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21 de Marzo de 2000


Tribuna de opinión

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TOMÁS RODRÍGUEZ PANTOJA
La Lengua Española y los grandes retos del nuevo milenio

Los grandes espacios culturales
La Lengua Española

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Europa, que creó el concepto de nación, que se inició precisamente en España con los Reyes Católicos, lo abandona ahora paulatinamente en el proceso que conduce a la unión de los países que la integran.  En una primera etapa de este proceso, se construye lo que en su inicio sería la Comunidad Económica Europea, que luego pasaría a ser simplemente "Comunidad Europea".  El término "Comunidad" se define como "junta o congregación de personas (en este caso países) que viven bajo determinadas reglas iguales para todos ellos" manteniendo la propia identidad de sus componentes.

De la Comunidad se ha pasado, en la fase final, a la Unión Europea.  Unión es la "composición que resulta de la mezcla de algunos elementos (en nuestro supuesto, países) que se incorporan entre sí" y donde desaparecen la identidad de tales elementos para dar origen a uno nuevo.

Lo trascendente, y sobre lo que no se ha reflexionado suficientemente, es que este paso decisivo de la Comunidad a la Unión se hace en buena medida al margen de la voluntad democrática de los pueblos de Europa, que se expresa a través del Parlamento Europeo.  Por el contrario, la mayor parte de las medidas que han conducido a tal Unión y por consiguiente conllevan cesiones de soberanía, se han hecho directamente a través del mecanismo ejecutivo de Bruselas.

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De cualquier forma, es evidente que el proceso de la Unión Europea actúa, al menos a largo plazo, en cierta forma como elemento disolvente de la identidad nacional, tal y como hoy se concibe ésta, de los países que la integran.  La desaparición de la frontera como instrumento de delimitación de una comunidad lleva a la corrección de no pocas situaciones de error histórico evidente en la configuración de los países, pero surge entonces la incertidumbre sobre cómo se van a organizar en el futuro los pueblos en el propio interior de su comunidad y con relación a las demás.


Los grandes espacios culturales

El factor básico que va a aglutinar a estos pueblos es la cultura entendida en sentido más amplio, es decir, como "el conjunto de modos de vida y costumbres, conocimientos y creación artística, científica o industrial de un grupo social".  A esto hay que unir otros dos factores de importancia capital que son la lengua y el sistema de valores de carácter ético, espiritual o religioso.  Nacerán así grandes espacios culturales que, integrando a determinados grupos sociales, se identificarán por la pertenencia a una misma comunidad cultural, entendida en el sentido descrito.

Se puede hablar entonces, de un espacio anglosajón, uno islámico, muy importante y a veces pretendidamente ignorado, pero con una cohesión extraordinaria que le viene dada por sus fuertes vínculos de tipo religioso o espiritual.  Un espacio oriental, aún en proceso muy inicial de formación, pero de existencia indudable, y un espacio que podríamos llamar ibérico a corto plazo y que a largo plazo se hará latino para incluir a pueblos como el francés, el italiano o el griego, con una identidad cultural muy semejante a la de los países ibéricos e iberoamericanos.

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El enorme progreso, la auténtica revolución de las comunicaciones y el emerger de las nuevas tecnologías, están determinando la desaparición del continuismo geográfico como elemento condicionante de la homogeneidad de una comunidad.  Esto es lo que ya hoy nos permite hablar de una Comunidad Hispana de Naciones formada por 19 países que compartimos cultura, lengua, costumbres y una escala de valores que nos es muy común a todos.


La Lengua Española

De estos elementos es probablemente la lengua el pilar básico que sostiene dicha Comunidad .  Es incuestionable que la lengua, en su conjunto, es algo vivo y dinámico que refleja la realidad de una comunidad y su situación socio-cultural.  Esto hace que la lengua esté sometida a un permanente proceso de cambio y evolución que, en el caso del español, por ser esa realidad tan plural y variada, puede resultar más acentuado.  Ello da lugar a los muy diversos matices de significado y expresión que nuestra lengua tiene en el ámbito de los países hispanohablantes.  Ahora bien, el español es uno y sólo uno, tan válido y tan correcto en un país como en otro y sometido al mismo tipo de presiones y agresiones.  La defensa y protección del idioma se hace necesaria por igual y especialmente respecto de la indudable amenaza de invasión de anglicismos que sufre tanto en América como en la propia España.

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No existe idioma alguno que no haya tomado vocablos y expresiones de otros idiomas.  Los pueblos siempre han adoptado cualquier tipo de palabras foráneas que puedan resultarles útiles para describir con mayor precisión objetos o situaciones.  El problema se plantea por la proliferación actual de términos tomados del inglés, que entran en numerosas ocasiones en nuestro lenguaje sustituyendo a palabras ya existentes en él.  Entran, además, de la boca de políticos, economistas, profesionales liberales en general, y determinadas capas sociales, para quienes es sello de distinción el acudir a palabras que supuestamente prestigian su dicción por el mero hecho de no ser españolas.  Antes, el pueblo tomaba la palabra extranjera y la engullía y adaptaba a su lenguaje diario.  Ahora la penetración se produce desde arriba, desde los dirigentes sociales, formadores de opinión, medios de comunicación, etc., que introducen en el vocabulario del hispanohablante cantidades ingentes de palabras de grafía extraña y más extraña fonética, suplantando el empleo de vocablos en español que describen de forma perfecta lo que se intenta explicar en inglés.

En este sentido es en el que debe orientarse la defensa y protección de la lengua española, desde la perspectiva de todos los países que formamos la gran familia hispánica.


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Tomás Rodríguez Pantoja

Es Académico de la Lengua y Director de la Casa de América de Madrid.

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