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11 de junio de 2003


Los viajes del 
señor Johnson

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El inglés prueba las bocas guatemaltecas
M. Jesús Herrero Smith

Las bocas y los emparedados en todos los rincones del mundo
Los bocatas y los sánguches, una comida con múltiples sinónimos

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Johnson y Lucía estaban disfrutando unos días en Antigua, uno de los rincones más bonitos de Guatemala, con sus imponentes volcanes, sus casas y sus monumentos que se mantienen en pie, pese a los sismos y al paso del tiempo.

Habían dedicado muchas horas a recorrer sus calles, con reminiscencias del pasado colonial e indígena de este hermoso país centroamericano, y por este motivo el protagonista de nuestra historia se sentía cansado y un poco hambriento.

- Creo que es hora de comer algo, ¿te apetece, Lucía?

- Sólo una cosa liviana, así no perdemos tiempo y seguimos mirando el lugar.

- En ese bar quizás podamos probar un sándwich.

El inglés se dirigió a una confitería muy bonita, ubicada al lado de una plazoleta y le pidió al camarero un refresco.

- Para comer, quisiéramos un sándwich, ¿de qué tipos tiene?

El mozo miró a Johnson extrañado y pensó en llamar a su compañero para que lo ayude… ¡¡Había un señor inglés que pedía algo su idioma!!

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Las bocas y los emparedados se sirven en todos los rincones del mundo

- ¿Sabe qué pasa? Es que llegué hace poco tiempo de El Salvador, ¿qué desea comer? preguntó el camarero

- Un emparedado, bocadillo… Pan, algo de relleno, y más pan… Creo que ustedes le dicen «bocas».

- ¡¡Ah!! Claro, un aperitivo… En realidad las «bocas» son las que acompañan a las bebidas alcohólicas en El Salvador. Y en Guatemala, le dicen bocas a los entremeses que se sirven para los tomadores de licor…

- Mire, joven, este plato fue un invento del Conde de Sándwich, de ahí viene el nombre… Este noble era aficionado al juego, a tal punto que podía pasarse las 24 horas en una partida… Por eso, pedía a sus empleados que le prepararan algo para comer metido en dos trozos de pan, de tamaño pequeño, para poder tomarlo con una mano mientras en la otra seguía sosteniendo las cartas…

- ¡¡Qué curioso!! ¡¡¡ No parar ni para comer!!!… Pero le debemos al conde un invento muy sabroso…

El inglés y Lucía se rieron y pidieron un sándwich de pollo. Tenían un poco de prisa y querían seguir visitando museos y rincones de Antigua.

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Los bocatas y los sánguches, una comida con múltiples sinónimos

Mientras la pareja comía unos ricos emparedados, uno de los clientes del bar comentó en voz alta:

- Mire que es una comida tan sencilla y es tan difícil aprender cómo se dice… En Argentina, por ejemplo, pedí un emparedado y me miraron como si fuera un marciano… Tenía que pedir un «pebete» si lo quería con un pan especial, un «tostado», si quería con pan de molde, un «sánguche con pan francés»… También se podía pedir un sándwich de miga ¡¡Hay que hacer un curso para aprenderse todas las variedades!!

Johnson se rió, asintió y acotó en voz alta:

- Tiene razón, me pasó en Buenos Aires… Y yo que pedí un «bocata» en un bar argentino…

La gente del bar se miró un poco sorprendida.

- Pues esa palabra nunca la oímos aquí. Dijo el camarero.

- Es que «bocata» es una palabra del español de España… Yo la había aprendido de un profesor del instituto donde estudié este idioma en Londres y pensé que era válida para todos los países… Pero me equivoqué enormemente.

Todos sonrieron ante la ocurrencia del inglés… No se imaginaban al simpático anciano hablando como un adolescente español por las calles de la capital argentina. (Comunica. 11-06-03).

 

 

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