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3 de mayo de 2000


Tribuna de opinión

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MERCEDES ISABEL BLANCO
Norma y variedades: 
Un problema de actitudes y políticas lingüísticas

Dos sentidos para una misma norma
¿Son necesarias las normas?
Purismo español o nueva lengua argentina
Equilibrio entre unidad y diversidad


"Problema de lengua, problema de pasión ... lo que excita a la gente es el conflicto, el problema a unos pocos ... El conflicto se vive; el problema se contempla”. Amado Alonso, 1935.

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La cita de Amado Alonso resume los dos puntos de vista, objetivo uno, el otro subjetivo, con los que se ha enfocado el tema de la realidad extendida y plural de la lengua española, de su unidad y diversidad paradojales, en la cual el trasplante del idioma y el surgimiento y coexistencia de variedades lingüísticas distintivas ha sido y es interpretado, generalmente, como competencia de normas y conflicto de identidades lingüísticas y culturales.

La cuestión ha sido contemplada como problema teórico desde los primeros estudios sobre el lenguaje en Hispanoamérica pero, sobre todo, ha sido vivida como conflicto en los acercamientos ingenuos de las varias generaciones de hablantes desde la etapa colonial hasta nuestros días. Es posible trazar así una sóla línea de reflexión metalingüística, con dos enfoques diferentes -científico e ingenuo- cuya temática central es la diversidad del español en Hispanoamérica, y su confrontación valorativa con respecto al español peninsular porque "americanos y españoles tienen conciencia de que hablan distinto"(G. Guitarte, 1985:495).

A la par de esta metalingüística popular (Ibidem), surgida ya a comienzos del siglo XIX, se ha planteado la contemplación objetiva del problema con los trabajos sobre el español, desde una perspectiva hispanoamericana, de Andrés Bello y Rufino S. Cuervo. En ambas maneras de encarar la misma línea de indagación, queda establecido el interrogante de cómo concebir el modelo de ejemplaridad en las distintas comunidades de lengua española, la norma idiomática del español, ya que la conciencia lingüística de la extensión de la lengua y su diferenciación en variedades lingüísticas distintivas, ha generado la adopción de diferentes posturas en la conformación del modelo de ejemplaridad para la lengua española; concepciones de la norma idiomática que deben ser tenidas en cuenta como base de cualquier planificación, para que su implementación a través de políticas concretas no resulte una imposición sino una formalización institucional de la realidad lingüística de la comunidad.

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Nuestro trabajo intenta contribuir a la comprensión de la realidad histórica y social del español en la Argentina (1), realizando una síntesis diacrónica de las actitudes que se han adoptado en los círculos de mayor peso para el cultivo de la lengua, evaluando su toma de posición sobre cuál debía ser la lengua ejemplar, la vara de medir los usos lingüísticos de la comunidad argentina, ante la diversidad lingüística del español general. Pero asimismo, el entrecruzamiento en el tema propuesto de varios enfoques posibles de disciplinas afines -la sociolingüística, la sociología del lenguaje, la psicología social, etc.- así como de varias temáticas centrales en los estudios lingüísticos, me obliga a una serie de consideraciones teóricas que constituirán la parte introductoria, algo extensa, de esta ponencia.

 

Dos sentidos para una misma norma

La polisemia del término norma conduce a la necesidad de precisar su uso y alcance teórico. Queda claro en los estudios lingüísticos de la vertiente del idioma estándar -a partir de las teorías del Círculo de Praga- que el término posee, por lo menos, dos sentidos diferentes: uno axiológico/prescriptivo que lo vincula inicialmente a las ideas de corrección de los hablantes, aludiendo al modelo de uso ejemplar vigente en una comunidad -como dijimos, la vara de medir, por parte de los propios hablantes, los usos lingüísticos "correctos". Este uso de norma está en relación estrecha con el tema de la codificación y la estandarización de una variedad determinada. La segunda acepción remite al sentido objetivo, de uso teórico, por el cual la norma lingüística es la realización culturalmente establecida y socialmente válida, para un determinado momento histórico, de las posibilidades abstractas de un sistema lingüístico (2). De acuerdo con algunos autores, que plantean la coincidencia en algunos casos, entre ambos usos de norma, en sentido objetivo y en sentido axiológico (Cfr. Ferguson y Steward, en Zamora Salamanca, 1985:227) creo que uno de los objetivos de una política lingüística para las comunidades hispanohablantes sería la adecuación de la norma prescriptiva a la norma objetiva, a la realización concreta del sistema en la comunidad; una planificación idiomática debería así evaluar sociolingüísticamente los hábitos y pautas reales de los hablantes y sostenerlos como modelo de ejemplaridad. En tal sentido, el concepto actual de lengua pluricéntrica (3), aplicado al caso del español, puede constituirse en un marco teórico adecuado para la realización de políticas lingüísticas que resuelvan definitivamente el hiato normativo (Hartung, en Zamora Salamanca, 1985:243) que se produce entre la realización concreta -norma objetiva- y el sentido de corrección de la comunidad -norma axiológica. Para la realización de ese objetivo de planificación con rigor y objetividad se hace imprescindible, tal como afirmaba Einar Haugen, tener en cuenta los estudios sobre actitudes, creencias y comportamientos de los hablantes hacia su lengua (en M. Femández Pérez, 1994:75) por cuanto ellos pueden proporcionar una comprensión cabal de la conciencia lingüística de la comunidad y de los modelos en vigencia dentro de ella.

