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14 de noviembre de 2004


Los viajes del 
señor Johnson

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Antojitos mexicanos para la boda del inglés
M. Jesús Herrero Smith

La loza debe ser, ante todo, muy comestible
Las sillas acojinadas constituyen un problema

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- Tacos dorados de pollo, sopecitos de chorizo con papa, tostaditas de tinga y quesadillas de hongo y picadillo, ¿te gusta el menú? Son antojitos mexicanos…

El inglés puso cara de sorpresa y asombro porque no conocía prácticamente ningún plato de los que le describía su novia Lucía.

- Pues no sé, tú eres la experta…

- Pero no me dejes así, Bob, es nuestra boda… Mira, los tacos dorados de pollo tienen queso, crema y lechuga; los sopecitos de chorizo con papa y las tostaditas de tinga llevan frijoles, queso y crema. A las quesadillas ya las conoces, los hongos son las setas, a ti te gustan mucho.

- Sí, claro, todo es buenísimo… ¿Pero tinga es una comida? Yo pensaba que era alboroto, gritería.

- El alboroto lo haremos nosotros con la boda… Pero no, Robert, es un plato de carne picada, cebolla, tomate y chile. Si quieres podemos probarlo.

El inglés asintió… Estaba totalmente abrumado con los antojitos de su boda…

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La loza debe ser, ante todo, muy comestible

Lucía, como buena novia, quería que la fiesta saliera perfecta, y aunque iban a tener pocos invitados, pensaba preparar el salón muy elegante para la ocasión.

- Tenemos que elegir la loza, también… ¿Te gusta el barro, la porcelana o la cerámica?

El protagonista de nuestra historia era totalmente ajeno a esas cuestiones decorativas y estaba un poco abrumado con tantas preguntas y cuestiones.

- Mira, ahora sí que no entiendo nada… ¿Qué comida más rara es ésa?

- Pero Bob… ¡¡¡Son los platos en los que vamos a servir la comida!!!, exclamó, entre carcajadas, Lucía.

- ¿Y eso también hay que elegirlo? Pues coloca tú el que quieras…

- No seas así, es nuestra boda… Tenemos que compartir todos los preparativos…

A Lucía le disgustaba que Johnson fuera tan poco atento con su casamiento, por eso insistía para que él se implicara en todas tareas.

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Las sillas acojinadas constituyen un problema

Cuando terminaron de hablar del menú, la dama colombiana volvió a «arremeter» con la decoración:

- Por cierto, había pensado en colocar sillas acojinadas…

- ¡¡¡Pues sí que me has acojonado, como dicen los españoles!!! Pero no con las sillas, sino con los precios… Gritó Bob, mirando el catálogo.

- No son «acojonadas» sino «acojinadas»… Con cojines… Quedan mucho mejor, ¿no?

- Mira, Lucía, yo te quiero a ti… No me importa la comida, ni las sillas ni nada… Si tú quieres, traemos los cojines de Inglaterra… Pero yo prefiero una boda junto al Caribe, tú y yo… Y a la vuelta de una bonita luna de miel, hacemos la fiesta que quieras. Decide tú, yo estaré feliz con lo que te haga feliz a ti.

Lucía se quedó muda. Tenía que tomar una decisión y ya casi la tenía tomada, pues al escucharlo se dio cuenta de que la propuesta del inglés era de lo más romántica. (Comunica. 13-10-04).

 

 

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