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7 de mayo de 2003


Los viajes del 
señor Johnson

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Ciertos tamales suelen ser indigestos
M. Jesús Herrero Smith

Los bolos dan unos sustos tremendos
Ojo que viene la cuilia

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El señor Johnson estaba recorriendo El Salvador con su novia Lucía, admirando la riqueza de esta nación centroamericana con sus paisajes multicolores y diversos, llenos de naturaleza e historia.

En una de las excursiones, la pareja visitó las ruinas pre-hispánicas de San Andrés, en el departamento de La Libertad, que fueron un importante centro ceremonial de los Pipiles, una comunidad indígena precolombina.

Una vez finalizada la visita, Lucía decidió ir a descansar al hotel pero Bob, que no podía con su genio, prefirió pasar por un bar para beber una cerveza y «cazar» nuevas voces para su diccionario inglés-español; español-inglés, así que entró a uno muy luminoso y el joven camarero lo saludó diciendo:

- Buenas tardes, ¿quiere una birria fresca?

Robert no sabía qué era eso de birria y le sonrió, esperando a ver qué líquido le irían a servir.

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Los bolos dan unos sustos tremendos

El inglés se acercó a la barra y bebió una refrescante cerveza, o una birria, como le decían en el lugar. Conversó animadamente con el muchacho sobre San Andrés y sus maravillas arqueológicas hasta que un señor mayor se desplomó ante sus ojos.

- ¡¡Llame a un médico!! Gritó Johnson, mientras dos personas trataban de levantar al caído, que era bastante robusto.

El camarero salió a buscar ayuda y al rato llegó una ambulancia que trasladó al enfermo al hospital. Cuando retornó la calma, el protagonista de nuestra historia se pidió una nueva birria para calmar los nervios.

- Parece que la única ambición de este hombre es andar siempre bolo… Es la segunda vez que pasa esto en un mes… Comentó el camarero.

Johnson levantó la vista y pidió aclaraciones de esa expresión tan rara…

- Es que es un enfermo, pobre hombre, anda bolo, borracho… No sabemos qué hacer…

- Quizás no deberían servirle tanto alcohol, ¿no le parece?

- Sí, tiene razón… Lo peor es que creo que además de bolo tiene otras malas costumbres.

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Ojo que viene la cuilia

Mientras el inglés dialogaba con el camarero, un coche de policía se detuvo en la entrada del bar.

- ¡¡La cuilia!! Sabía que este hombre nos metía en problemas… Todos me decían que era un tamal…

El inglés escuchó al joven con atención pero no entendió ni una palabra de lo que dijo, ya que estaba de espaldas y no vio llegar a la cuilia, es decir, la policía. Por otra parte, los únicos tamales que conocía eran unos sabrosos platos que había probado en el norte de la Argentina y no podía comprender qué tenía que ver con toda la situación.

- Buenas noches, hemos venido a preguntar por un accidente ocurrido en el bar. Llegó un enfermo al hospital y ha sido identificado como un delincuente al que buscábamos por robos reiterados…

El inglés se quedó pálido, escuchó al policía y a continuación declaró lentamente sobre el suceso… A la media hora el agente se fue y Johnson pensó que lo mejor era regresar al lado de Lucía, ya que por esa jornada había aprendido suficientes palabras propias del español salvadoreño. (Comunica. 07-05-03).

 

 

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