Los
viajes del | ||
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Todo parece una cuestión de onda
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El señor Johnson, protagonista de tantas divertidas historias por América Latina, estaba disfrutando de México con su novia Lucía. Tanto sus comidas, como sus paisajes, sus habitantes y, por supuesto, sus particularidades a la hora de hablar castellano, lo sorprendían y lo convirtieron en un enamorado de ese país. Había registrado muchos regionalismos y estaba verdaderamente satisfecho porque sus cuadernos rojos eran cada vez más. La próxima escala en su visita debía de ser Acapulco, y para organizar el viaje, se dirigió a una agencia que le recomendaron en el hotel. Al llegar a la oficina, se sentó a esperar y escuchó una conversación muy interesante entre una pareja de novio. - Oye, Cristian, tú andas bien fuera de onda… - No, para nada, Verónica. - Vamos, ¿en qué estás pensando? - Quizás lo mejor es pasar la luna de miel en Cuba… - Pues no lo sé, pensemos otro destino… El
inglés continuó escuchando a los dos jóvenes. Quería saber si eso de estar
«fuera de onda» significaba, como en otros países que había recorrido, estar
pasado de moda… Pero no entendía la relación con Cuba y la moda, así que
decidió continuar oyendo y aprendiendo nuevas palabras y expresiones. | ||
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La distracción también se relaciona con las ondas Robert hojeaba un folleto turístico sobre los distintos lugares que podía visitar en Acapulco. Playas, calles, bares… Todo parecía hecho para el disfrute de los visitantes... Pero mientras nuestro amigo observaba las fotos con paisajes paradisíacos, continuaba prestando atención a la conversación de sus vecinos: - ¿No te gustaría que vayamos a Grecia, Cristian? ¿O a Egipto? ¡¡Un crucero por el Nilo sería precioso!! - Perdona, se me fue la onda… - ¿Pero qué te pasa? ¿Por qué estás tan distraído? - Es que tenemos que ver cuánto sale el viaje, mi amor… Creo que lo mejor sería una semana en Cancún… - ¡¡¡Qué mala onda!!! Estuve mil veces allá…
Johnson quiso seguir escuchando pero la empleada lo llamó para que se
acercase a su escritorio. Iba a quedarse con la intriga del destino elegido
por los futuros esposo. | ||
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A veces ocurre que te sacan de onda Cuando el inglés se dirigió a la empleada, le pidió que le organice una estancia por Acapulco, unos cuantos días de paseo, descanso, mar y sol. Una vez que la joven le ofreció una posibilidad para su estadía, con hotel y traslados incluidos, Johnson pudo dar rienda suelta a sus dudas lingüísticas. - Quería hacerle una pregunta… Es que me pareció escuchar que hay destinos que están fuera de onda y no sabía exactamente qué es eso… - ¿Fuera de onda? - Sí, señorita, algo así como pasado de moda… - Es que esa expresión se usa para indicar que alguien está distraído o confundido… También se usa «írsele la onda a uno» como sinónimo de perder el hilo, la concentración… - ¡¡Qué curioso!! Es que en otros países hispanos donde estuve, se usa «fuera de onda» para indicar que algo estaba pasado de moda… Acotó el inglés, y enseguida anotó las nuevas acepciones de estas expresiones en su cuaderno rojo. - Es que con la palabra «onda» hay muchas frases, por ejemplo buena o mala onda, que significa que alguien es muy agradable o la inversa… - Muchas gracias, señorita. Muy amable su explicación. La joven le dio al inglés todos los pasajes, las direcciones para el hotel y las instrucciones para su viaje a Acapulco y antes de irse, le dijo sonriente: - Y en Acapulco no deje que nadie lo «saque de onda»…
Robert sonrió. Pronto averiguaría que «sacar de onda» es sinónimo de «romper
la concentración de alguien» y nuestro amigo no estaba dispuesto a que nadie
lo molestase en su nueva escala por Acapulco. (Comunica. 05-11-03). | ||
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