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21 de enero de 2004


Los viajes del 
señor Johnson

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Los fandangos y los boleros desconcentran al inglés

Cuando volvieron los mariachis
Hay momentos en que sobran las palabras

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El señor Johnson, conocido personaje de los lectores de Unidad en la Diversidad, había iniciado el año 2004 con el firme propósito de pedir matrimonio a su novia Lucía, pero cuando estaba por hacerlo, un grupo de pasajeros del hotel interrumpieron su charla.

-¡¡¡Trencito, trencito!!! Gritaban dos jóvenes y Robert pensó que se estaban por ir a algún lugar… Pero grande fue su sorpresa cuando vio a todo el salón bailando unos atrás de los otros, tomados de la cintura.

- ¡¡Vamos, súmese al trencito!! Le dijeron y sin darle tiempo a pensar, lo tomaron de la mano y lo integraron como un «vagón» más de esta especie de danza festiva.

Mientras corría de un lado al otro, bailando y saltando con sus compañeros, buscaba con desesperación a Lucía, que formaba parte de la «locomotora» del trencito. Cuando al fin pudo liberarse de esa tortura en forma de baile, regresó a su mesa y volvió a pensar de qué manera podría pedir la mano de su novia.

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Cuando volvieron los mariachis

La orquesta mariachi estaba en otro rincón del salón de fiesta, esperando un momento propicio para volver a cantar. El inglés pensó que una buena opción era volver a su «plan A» para pedir la mano de Lucía y se acercó a ellos, para solicitarles algún bolero romántico. Muy amables, lo convidaron con tequila y le contaron que desde hacía muchos años estaban juntos.

- El Mariachi no es un simple invento de una sola persona, ¿sabe? Es producto de la cultura mestiza y surgió hacia el 1500, con la llegada de los conquistadores españoles… Explicó uno de los músicos.

Johnson agradeció la explicación pero no estaba para datos históricos sino decidido a organizar una situación romántica para su novia.

- Nosotros somos mariachis de cuarta generación. Los abuelos de nuestros abuelos organizaban unos fandangos excelentes… Comentó otro de los miembros del grupo.

El inglés no supo qué era eso de fandango, pero por única vez en su vida se hubiera quedado con la intriga si no es porque otro mariachi le comentó: - Fandango es sinónimo de fiesta… Y también es un ritmo y en su momento, fue un baile popular…

Bob sonrió, sin escuchar la explicación, y sólo volvió a la realidad cuando vio que Lucía se estaba yendo de la pista de baile hacia la mesa.

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Hay momentos en que sobran las palabras

Todo parecía haber vuelto a la normalidad. Lucía estaba sentada a la mesa, frente a Johnson, las luces del lugar eran tenues, los mariachis se acercaban a cantar una vez más y una brisa suave llenaba el sitio. Bob tomó la mano de Lucía y trató de decir algo, con un hilo de voz, pero no le salían las palabras. Todos los cuadernos rojos que había escrito a lo largo de su viaje no podían ayudarlo en ese momento, los boleros lo desconcentraban de tal modo que no pudo abrir la boca y se limitó a sacar de su bolsillo un cofre con un anillo y dejarlo encima de la mesa.

Lucía, que entendió el gesto, miró al inglés y estuvo a punto de abrirlo y decir algo, pero en ese preciso instante se encendieron las luces y comenzó el baile. El inglés, enfurecido, tomó el anillo y salió del comedor, pero Lucía lo siguió y en el jardín del hotel, sin testigos, ni mariachis, ni trencitos, aceptó la propuesta de su novio con un beso. (Comunica. 21-01-04).

 

 

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