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25 de febrero de 2000


Tribuna de opinión

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HERNÁN RODRÍGUEZ CASTELO
Una emergencia ortográfica

La urgencia más urgente
¡Y hasta el novelista!
Perplejidad antigua

Los cuatro “por que”
Los libros de estilo

 

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Con frecuencia, el periodismo escrito padece de achaques idiomáticos que ameritan un “consultorio gramatical” para atender emergencias ortográficas. Una de las más urgentes es la atinente a los cuatro “por que” del español: por que, por qué, porque y porqué.

Fue el escritor y lingüista argentino Arturo Capdevila quien tituló una columna periodística “Consultorio gramatical de urgencia”, y tan feliz pareció el título que acabó siéndolo del libro que recogió esas consultas.

Pues bien, parece que vamos a tener que abrir consultorio semejante en esta columna. Porque hay verdaderas emergencias. Casos que, lejos de ser de uso más libre de la lengua o más popular o innovador, o lo que sea, lo son de simple perplejidad por ignorancia; es decir, de gente que querría escribir lo adecuado y simplemente no lo sabe.

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La urgencia más urgente

Y de estas consultas, la más urgente parece sin duda el uso de esas cuatro formas al parecer tan parecidas, pero de hecho tan distintas, que son por qué, por que, porque y porqué.

La vacilación es ecuatoriana, pero no solo ecuatoriana: basta ver las meteduras de pata en los letreritos de las películas en inglés que nos pasan canales a los que tanto buen cine debemos agradecer los cinéfilos como Cinemax o HBO Olé. ¿Casos que muestran el problema? Los hay por decenas.

1. Una publicidad pregunta: “¿Por qué los Empresarios en el Ecuador prefieren Acer Mate?” (El Comercio, Quito, 3 de octubre de 1995).

Y con ese “porque” estos empresarios mayúsculos (porque maldita la falta que al empresario normal le hace esa mayúscula) no preguntan nada.

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2. Y en una propaganda no de Acer Mate sino de Cecilia y Noboa, que se presentaban a elecciones como “¡La mejor alternativa!” (estos no eran mayúsculos sino enfáticos; de todos modos, esdrújulos), decían que se debía votar por ellos por varias razones (como la utópica rebaja del precio de la gasolina) y entre ellas esta:

“Por que el trabajo de la mujer en su casa, le otorgue los beneficios del Seguro Social”. (El Universo, Guayaquil, 16 de mayo 1996).

Y lo que los candidatos necesitaban y no supieron usar fue el “porque”. La conjunción: “Porque la mujer…”

3. En Jóvenes y punto leo: “… ahora entiendo porqué el otro día Carla, medio sonreída, no retiraba sus ojos de los dedos del enano de Juancho”.

Y con ese “porqué” no preguntaban lo que querían; es decir, por qué la tal Carla hacía eso con el tal enano. Y el joven –lo suponemos joven- articulista volvía a equivocarse:

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“Comprenderán entonces porqué muchas mujeres en lo primero que se fijan…”

4. Aquí ya no cabe pensar en juventud. En un “Comentario” de El Comercio de Quito –columna que acabó por dejar fuera de circulación (aunque sigan allí, impertérritos) los editoriales del diario- leemos:

“Y la desesperación de los Terán –cuyas (sic) actuación en la última manifestación fue totalmente irresponsable- se explica por que el país comienza a entender que debe salir del statu quo” (28 de noviembre 1997).

El lector que lea hasta el final sabrá por qué ese “por que” falló.

(Y para lectores novatos: ese “sic” es latín, y quiere decir “así”. Es el signo que indica que quien cita algo halló una barbaridad y la transcribe “así” como la halló, señalando que notó la barbaridad pero, como no era propia, no podía corregirla).

5. Y, para no alargar la serie de modo agobiante, un último caso periodístico: “Buscando el por qué de tantos idiomas, le pregunté a uno de esos filósofos locos…” (Familia, 30 de noviembre 1997) Obviamente (por lo que el lector hallará después) debió ser porqué.

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¡Y hasta el novelista!

Pero la crisis no afecta solo a periodistas o publicistas. En mi calidad de miembro del consejo de redacción de una editorial ecuatoriana, de las contadas que aún editan novela –nacional y extranjera-, recibo en originales una para que ejercite trabajo de lector –cosa harto distinta del placer de lector-.

Y el novelista, autor de una anterior novela que peleó el premio en una Bienal y de algún buen ensayo, patina así en nuestra materia:
”Y no tengo porqué ocultarlo” (p. 65).

“… lo que no dejó de causarme sorpresa, pues no sé porqué mi intuición me decía que ella ya sabía muchas cosas de mí” (p. 119).

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Perplejidad antigua

Tengo indicios de que la vacilación es antigua. En abril de 1741, Juan José de Astorga, comisionado por la Audiencia de Quito para reconocer el camino que había abierto Pedro Vicente Maldonado y presentar informe, entregó larguísima, prolija y rica Descripción del nuevo camino de Esmeraldas. En ella, en el folio 197 vuelto, se lee:

“no se puede suvir dicho Rio por cualquiera de los dos lados sin atravesarlo continuamente por que como en todas sus bueltas hiere, y golpea la corriente, es indispensable huir de ella”.

