Los
viajes del | ||
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Lucía y el inglés prueban los chuchitos guatemaltecos M. Jesús Herrero Smith
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Robert Johnson y su novia Lucía estaban de visita por Guatemala con el objetivo de recrearse con sus magníficos paisajes, sus bellezas arqueológicas y también, como es habitual en el protagonista de nuestra historia, para conocer el español que se habla en este país centroamericano. Habían visitado Tikal, la impresionante ciudad de Quetzalcoátl, la mítica Serpiente Emplumada de los mayas, y como les había impresionado tanto la leyenda, quisieron conocer la Ciudad de Quetzaltenango, que hacia el siglo XIX desarrolló una intensa actividad comercial y artística. La siguiente escala fue la ciudad de Antigua, llamada en tiempos de la colonia «la Muy Noble y Muy Leal Ciudad de Santiago de los Caballeros de Guatemala». Al llegar al sitio, el inglés quiso descansar en el hotel pero como Lucía tenía un poco de apetito, decidieron dejar la siesta para más tarde y disfrutar de algún plato típico guatemalteco. - Vamos a ese restaurante, Lucía, me lo recomendaron. - Perfecto, ¿te dijeron cuál es la especialidad? - Se dedican a comidas típicas guatemaltecas, según me explicaron en el hotel. El conserje me dijo que pruebe la «cochinita pibil». | ||
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Tamalitos y cochinita para todo el mundo La «cochinita pibil» era un plato a base de cerdo, condimentado con orégano, comino, sal y pimienta, y con la particularidad de estar sazonado con jugo de naranjas agrias. La carne, que debe estar en salmuera toda la noche, se cocina en una olla a presión con tomates, cebolla, dientes de ajo y hojas de plátano - ¡¡Qué bueno está todo!! Exclamó el inglés, que comía con mucho gusto todo lo que ponían por delante. - Muy bueno todo, es verdad. El camarero dijo que debíamos preparar unos tacos, como los mexicanos, untando las tortillas con los frijoles refritos, la cochinita, la cebolla y las rodajitas de aguacate, dijo Lucía - Yo puse el chile verde, sabes que me gusta el picante, contestó Bob, que se «chupaba los dedos». Una vez que terminaron de comer la cochinita, Johnson sugirió: - ¿Y si probamos los tamalitos? - Mira, Bob, yo ya estoy satisfecha… ¿No era que no tenías apetito? -
Es que todo está muy sabroso, Lucía. | ||
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El chile guaque y el chile pasa quitan las ganas de probar el picante Nuestro amigo estaba con ataque de gula y todo lo que le ofrecían lo aceptaba… Lucía tenía miedo de que le diera un atracón y varias veces insistió en que no comiera tanto. - Vamos, Bob, deja de probar más platos. Mañana venimos y comemos otra cosa. - Es sólo que quiero ver qué son los chuchitos. Te prometo que sólo como uno y nos vamos… Quiero anotar esta nueva palabra en mi cuaderno rojo, no la había escuchado nunca. A los pocos minutos, llega el camarero con una bandeja repleta de «chuchitos», una masa rellena de pollo y salsas que tiene la particularidad de estar atada con hojas de tusa, como si se tratara de un paquete atado con un cordón. Eran muy agradables, y Johnson comía uno tras otro. - ¿Por qué no prueba con chile guaque y chile pasa? Quedan muy buenos. Sugirió el camarero y el inglés aceptó gustoso, ante la mirada de desaprobación de Lucía. Pero aceptar el ofrecimiento fue lo mejor que podía pasarle al inglés, porque era tan picante que sólo pudo comer uno. Su novia, feliz porque el chile le había detenido el ataque de glotonería a su novio, decidió dar por terminada la cena sin el postre, un exquisito dulce de papaya que ya tendrían muchas ocasiones de probar en los días siguientes. (Comunica. 04-06-03). | ||
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