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¿Son necesarias las normas?

Un interrogante teórico frecuente plantea la necesidad o no de la normativa y la prescripción, y aún de la planificación lingüística, es decir, de cualquier modo de manipulación o control de una lengua. Creo que, luego de la malinterpretación extrema -como un todo vale-- de los postulados objetivadores de la lingüística que habían excluido de ella como ciencia toda posibilidad de manejo sobre las lenguas y por lo tanto no sólo al normativismo sino también a su estudio científico, se ha producido en las últimas décadas, una meliorización de la actividad planificadora sobre fundamentos teóricos propios así como con el aporte interdisciplinar. Por tanto, a la pregunta de por qué planificar y ejercer una normativa sobre la base de un modelo de lengua real, legítimo y vigente en una determinada comunidad lingüística, una respuesta posible reside en el hecho de que, por dicho modelo, se acepta o se rechaza a los individuos, no sólo como hablantes sino como actores sociales y sobre ese modelo de ejemplaridad lingüística, se juzga y se discrimina; por lo que conformar una política lingüística adecuada a la realidad del contexto sociocultural, y 'bajarla' a los niveles de formación, enseñanza y cultivo de la lengua contribuiría a la no discriminación y a la seguridad lingüística de los hablantes, a ampliar en definitiva la base igualitaria de la sociedad a través de lo lingüístico (4). En ese sentido coincido con James Milroy y Leslie Milroy en que el prescriptivismo tiene una función social como mecanismo para mantener la variedad estándar" -la norma, real y vigente en cada comunidad de lengua- "sin expresar juicios morales o prejuicios acerca del habla o de los hablantes"(1985:99). 

¿Cómo realizar lo anteriormente propuesto? Los fundamentos recientes de la lingüística aplicada en su rama de la planificación lingüística (5) basan la respuesta en la realización de un trabajo interdisciplinar que dé cuenta de la realidad de la comunidad en todos los aspectos vinculados a lo idiomático, para lo cual -como ya hemos señalado- se ha destacado la importancia del estudio de las conductas, prejuicios y actitudes de los hablantes acerca de la/ las lenguas o variedades lingüísticas de su comunidad. En ese sentido, consideramos nuestra ponencia como una breve contribución a la comprensión de dichos factores, relevantes para una planificación idiomática en el ámbito de la lengua española en la Argentina; para ello, realizaremos un panorama histórico de las actitudes que han actuado en la construcción del modelo de ejemplaridad para el español en nuestra comunidad; actitudes que concurren, junto con la asunción de propiedades y funciones características, en la estandarización de una variedad lingüística (véase A. Gallardo, 1978).

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Purismo español o nueva lengua argentina

La concepción de una norma idiornática para el español en la Argentina ha estado regida, no sin conflicto, desde los inicios de su vida como nación independiente, por la conciencia lingüística de la extensión de la lengua desde su centro originario y su diferenciación en variedades distintivas de cada región o nación; conciencia que no excluye la influencia de factores ideológicos tales como la identificación entre lengua y nación y la consecuente problemática de la identidad, así como de factores históricos y sociales que han pesado en la adopción de diferentes actitudes y diferentes modos de conformar la ejemplaridad idiomática, puesto que es indudable que las ideas acerca del lenguaje han sido siempre índices altamente sensibles a las tensiones y conflictos políticos y sociales del momento histórico en que se manifiestan (Cfr. Simpson, 1986:8). 

