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21 de agosto de 2005


Los viajes del 
señor Johnson

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El inglés compra yugo y argollas para su boda
M. Jesús Herrero Smith

Flores y serenatas, dos costumbres muy entrañables
Johnson sorprende a su novia en la víspera de la boda

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- Bob, recuerda que debes comprar el yugo y las argollas, dijo Lucía, la novia de Robert Johnson, dos días antes de su boda con el protagonista de nuestra historia, que finalmente se disponía a dar el sí.

- Claro, amor, no te preocupes, respondió el inglés, y se marchó de la casa de su prometida a un hotel, porque Lucía no quería que la viera vestida de novia antes de llegar a la Iglesia.

El pobre hombre estaba perdido, no sabía qué era lo que tenía que decir ni hacer. Sólo se había comprado un traje, elegido junto con su novia, unos zapatos y algunos complementos para lucir en la ceremonia… Pero como era la primera vez que se casaba, desconocía muchas tradiciones, así que decidió pedir ayuda. Una vez en el hotel, se acercó a la joven recepcionista y comenzó a hablarle.

- Buenos días, señora, una consulta, ¿usted es casada?

La muchacha lo miró sorprendida y le dijo: - Sí, ¿por qué lo pregunta?

- ¡¡Qué suerte!! Es que me va a poder ayudar.

- Perdone, no comprendo, agregó la joven, visiblemente molesta.

- Es que me caso en dos días y tengo que comprar algunas cosas… Pero no sé qué son ni dónde puedo comprarlas.

- Claro, claro, no se preocupe que yo lo ayudo, ¿de qué se trata? Respondió la empleada, que estaba empezando a comprender las necesidades de nuestro amigo.

- Mi novia me dijo que tengo que llevar el yugo y las argollas… Pero yo sólo compré unas alianzas de oro, no sé que más debo comprar…

- Las alianzas son las argollas, aquí se llaman así… Espere un momento, ahora regreso.

El inglés sintió un gran alivio, porque había encontrado ayuda. Ahora sólo le faltaba saber qué era eso del yugo.

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Flores y serenatas, dos costumbres muy entrañables

- Bueno, señor Johnson, le comento que el yugo es un ramo de flores y en la tradición de Colombia, es el último regalo de flores que le hace el novio a su prometida antes de ser su marido.

- Entonces, ¿compro un ramo de flores y se lo doy el día de la boda?

- ¡¡¡Ni se le ocurra!!! En primer lugar, vamos a llamar a una florería para que usted elija el ramo que más le guste y mejor le siente a su novia. No puede ser un ramo cualquiera. Además, para entregarlo, hay dos maneras. O bien el padrino de la boda lo lleva a la casa de la novia antes de que salga para la iglesia, o bien se lo entrega el novio cuando ella llega al altar.

- Me parece mejor la opción del padrino… ¿Usted podría encargarse de las flores? Es que estoy muy nervioso y seguro que elegiría mal.

- Claro, descuide. Yo me encargo del yugo… Por cierto, el ramillete suele estar envuelto en una cinta de la misma tela del vestido de novia o bien con tul… Creo que para ser más prácticos, los vamos a encargar con tul ¿Y cuándo le organizará la serenata?

Johnson se quedó mudo… No sabía que también tenía que organizar serenatas para su boda.

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Johnson sorprende a su novia en la víspera de la boda

La recepcionista del hotel le explicó la costumbre colombiana de las serenatas, que se organiza la víspera de la boda, para que la novia se vaya a dormir con música y promesas de amor. Antiguamente, era el novio, junto con sus amigos, quienes cantaban a la futura esposa, pero actualmente hay muchas posibilidades, como contratar a mariachis o a un grupo de cantantes.

- ¡¡Es que tenemos muy poco tiempo!! Vamos a ver qué se puede organizar en dos días. Antes que nada, debe comunicarse con la familia para que inviten a los más allegados la víspera de la boda. Usted deberá llegar a la casa con la serenata, pero deben preparar bebidas y algo de comida para servir a los que vayan.

Robert estaba por romper a llorar ante tantas cosas, pero decidió mantener la calma y llamó a una sobrina de Lucía. La joven saltó de alegría con la noticia y dijo que haría muy feliz a su tía con un grupo de mariachis.

La recepcionista del hotel intentó con varios teléfonos de conjuntos musicales, pero todos tenían trabajo… Finalmente, después de diversas gestiones, pudo contratar a cuatro mariachis, que le prometieron al inglés un repertorio de boleros muy romántico. Johnson estaba agradecidísimo a la empleada del hotel, a punto tal de que la invitó a la serenata y a la boda, junto con su marido.

Fue así que, el día antes de casarse, Robert se presentó ante su novia como un verdadero caballero, llevando flores, boleros y promesas de amor a una Lucía que no cabía en sí de felicidad. (Comunica. 17-08-05).

 

 

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