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11 de febrero de 2004


Los viajes del 
señor Johnson

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Fumar como un chacuaco es perjudicial para la salud
M. Jesús Herrero Smith

No hay ni modo de entrar en razones
Los méndigos son distintos a los mendigos

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El señor Johnson estaba disfrutando de sus últimos días en Acapulco, México. Junto con su novia, visitó La Condesa, Revolcadero y Barra Vieja y sólo le quedaba por conocer Pie de la Cuesta, famosa por sus espectaculares puestas de sol.

Situada a 10 kilómetros al noroeste de Acapulco, por su disposición al océano, su oleaje es excepcionalmente fuerte, tumultuoso y desde ese sitio se contempla toda la majestuosidad del mar.

Lucía y el inglés disfrutan de un precioso atardecer, en la mesa de un bar, frente a la playa y piensan en su futura boda.

- Como diría el joven del hotel, voy a hacer changuitos para que todo salga bien y pronto podamos casarnos, dijo Bob.

- ¿Cómo dices?

- Sí, hacer changuitos, cruzar los dedos, para invocar a la buena suerte…

- Ah, claro… Es que me olvidaba que tengo un futuro esposo experto en regionalismos…

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No hay ni modo de entrar en razones

Bob y Lucía disfrutaban de un tequila y observaban cómo se ponía el sol en el impresionante paisaje mexicano. Mientras tanto, el inglés aprovechaba para oír la conversación de unos niños que estaban sentados en la mesa de al lado.

- Ándale, ayúdame con los deberes…

- Ni modo, tú nunca me ayudas a mí…

Otro de los pequeños intercedió pero recibió una respuesta poco amigable:

- No seas metiche… Si quieres, ayúdalo tú.

El inglés, que escuchó atentamente la conversación, le preguntó al camarero qué era eso de «ni modo» y «metiche». El camarero le dijo que son dos expresiones muy comunes para indicar que algo es imposible, por un lado, y por otro, que una persona es entrometida… Johnson entendió todo, se sonrió, y pidió otro tequila.

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Los méndigos son distintos a los mendigos

Una vez que se hizo de noche, Lucía le dijo a su novio que prefería ir a dar un paseo antes de cenar. El inglés, entonces, llamó al mozo y le pidió la cuenta. El joven se acercó y la pareja notó que estaba tenso, con la cara enrojecida.

- ¿Le pasa algo, joven? Preguntó Lucía.

- Disculpe, señora, es que algunos clientes son méndigos…

- La verdad … toda la gente que veo está muy bien vestida, no he visto mendigos por aquí… Comentó el inglés.

- No me refiero a mendigos… Méndigo es vil, despreciable, malvado… Y lo digo porque tuve que echar a una persona que se negaba a dejar el puro pese a estar sentado en la zona de no fumadores… Fumaba como un chacuaco y no se iba…

- Quédese tranquilo, ya pasó… Dijo Lucía.

- Sí, pero fue un momento muy feo.

- Claro, comprendo… Una consulta, ¿qué es eso de chacuaco? Nunca lo había oído en mi vida. Quiso saber el inglés, que aprovechaba toda ocasión para descubrir nuevas palabras.

- ¡¡Ah!! Es fumar mucho, como un horno de platería, que se llama chacuaco

Lucía y Bob salieron del lugar. Habían aprendido muchas palabras nuevas y tenían mucho de qué hablar en su cena romántica, para despedirse de Acapulco. (Comunica. 11-02-04).

 

 

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