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19 de noviembre de 2003


Los viajes del 
señor Johnson

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Al inglés se le van las cabras con los precios
M. Jesús Herrero Smith

Cuando alguien se agringa deja de ser auténtico
Las cabras mexicanas son muy impulsivas

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El señor Johnson estaba disfrutando de su estancia en Acapulco con su novia Lucía, con quien recorría las playas más bonitas del lugar. Ya había visitado Playa Papagayo, Playa Caleta Caletila, caracterizada por su oleaje tranquilo y su mar poco profundo, y ahora estaban recorriendo Playa Tamarindos, con su tradicional pueblo de pescadores.

Como se iba haciendo la hora de almorzar, preguntaron a una pareja cuál era un buen lugar para comer algún pescado típico de la localidad.

- Le recomiendo el restaurante de la esquina. Lo abrió mi cuate hace un año y siempre está lleno de gente. Los pescados son su especialidad.

Johnson quiso saber qué era eso de «cuate», una palabra que había escuchado mucho a lo largo de su viaje por tierras mexicanas.

- ¿Cuate? ¡¡Ah!! Es amigo, pero también se puede usar como sinónimo de persona o de gemelo. Depende cómo se use… En mi caso, le decía porque es el negocio de un amigo.

Robert se quedó conforme con la definición pero como tenía apetito decidió ir pronto a probar las delicias del cuate…

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Cuando alguien se agringa deja de ser auténtico

Lucía y Bob entraron al restaurante y pidieron cerveza y unos tacos como aperitivo. Les encantaba la comida típica mexicana y siempre probaban especialidades del lugar que visitaban.

Cuando la camarera se les acercó para ver qué plato iban a ordenar, el inglés le dijo

- ¿Qué nos sugiere, señorita?

- Creo que hay un plato especial de la casa, pero si me disculpa, le pregunto al cocinero y le informo.

Otro empleado que escuchó la conversación les sugirió que comieran el pescado del día, traído directamente del puerto a la mañana temprano.

- Es muy sabroso, no se van a arrepentir… Es que la muchacha estuvo trabajando un año en Nueva York y se agringó, ya ni sabe qué se prepara en este restaurante.

El inglés no entendió la expresión del mozo y le preguntó qué era eso de «agringarse».

- Es parecerse o tomar las costumbres de los norteamericanos, pero también se usa cuando alguien pierde su identidad… Pero era un chiste… No es cierto lo de agringarse… Bueno, ahí viene el pescado, van a ver qué bueno está.

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Las cabras mexicanas son muy impulsivas

La pareja probó el plato y de verdad estaba muy sabroso. Quisieron repetir y comer algún postre antes de marcharse, pero los dueños del lugar les convidaron un rico tequila.

- Es muy bueno, ya verán, señores… Eso sí, todo con moderación… ¡¡Con una botella es suficiente!! exclamó el empleado, ante la carcajada de Bob y Lucía.

- ¿Tiene mucha graduación, verdad? Quiso saber la dama colombiana.

- Sí, señora, es una bebida blanca, muy fuerte… Hay que ser cuidadoso, porque se le pueden ir las cabras a uno…

- ¿Tienen cabras por aquí?

- No, señor, ni cabras ni ovejas… Respondió el mozo, con una sonrisa.  «Írsele a alguien las cabras» es perder el control o también puede ser actuar por impulso… Y con el tequila nunca se sabe…

Lucía y el inglés se rieron y brindaron con una nueva ronda de tequila… A la segunda copita, algunas cabras estaban dando vueltas por el comedor del restaurante de Acapulco. (Comunica. 19-11-03).

 

 

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