Los
viajes del | ||
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El inglés recibe noticias de su amiga
boliviana M. Jesús Herrero Smith
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Robert Johnson, viejo conocido de los lectores de Comunica por sus aventuras turísticas y lingüísticas en América Latina, continuaba su estancia forzada en Londres, resolviendo asuntos de sus empresas. Sólo se comunicaba con su novia Lucía por teléfono y estaba deseando terminar el trabajo para poder regresar a sus viajes llenos de anécdotas divertidas. Mientras tanto, seguía comunicándose por carta y disfrutando de las particularidades del español latinoamericano en los textos que le enviaban sus amigos. Una de las personas que más frecuentemente le escribía al inglés era Gladys Fernández Mamani, una antropóloga boliviana a quien conoció en Inglaterra y a la que había visitado en su paso por La Paz. Gladys lo mantenía informado de sus investigaciones, sus trabajos y siempre aumentaba el glosario que estaba construyendo el protagonista de nuestra historia.
«¿Recuerdas a Fernando? Era un compañero del Centro de Investigaciones que se
había marchado a Estados Unidos. Pues ha regresado y me ha preguntado por ti.
Fue muy bueno volver a verlo… Hacía mucho que no me chacheaba del trabajo y la
visita de este amigo fue una buena excusa»
escribió Gladys, que le
quería explicar por qué había estado ausente de su oficina el miércoles de la
semana anterior. | ||
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Las vaquitas bolivianas pueden dar cerveza en lugar de leche Gladys continuó contándole a su amigo Johnson sobre su vida, sus planes de trabajo y hasta sus ratos de distracción. «Desde que estoy escribiendo el libro sobre mitos bolivianos, casi nunca salgo de casa… Pero el día de mi cumpleaños fuimos a beber unas chelas, unas cervezas… ¡Y hasta Roberto tuvo que amollar!» Comentó en forma risueña la antropóloga, que tenía un amigo que evitaba pagar o cooperar para pagar por algo, es decir, amollar. «Bob, ¿recuerdas cuando viniste? Bueno, como aquel día, para celebrar mi cumpleaños hicimos entre todos una vaquita y compramos bebidas. Estuvo muy divertido y me sirvió para relajarme un poco» explicó Gladys… Johnson debió abandonar la lectura y consultar en alguno de sus numerosos cuadernos rojos, donde conservaba los regionalismos que fue recolectando a través de sus viajes. Y así recordó que vaquita o vaca es una voz de uso muy frecuente en Bolivia y Argentina y significa colecta, cooperación. El
inglés se sonrió de sólo pensar que unas pobres vacas eran capaces de dar
cerveza a la gente en lugar de leche… Le pareció ocurrente la idea y siguió
leyendo. | ||
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El chasqui cruzará el océano para llevar noticias «¿Tienes pensado venir a Bolivia próximamente? La presentación de mi libro podría ser un buen momento, de paso conozco a Lucía y yo te presento a Ricardo, mi ñato… Es que estoy de novia con él hace cinco meses. Es un hombre viudo, de mi edad. Tiene dos hijos mayores y tres nietos, realmente es una relación muy bonita, nos comprendemos, nos acompañamos y nos apoyamos en nuestros proyectos. Él es escritor y me ayuda mucho con mis textos», confesó Gladys, en un tono muy romántico, a su amigo inglés. La despedida de la carta, en actitud muy risueña, reiteraba la invitación. «Ya sabes que tienes casa en La Paz para ti y tu novia, así que los espero cuanto antes. Ruego a los dioses que los chasquis del correo te hagan llegar pronto esta carta y me cuentes algo de tu vida. Muchos cariños. Gladys».
Johnson cerró el sobre y sonrió. Su amiga antropóloga siempre apelaba a
algún dato de las tradiciones precolombinas… Es que el chasqui era el
mensajero incaico, el que llevaba las noticias en el antiguo imperio
americano. (Comunica. 30-07-03). | ||
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