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26 de febrero de 2004


Los viajes del 
señor Johnson

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El inglés conoce el café pluma en Huatulco
Por M. Jesús Herrero Smith

Cuando el café parece una pluma
Cuidado con la jodicial

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Johnson había decidido pasar unos días en Huatulco, disfrutar de las playas y el mar y recorrer, junto con Lucía, los rincones más escondidos del lugar.

- Vamos a descubrir otro rincón mexicano, ¿estás contenta? le preguntó el inglés a su novia.

- Sí, Bob, claro… pero un día tenemos que descansar y preparar la boda.

- Tú no te preocupes, vamos a disfrutar, pasear… Yo voy a echar cáscaras con los jubilados del hotel… Todo va a salir bien…

- ¿Echar cáscaras? Tú cada día hablas más raro

- Es que estuve conversando con unos jóvenes y me dijeron que «echar cáscaras» era jugar algún deporte en equipo.

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Cuando el café parece una pluma

La pareja llegó muy temprano al hotel y salieron a recorrer las bahías. El sol acompañaba a los novios y el mar les brindaba un paisaje de sueños.

A la hora de comer, fueron a un restaurante típico y les dijeron que deberían de probar el «café pluma».

- ¿Café pluma? ¿Acaso saldremos volando después de beberlo? preguntó el inglés, muy risueño.

- No lo creo, señor… pero va a ver qué sabroso es. Es la variedad mexicana de mayor reconocimiento internacional. Tiene un aroma penetrante y un sabor especial… ¡¡Pruébelo!!

El inglés no se hizo rogar y disfrutó, junto con Lucía, de una rica taza de café pluma… pero eso sí, antes de partir a dormir su siesta, bebió un buen tequila, una de las bebidas más deliciosas que había conocido en su viaje por América Latina.

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Cuidado con la jodicial

Una vez que llegaron al hotel, el inglés decidió descansar cerca de la piscina o alberca, como dicen los mexicanos. Le gustaba mucho ver el jardín, las plantas, las flores y la naturaleza desbordante de América. Mientras pensaba en la belleza del parque, escuchó al jardinero, que decía a un compañero.

- La jodicial hizo una redada en esa discoteca, anoche. Le dije a mi hermana que no fuera, porque no me gustaba mucho la gente que frecuentaba el lugar.

El inglés escuchó un poco más la conversación para descubrir nuevos regionalismos y agregarlos a su cuaderno rojo.

-Creo que tu hermana se las olió…

-Puede ser, la verdad que me alegro… ¡Te imaginas mi madre si se entera!

El inglés no pudo con su curiosidad y se dirigió a la recepción para averiguar qué era eso de «jodicial», aunque se la maliciaba… Lo de «olérselas» lo había entendido perfectamente, porque ya había escuchado esa expresión, con el sentido de «sospechar».

La recepcionista del hotel se rió con la pregunta de Bob.

- Es que la jodicial es la policía judicial… pero es una expresión un poco vulgar… Tenga cuidado por dónde se mete, no sé en qué sitio pudo haber oído esa palabra.

Robert agradeció el dato y se rió… No podía decirle a la joven que había escuchado esa palabra en el jardín de ese precioso hotel en el que estaba alojado. (Comunica. 25-02-04)

 

 

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