Una extensa investigación diacrónica sobre las actitudes lingüísticas en la Argentina, entre 1800 y 1960 aproximadamente (véase Blanco, 1991, 1995) me ha permitido relevar tres actitudes básicas que oscilan desde una posición de purismo y lealtad hacia el español castellano, hasta la actitud opuesta, en el otro extremo, que postula la formación de una lengua diferente del español sobre la base de una progresiva diferenciación de la variedad nacional; entre ambas posiciones, se manifestó, alternando o coexistiendo con ellas, una posición de equilibrio, que sostenía la consolidación y legitimación de los rasgos distinguidores de la variedad propia dentro de una unidad supralingüística general. Cabe destacar que estas actitudes coinciden con tres de las cuatro posibles metas u objetivos establecidos teóricamente por la disciplina de la planificación idiomática: purificación, reforma, renacimiento y estandarización (Cfr. R. Bourhis, 1984:3).

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El purismo lingüístico (purificación) ha sostenido una actitud de lealtad hacia la variedad castellana, especialmente hacia el registro literario, como centro histórico del idioma, reconociéndola como único modelo de ejemplaridad; la "defensa de la pureza de la lengua" ha significado históricamente en la Argentina, la subordinación de la diversidad a la unidad; este modelo se corresponde con la concepción de lengua estándar monocéntrica por la cual se concibe una sola norma axiológica en la que subyacen, con dispar pero siempre menor status y prestigio, las diferentes variedades -normas objetivas- locales (nacionales o regionales).


Equilibrio entre unidad y diversidad

La actitud reformista -a la que en mis trabajos he denominado "de emancipación" o "ruptura" lingüística- postula la creación de una lengua distinta del español a partir de la progresiva diferenciación y consolidación de los rasgos caracterizadores de la variedad nacional, por lo que los problemas de norma del español no caben en ella, puesto que es un planteo sociocultural de una lengua diferente.

Estas dos actitudes opuestas y extremas, en la que la subjetividad por un lado y los factores históricos por otro han jugado un rol importantísimo, han ido cediendo terreno en la conciencia lingüística de la comunidad argentina, en favor de la actitud de equilibrio entre la diversidad y la unidad idiomáticas, apoyada sólidamente por las teorías actuales sobre lenguas estándares pluricéntricas y por los propios estudios científicos sobre el lenguaje en nuestro país los cuales, a partir de la fundación del Instituto de Filología de la UBA en 1923, fueron constituyéndose en una relevante fuente de codificación de la variedad del español de la Argentina. Esta posición favorable a la consolidación de los rasgos distinguidores de nuestra variedad fue adoptada inicialmente por la generación romántica de 1837 y sostenida en el siglo veinte por figuras importantes para el cultivo idiomático -intelectuales, escritores, como Jorge Luis Borges, Ricardo Rojas, y Ernesto Sábato, entre otros muchos; actitud que interactuó con la asunción progresiva de propiedades y funciones de la variedad propia dentro de la comunidad, en lo que se reconoce como un claro proceso de estandarización. La conciencia de este proceso ha generado así una marcada evolución en el modelo de ejemplaridad para el español de la Argentina la cual partió desde una concepción monocéntrica de una sola norma, el español castellano, para las diferentes comunidades de habla española, hasta llegar mediante un acercamiento progresivo, al reconocimiento y aceptación de la realidad lingüística pluricéntrica; es decir, la coexistencia de diferentes modos de codificación de la lengua española que sirven como norma o modelo de ejemplaridad en cada comunidad hispanohablante.

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Este resumen de las actitudes ante la cuestión de la lengua en la Argentina y su vinculación con las cuestiones de la ejemplaridad idiomática ha intentado mostrar cómo la elección de una variedad en la norma o estándar de su comunidad, depende de factores históricos socioculturales e ideológicos, sobre todo, de actitudes positivas y favorables hacia dicha variedad. Como categoría sociohistórica que es, la norma de una comunidad lingüística responde así a una determinada historia de la lengua o variedad en dicha comunidad, en la cual las actitudes hacia ella jugaron un rol fundamental; analizar la historia lingüística del español en la Argentina permite así evaluar y comprender los modelos actuales, en vigencia, y, en consecuencia, implementar una planificación y política lingüísticas adecuadas a la realidad idiomática nacional; política lingüística que encauce y consolide la conciencia y seguridad de la legitimidad de nuestra variedad como norma de la comunidad. (Buenos Aires, Actas del Congreso Internacional de Políticas Lingüísticas para América Latina)


Notas
Bibliografía


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Mercedes Isabel Blanco

Es lingüista y profesora en la Universidad  Nacional del Sur, Bahía Blanca, Argentina.

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