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2 de junio de 2004


Los viajes del 
señor Johnson

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El inglés aprende a fayuquear en México
Por M. Jesús Herrero Smith

La fayuca es complicada
La garra mexicana cambia con la moda

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- Ahí la llevamos, aunque la economía no ayude… Comentó Ramírez, un señor canoso y gordo a otro amigo, en una plaza cercana al hotel donde estaba el señor Johnson.

- No te quejes… Mi hijo anda fayuqueando desde que cerró la fábrica. Tú por lo menos tienes tu negocio, todavía.

Johnson «paró la oreja», como dicen algunos hispanohablantes para referirse a la forma de escuchar sin permiso… Y anotó algunas palabras en su cuaderno rojo. Tenía que esperar un rato a Lucía, que estaba de compras, y se iba a dedicar a su afición: coleccionar regionalismos del español.

La fayuca es complicada

- La fayuca ya no es lo que era antes… Ahora tenemos mucha competencia… Y claro, la policía también está atrás nuestro… Así es muy difícil.

- Pero que no se diga… Un vendedor ambulante de toda la vida.

- Sí, y mi ilusión era que mis hijos se dedicaran a otra cosa… Pero no pudo ser.

- No se aflija… Por lo menos tiene su casa, su coche… Y vive, ¿no?

- Bueno, bueno… La llevamos ahí…

Johnson miró para todos lados a ver de qué hablaba… ¿Qué era lo que lleva ahí? Pero al fin se dio cuenta de su error.

- Ni diga que la lleva ahí… Usted no sólo subsiste, también ayuda a su hija viuda…

El inglés se dio cuenta de que «llevarla ahí» no tenía nada que ver con un lugar especial sino con subsistir, aguantar, seguir adelante.

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La garra mexicana cambia con la moda

Robert estaba muy intrigado porque quería saber qué era lo que vendía este señor en la calle. Ya había anotado algunas palabras y quería saber algo más. Por suerte, pronto descubriría el rubro de las ventas.

- ¿Sigue con los platos y las tazas?

- No, hace mucho que no me dedico a ese rubro. Estuve un tiempo con zapatos, pero ahora me dedico a la garra… No sabe cómo vendo, sobre todo a las muchachas jóvenes. Es que mi hija me asesora y por eso me va bien con las mujeres… Son tan raras.

El inglés estaba desconcertado. Sabía que había que poner interés y dedicación para contentar a las mujeres, pero no entendía qué era eso de «garra».

- ¿Y cambia mucho según la estación del año?

- De moda y colores se ocupa mi hija… Pero sí, cambia la ropa mucho según el tiempo.

Johnson comprendió perfectamente que «garra» era ropa y justo cuando iba a continuar escuchando el diálogo, llegó Lucía.

- ¿Estabas aburrido?

- La verdad que no… Por cierto, ¿te has comprado más garras?

- ¿Garras? Sólo compré algo de ropa.

El inglés sonrió y junto con su novia se dirigió al hotel para cenar y compartir un rico tequila mexicano. (Comunica. 02-06-04).

 

 

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