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13 de julio de 2005


Los viajes del 
señor Johnson

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Cuando hablar por teléfono se convierte en una odisea

Problemas con estrellas y almohadillas
Los colores también traen conflictos

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- Bob, mi amor, ¿podrías ir al aeropuerto a recoger a mi prima Asunción? Llega en dos horas desde Madrid. Pidió Lucía a su novio.

- Claro, ¿cómo es ella?

- Aquí te dejo una foto... Pero la reconocerás enseguida porque seguro que viene con su perro…

El inglés salió rápidamente al encuentro de una de las tantas parientes de Lucía que llegaba para la boda. Asunción, una de las decenas de primas o tías de su novia, repartidas por todo el mundo, también había sido invitada a la celebración que según Johnson iba a entrar en el libro de los récord por la cantidad de invitados.

Una vez que llegó al aeropuerto, el inglés tardó en identificar la terminal donde llegaba el vuelo de España, pero no le ocurrió lo mismo cuando tuvo que identificar a su futura prima… En efecto, estaba con una hermoso perro y dos o tres maletas, saliendo a su encuentro.

- ¡¡Querido Robert!! Un gusto conocerte. Enhorabuena por la futura boda… Exclamó Asunción, mientras el perrito olfateaba el paraguas del inglés.

- Muchas gracias, Asunción. Si me permites, te llevo el equipaje. El carro está un poco lejos de aquí.

- ¿El carro? ¿Qué carro? Preguntó Asunción, con mezcla de asombro y temor.

- ¡Ah, disculpa! Me refería al coche, es que aquí dicen «manejar un carro» en vez de «conducir un coche».

- Ahora me dejas más tranquila… Por cierto, antes de llegar a casa de Lucía querría hacer una llamada.

- Claro, vamos a las cabinas telefónicas…

El protagonista de nuestra historia acompañó a su futura prima a la otra punta de sala del aeropuerto. Estaba contento porque la había encontrado, pero ya le empezaba a fastidiar ese perrito molesto, que no dejaba de oler su paraguas.

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Problemas con estrellas y almohadillas

Robert se quedó esperando a Asunción con su equipaje y su perrito y al cabo de 15 minutos se asomó para ver qué estaba pasando. La dama no salía de las cabinas y por más que quisiera ayudarla, le era imposible porque no dejaban entrar a los animales en la zona de las comunicaciones.

Después de casi media hora de espera, cuando el inglés ya pensaba seriamente en hacer desaparecer al famoso perrito, apareció Asunción con cara de desesperación.

- ¡¡Es imposible comunicarme con nadie!! ¡¡No entiendo nada!!

- A ver, Asunción, siéntate y cuéntame qué pasa…

- Mira, quería pasar por la tienda de regalos antes de llegar a casa, así os daba a ti y a Lucía mi obsequio de bodas… Pero es imposible averiguar la dirección.

- ¿No te responde nadie el llamado?

- ¡¡No es eso!! Es que llamas a un número y sale un conmutador…Que por lo que entendí es una centralita…

- Exactamente… Te van dando opciones, ¿verdad? Si quieres comunicarte con ventas, si quieres con atención al cliente…

- Efectivamente, pero cuando marcas la opción elegida te dice «haga clic en asterisco» y no sé de qué se trata… Marqué casi todas las teclas, pero nada…

- Se refiere a la tecla estrella… Si quieres yo lo intento.

El inglés, que quería sacarse al perrito de encima, fue a las cabinas telefónicas y en dos minutos hizo todas las averiguaciones… Pero antes se encargó de escribir en su diccionario español-inglés; inglés-español, todas las acepciones de las teclas telefónicas.

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Los colores también traen conflictos

Tal como le pidió Asunción, Bob la llevó a la casa de regalos… Una tienda enorme, con todo tipo de accesorios para el hogar: toallas, sábanas, lámparas, manteles, portarretratos y mil y un objetos para hacer las delicias de la prima de Lucía.

Roberto se quedó esperando fuera, con el famoso perrito. Asunción, mientras tanto, trataba de hacerse entender con las vendedoras.

- Mire, yo he visto por Internet un edredón burdeos, con almohadones beige…

- Con gusto le muestro los almohadones que tengo, pero no comprendo a qué llama usted edredón burdeos…

- Es como una manta para colocar encima de la cama, de color vino tinto…

- Claro, claro… Por aquí, señora…

Asunción observó el edredón pero no le convenció el color…

- ¿No tendrá otro en malva?

- ¿Se refiere a otro edredón o a otro color? Preguntó la señorita, con cierta vergüenza.

- Otro edredón color malva, lila…

- Lamentablemente no me queda, pero le puedo ofrecer otro color café, nos acaba de llegar…

- ¿Café? ¡¡Ah!! Color marrón…

Pese a las pequeñas diferencias de vocabulario, empleada y compradora se pusieron de acuerdo. Asunción revisó la tienda de arriba abajo y dio con un edredón a su gusto.

Cuando salió del negocio, el inglés había perdido su flema británica y había encerrado al perrito en el coche… ¡¡Es que cómo se le ocurre al pobre can elegir como baño público al mango de su paraguas!! (Comunica. 13-07-05).

 

 

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