Los
viajes del | ||
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El inglés quiere
relajarse y no lo dejan
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- Vamos a un spa… Estoy muy cansada con todo lo que ha pasado y creo que nos merecemos un descanso, dijo Lucía, en tono más de orden que de sugerencia, a nuestro amigo inglés, Robert Johnson. La dama colombiana se encargó de hacer las reservas y así, después de los problemas con la policía, las declaraciones y las comisarías, se encontraron en un hermoso lugar con aguas termales y todo tipo de propuestas relajantes. - Tengo una duda, dijo el inglés. - Dime, quizás te puedo ayudar a elegir entre el baño turco y el sauna. - Pues en realidad quería saber cómo se dice «spa» en castellano. Lucía
no entendía cómo el inglés tenía en su cabeza esas cosas, así que prefirió
hacer de cuenta que no lo oía y se internó en las aguas maravillosas. | ||
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A Johnson le disgusta el fango Cuando terminaron con las llamadas «hidroterapias», una de las encargadas del lugar les ofreció que probaron con la aplicación de fango. - ¡¡Esta mujer está loca!! ¿Me piensa llenar de barro? ¡¡Qué asco!! exclamó el inglés, con expresión de desagrado. - Pero Bob, no es barro, son unas tierras buenísimas para la piel. Silencio, que viene la joven, dijo Lucía, sonriendo a la asistente del centro de belleza. - ¿Se decidieron por el fango? - Sí, señora, claro… Respondió la novia del inglés, sonriente, pero Johnson no se movía. - Señor, por favor, ¿me acompaña? Le aplicará el fango un hombre, no se preocupe… - No, no es eso… balbuceó el inglés. - Espere un momento. La joven fue en busca de su compañero, un robusto empleado que con una gran sonrisa llegó a la sala y dijo: - ¿Me lo llevo a chaleco? - No, gracias, no tengo frío, respondió el inglés. - Pero yo no digo nada de eso… Le decía si me lo llevo a la fuerza, a chaleco… - Ah… Es que no sé si me gustará la experiencia. - Hagamos una cosa… Probamos en los brazos, y si le gusta, seguimos con el cuerpo, ¿está bien así? El
inglés aceptó a regañadientes… pero finalmente se dio cuenta de que no era
tan tremenda la sección de fango. | ||
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Los azotes mexicanos tienen sus particularidades - La clave en todo esto es la relajación… usted esté tranquilo. Robert trataba de relajarse lo más posible, pero la mezcla de cremas, aceites y ungüentos no lo terminaban de convencer. - En estas terapias lo mejor es estar tranquilo y no pensar en nada. Una señora, el otro día, no me hizo caso y por levantarse a buscar su teléfono móvil, azotó. - ¡¿Lo azotó a usted?! exclamó Johnson, asombrado. El joven lanzó una carcajada que llegó a todo el centro… - ¿Pero cómo se le ocurre? Azotar es caer y darse un golpe duro - Ah, comprendo… Y ya que estamos en cuestiones de vocabulario… ¿Me podría decir qué palabra se usa en español para «spa»? El joven se quedó pensando… - Realmente, nunca lo había pensado… Creo que no hay ninguna. El
inglés se sintió un tanto decepcionado… No podía anexar otra voz a su
cuaderno rojo. (Comunica. 26-05-04). | ||
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