Cuando el sabio riobambeño entregó personalmente en la corte española un Memorial impreso de aquella magna empresa suya, incorporó como un capítulo la descripción que Astorga había presentado ante la Audiencia de Quito. Pero no la incluyó tal cual: la corrigió como si se tratase de texto propio. (Una lectura atenta del texto muestra que es de Maldonado. ¿Cómo se le pudo escapar a ese gran lector que era González Suárez? Cierta cédula real confirma lo que esta lectura muestra). En el pasaje citado, a más de corregir el “suvir” y “atrabesarlo”, lo hace con nuestro por que:

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“… porque como en todas sus bueltas hiere”.

(Los dos textos constan en los Documentos para la Audiencia de Quito que recogió en el Archivo de Indias José Rumazo y publicó, en siete tomos, en Madrid en 1948. En los tomos I y II).

Los cuatro “por que”

Y ahora sí vengamos a ver cómo son y cómo funcionan los “por que” en nuestra lengua. Son cuatro:

1.Por que. Dos palabras separadas; sin tilde. Se trata de preposición (por) + relativo (que):

“Estas son las razones por que vote en contra. Equivale a “las razones por las cuales”. Unamuno lo usa:

“El más claro testimonio del enorme yermo de decadencia y de ramplona fruslería por que atraviesa el seudopensamiento español contemporáneo” (Contra purismo, Ensayos).

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2. Por qué. Dos palabras separadas: la segunda tildada. Se trata de preposición (por) + pronombre o adjetivo interrogativo (qué).

Este es el por qué que se usa para preguntar. Se lo uso no importa que la interrogación sea directa o indirecta, enfática o simple. Por no usarlo se equivocaron los empresarios mayúsculos del caso uno. Preguntaban; por lo tanto debieron haber usado por qué:

Por qué… prefieren…?”

Y es igualmente garrafal esta equivocación de The Wall Street Journal of Americas: “El miércoles pasado, la policía arrestó a Santiago Medina, tesorero de la campaña de Samper, al no poder dar una explicación satisfactoria de porqué había endosado un cheque de US$ 50.000 de una de las compañías-fachada del cartel de Cali…” (31 de julio de 1995).

Aquí la interrogación es indirecta (la directa sería: le preguntaron “¿Por qué no pudo dar…?”); no importa: si es interrogación, la forma es por qué.

3. Porque. Una sola palabra; sin tilde. Se trata de una conjunción; conjunción causal: “No asistí porque no recibí invitación”.

En el caso 2 –el de Cecilia y Noboa-, se trataba de una conjunción, que introducía una nueva razón por la cual Cecilia y Noboa eran la mejor alternativa.

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4. Porqué. Una sola palabra; tildada. Es un sustantivo: “Explícame el porqué de tu indiferencia”.

Sería diferente –diferente gramaticalmente- si dijese: “Explícame por qué tu indiferencia”. Se pasó del sustantivo a la interrogación.

Resulta penoso hallar este porqué mal usado hasta en una cuidada edición de las obras de Bioy Casares:

“Creyó por primera vez entender porqué se decía que la vida es sueño”. (Obras escogidas, en “Grandes Autores Argentinos Contemporáneos”, Círculo de Lectores, Buenos Aires, 1985, p. 318).

“Nadie sabe porqué te sentís tan a gusto” (Ibid. P. 217).

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Los libros de estilo

El Libro de Estilo de El País alerta a sus periodistas –y a los cientos de miles que lo han adquirido-:

porque, porqué. Se escribe junto y sin acento cuando es conjunción causal y puede sustituirse por “a causa de” o “por razón de”. En cambio, se acentúa cuando es sustantivo y sinónimo de la causa o la razón. Ejemplos: “lo hago porque es necesario”,  “los ciudadanos quieren saber el porqué de la dimisión” (p. 341).

Los porqué de Bioy Casares resultan desastrosos. (Tan desastrosos como los de Jóvenes y punto).

Y de los otros dos por que / por qué –los separados-, el Libro de Estilo de ABC escribe:

por que, por qué. La primera forma es composición de relativo con preposición: “éstas son las razones por que no quiero ir”. Por qué es pronombre o adjetivo interrogativo precedido de la preposición por: “díme por qué no quieres ir” (p. 120).

De paso, parece que ese Libro de Estilo cojea –y gravemente- en ortografía. ¿Por qué tilda ese “di” de dime? “Di” solo puede ser desinencia verbal; luego no lleva tilde diacrítica, y, siendo monosílabo, no tiene por qué llevar tilde. Y la tilde de “estas” resulta innecesaria.

Así que el asunto no ofrece dudas, y las equivocaciones solo pueden ser atribuidas a ignorancia o descuido. Para remediar lo uno y evitar lo otro damos a nuestro lector un pequeño cuadrito de resumen. (Chasqui-Ciespal).


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Hernán Rodríguez Castelo

Es escritor y periodista ecuatoriano, miembro de la Academia Ecuatoriana de la Lengua y colaborador habitual de la revista Chasqui.

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