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28 de mayo de 2003


Los viajes del 
señor Johnson

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El inglés y Lucía visitan la ruta del Quetzal
M. Jesús Herrero Smith

Irse de capiuza es propio de niños casaqueros
Unos recuerdos bien chileros

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El señor Johnson, protagonista de numerosas aventuras por América Latina, había iniciado junto con su novia Lucía una nueva excursión por Guatemala, un país fascinante por tradición, cultura y arqueología amerindias.

Apenas llegaron al aeropuerto los esperaba Jimena, una joven guía que los iba a conducir directamente a Tikal, la impresionante ciudad de Quetzalcoátl, la mítica Serpiente Emplumada de los mayas.

Los pueblos originarios adoraban a Kukulkán y en su honor construyeron un espacio ceremonial que en la actualidad es el más grande de los centros religiosos mayas y por esto constituye uno de los principales atractivos del país.

- ¡¡¡Se ha atrasado muchísimo el avión!!! Nadie me decía qué había pasado y del susto se me aguadaron las piernas. Les dijo la joven guía, ante la satisfacción del inglés por escuchar la primera palabra propia del español de Guatemala que oía.

- No se preocupe, es que nos tuvieron como una hora esperando… Y no sabíamos cómo avisarle, respondió Lucía.

- Me llama la atención esa palabra que acaba de decir… ¿Qué es eso de que se le aguaron las piernas? Preguntó Johnson.

- ¡Ah! Es una expresión muy nuestra… Quiere decir que se me debilitaron las piernas, por el susto… Pero ahora que los veo bien, no se hable más del asunto y vamos a conocer Tikal.

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Irse de capiuza es propio de niños casaqueros

Mientras se acercaban a la ciudad de la Serpiente Emplumada, con sus pirámides en medio de la selva, Jimena les iba contando historias divertidas para amenizar el viaje.

- Lo que más me gustaba de niña era el dulce de papaya. Los voy a llevar a un lugar donde lo hacen buenísimo.

- Gracias, nos encanta probar la comida típica, dijo el inglés.

- Muy bien, trato hecho… Yo siempre solía irme de capiuza... ¡¡¡Y me aparecía en la casa de mi abuela a pedirle dulce de papaya!!!

La pareja se miró un poco asombrada y la joven se dio cuenta de que no habían entendido qué les estaba diciendo.

- Disculpen… Es que «irse de capiuza» es faltar a la escuela, no ir a clases… Yo solía irme de la escuela con Julia y Pepe, dos compañeros, y me aparecía en la de mi abuela… Mi mamá se ponía furiosa...

- ¡¡Y no es para menos!! Exclamó Lucía, ante las carcajadas del inglés.

- Pero como mi abuela era muy conversadora y simpática, siempre convencía a mi madre con alguna casaca. ¡¡Era muy casaquera mi abuela!! Perdón, mentirosa…

- ¡¡Ah, ya veo!! Casaca es mentira… Decían alguna mentirita y todo se arreglaba. Comentó el inglés, guiñando un ojo.

- Bueno, en realidad no es así… Sólo convencía a mi madre… ¡¡a la maestra no la convencía nadie!! Agregó Jimena, entre las risas de todos.

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Unos recuerdos bien chileros

Mientras viajaban a Tixal, la joven guía les contó a los visitantes la historia del esplendor y la caída de la ciudad.

- El apogeo de Tixal se remonta hacia el año 230 D.C, al frente el rey Yax Moch Xoc, fundador de una dinastía que gobernó el lugar hasta el siglo X, cuando comienza el declive de la cultura maya.

La excursión entró al Parque Nacional de Tikal y se detuvo en los comedores y el restaurante principal. Algunos querían visitar el Museo, que exhibe numerosas piezas de cerámica, esculturas, piezas de jade y hueso, diversos objetos procedentes de los sepulcros de los señores de Tikal y una reproducción de la tumba 116 del Templo del Gran Jaguar.

Pero Jimena se puso firme y dijo que primero visitaban los monumentos y después pasarían por el Museo.

- A la vuelta vamos al museo y a las tiendas. Van a ver qué cosas bien chileras que pueden comprar… Pero no se entretengan ahora.

Todo el grupo siguió a la guía menos el inglés, que se quedó anotando en su cuaderno rojo la palabra «chilera». A la vuelta del recorrido, se enteró de que era un sinónimo de «bonito» y pensó que era una palabra que carecía de la fuerza suficiente para calificar todo lo que había visto. (Comunica. 28-05-03).

 

 

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