, voy a descansar. En ese momento, una joven golpea la puerta: - Buenas tardes, ¿Me hace la campaña de dejarme pasar? Debo ver si me he olvidado algo mientras limpiaba. Lucía y el inglés se miraron ante la pregunta de la joven y si bien no entendieron qué era eso de «campaña», se dieron cuenta de que la joven quería pasar. | ||
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Cuando «hacer campaña» es hacer favores La joven entró a la habitación y revisó el cuarto de baño para ver si se le habían quedado algunos elementos de limpieza. - Gracias, pero aquí no está... hasta luego, disculpe la molestia. - Un momento, señorita. Querría hacerle una pregunta. - Sí, señora. - Usted dijo algo de «campaña», ¿a qué se refiere? - Ah, perdone, quise decir si me hacía el favor. - Está bien, no hay problema, hasta luego.
Lucía fue a buscar el cuaderno rojo de Robert… Pero él miraba a la ventana,
sin fuerzas y sin interés. | ||
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Los clavos que se clavan en Guatemala son especiales Como Johnson no hablaba ni mostraba interés en nada, Lucía decidió salir a dar un paseo y a aclarar un poco sus ideas. Estaba segura de que tenía que hablar con su novio para que le explique la situación. - Buenas tardes, un café, por favor. La dama colombiana se sentó en un bar muy típico y tomó su café lentamente, pensando cómo resolver su problema. A su lado estaba sentada una pareja de amigos que conversaban en voz alta. - Tony me clavó con la moto que me vendió; es muy mala. - ¡¡No puedo creerlo!! Es tu primo, ¿no? - Es que en los negocios no hay parentesco… Fui un tonto… - ¿Y qué piensas hacer ahora? - No sé cómo resolver este clavo... Creo que voy a hablar con él, a ver qué me dice. - Claro, hablando se entiende la gente… Lucía anotó en una servilleta de papel las palabras «clavar» y «clavo» y le preguntó al camarero qué querían decir exactamente. Después se dirigió al hotel y le contó a su novio la anécdota. - «Clavar» es estafar, hacer una mala jugada y «clavo» es problema… ¿No te parece muy bueno? Puedes anotarlas en tu cuaderno. - Gracias, Lucía, eres muy buena… Es que no tengo muchos ánimos. Debo contarte una cosa muy terrible. Lucía
se sentó al lado del inglés. Finalmente se había decidido a contarle qué era
lo que le estaba pasando. (Comunica. 02-07-03). | ||
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