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15 de noviembre de 2005


Los viajes del 
señor Johnson

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Lucía y el inglés llegan a Bogotá después de varios palos
Por M. Jesús Herrero Smith

Frutas tropicales y lingüísticas
Cuando el palo produce somnolencia

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Después de su accidentada luna de miel, el señor Johnson y Lucía regresaron a Colombia, pero con tanta mala suerte que el avión se averió y debieron descender en Caracas dos días, antes de poder llegar a Bogotá.

El inglés estaba desesperado porque todo había salido mal. La lluvia había «aguado», en todo el sentido de la palabra, los preciosos días que había planificado para celebrar su boda.

Lucía, por su parte, trataba de ver el lado bueno:

- Por lo menos no nos pasó nada, amor… Aquí estamos juntos.

- Sí, claro… Bueno, vamos a desayunar, ¿te parece? Dijo el inglés, que se quería marchar cuanto antes a Bogotá.

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Frutas tropicales y lingüísticas

Al llegar al restaurante del hotel, un nutrido grupo de pasajeros comentaba los problemas de su viaje y las inclemencias del tiempo.

- Menudo lío, ¿verdad? Comentó una pareja española…

- Más que menudo, diría que muy gordo, acotó Johnson.

- Claro, hombre, claro… Es una forma de decir… Pero vamos a probar esas frutas tan buenas a ver si se nos va la cara de pocos amigos… Mire qué melocotón tan bueno… ¡¡¡Y los albaricoques!!!

- ¿Melocotón, albaricoques? Yo veo unos duraznos y unos damascos buenísimos, exclamó un joven argentino, para integrar la conversación…

- Claro, claro… Dijo Johnson. Es que ustedes los llaman así, pero en España de forma diferente, apuntó el inglés, que se empezó a animar con este cruce de regionalismos.

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Cuando el palo produce somnolencia

Johnson y sus nuevos amigos se sentaron juntos y comenzaron a desayunar, mientras las esposas comentaban lo duro que habían sido las últimas jornadas.

- Creo que no olvidaré mi luna de miel… Comentó Lucía, que no veía la hora de llegar a su casa.

- Bueno, por lo menos, tendrás algo para contar muy original, agregó la joven española… No se consuela quien no quiere, ¿no?

- Yo le veo el lado positivo, dijo la argentina. ¡¡¡Pude conocer Caracas!!! Y les cuento qua ayer fuimos a ver un espectáculo muy bueno, si quieren les doy la dirección para esta noche…

- ¡¡Espero que esta noche podamos volar a Bogotá!!

- ¿Cómo dices? No sé si será posible… ¡¡Y mira a nuestros maridos!! Con ese plan, no se van más de Venezuela.

Lucía se dirigió a la mesa donde estaba el protagonista de nuestra historia con los jóvenes argentino y español. Cuando llegó, le dijo, con una voz un poco «alegre»: ¿Quieres un palo, Lucía?

- ¿Para qué voy a querer un palo?

- Para beber… Un palo de ron…

- Muchas gracias, no quiero… Y me parece que ya debes dejar los palos, tenemos que averiguar si sale hoy nuestro avión.

El inglés sonrió pero no hizo caso a su mujer, así que Lucía se encargó de averiguar cuándo salía el vuelo a Colombia. Para su alegría, en pocas horas tenía que estar en el aeropuerto, así que hizo rápidamente las maletas y fue a buscar al inglés, que seguía conversando con sus amigos y bebiendo «palos»…

La flamante mujer de Johnson casi inicia la primera pelea matrimonial a cuenta del ron venezolano, pero finalmente el inglés entró en razones y, justo a tiempo, se embarcó para Bogotá, a donde llegaron cansados y con varios «palos» de más. (Comunica. 16-11-05).

 

 

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