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19 de enero de 2005


Los viajes del 
señor Johnson

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El inglés inicia su luna de miel en Guinea Ecuatorial

M. Jesús Herrero Smith

La llegada a Malabo
Cuidado con el topé

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- Tengo una sorpresa para ti, Lucía. Mañana partimos a Malabo, la capital de Guinea Ecuatorial. Dijo el señor Johnson, flamante esposo de Lucía, la mañana siguiente de su noche de bodas.

- ¿Cómo dices?

- Sí, querida, se me ocurrió que sería un lugar muy exótico y diferente... Y que podría seguir practicando español, ya que el castellano es la lengua oficial en ese país africano, además de otras lenguas autóctonas.

- ¿Pero cuándo has organizado todo? ¿Estás seguro de que tenemos los papeles en regla?

- No te preocupes, tengo todo bajo control. Dentro de unos días estaremos disfrutando de una hermosa puesta de sol en el Mirador de la Avenida de la Independencia.

Lucía, que estaba acostumbrada a las extravagancias del inglés, sonrió y con mucha ilusión se dispuso a preparar el equipaje.

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La llegada a Malabo

Malabo es la capital de Guinea Ecuatorial y fue fundada en 1827 por el capitán de Fragata Frits William Owen. Está ubicada entre Punta Fernanda y Punta Cristina y constituye un puerto natural a partir de un antiguo volcán invadido por el mar.

Cuando Johnson y Lucía estaban por aterrizar en la ciudad, quedaron maravillados por la frondosa vegetación africana, los árboles y las plantas gigantes, por las que se vislumbraba el pequeño aeropuerto internacional de Malabo. Una vez que aterrizaron, atravesaron sólo siete kilómetros y arribaron a la ciudad.

- Vamos a comer algo y recorrer las calles, propuso Lucía, muy contenta de pisar por primera vez el continente africano.

- Perfecto, Lucía, me gusta que estés contenta y animada.

La arquitectura, de tipo colonial, con manzanas casi regulares, parece pedir permiso a la vegetación, que crece hasta en las paredes y en el asfalto. La Plaza de la Independencia o Plaza de España es la más importante de la ciudad y allí se dirigió la pareja de recién casados para comer y beber algo.

- Mira, Lucía, en ese lugar ofrecen ñames...

- No sé qué son, ¿es algún plato típico?

- Realmente no tengo idea, pero estaría bien aprender alguna palabra del español de Guinea Ecuatorial, ¿no crees? Preguntó el inglés, demostrando que ni de casado pierde su interés por las variedades regionales del español.

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Cuidado con el topé

Al entrar en el restaurante, ubicado muy cerca de la Plaza, pudieron divisar el mar, el puerto y la bahía. El inglés llamó al camarero y, por supuesto, le preguntó qué era el ñame.

- Es el nombre del bar, señor. Se trata de un tubérculo típico del país.

- Entiendo y hablando de platos típicos ¿qué podríamos probar, como plato típico?

- Puedo ofrecerles distintos tipos de carne, tales como carne de aves, ovejas o cerdos. También tenemos especialidades de caza, como carne de mono, ardilla o antílope...

- Creo que voy a probar el conejo, dijo rápidamente Lucía, que tenía terror de que a Bob se le ocurriera pedir el mono.

- Muy bien, señora. Le recomiendo, caballero, un plato que es típico del sur de Bioko y que tenemos hoy para ofrecerle: carne y huevos de tortuga.

Pese a la cara horrorizada de Lucía, el inglés optó por la tortuga y decidió probar una bebida típica, el topé.

- Estoy seguro de que les va a gustar. El topé o vino de palma es un caldo que se extrae del tejido blanco que hay en la copa de las palmeras de aceite. Para encontrarlo, se debe trepar hasta lo más alto de estos árboles y lo hacen generalmente algunas poblaciones que viven en la selva, ayudados de unos arcos de fibra vegetal. Le recomiendo que tenga precaución, porque es una bebida alcohólica.

Robert no prestó demasiada atención a los consejos del camarero y se dejó llevar por la alegría y la felicidad de su primer día de luna de miel. El topé era una bebida muy sabrosa y, embriagado por sus encantos, Lucía debió ayudar a su marido para llegar al hotel sin que se cayera por las calles de Malabo. (Comunica. 19-01-05).

 

 

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