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31  de mayo de 2000


Tribuna de opinión

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JUAN MENDIETA
No abdiquemos de nuestra lucha por el idioma

«Sin  abdicar a las críticas que motivaron la denuncia». 
(El Observador).

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Es mi intención dejar en claro que no estoy censurando el uso que el periodista ha hecho del verbo abdicar; pero sí me interesa señalar que no me parece del todo apropiado.

Sin dudas se trata de una opinión, y como tal, perfectamente cuestionable o discutible; no pretendo tener la razón en cada juicio que emito pues soy respetuoso de (y tolerante con) las opiniones ajenas (siempre y cuando ellas no disientan de las mías, por supuesto).

Creo que el verbo abdicar tiene un significado bastante concreto (“renunciar a un cargo o título” y “abandonar opiniones”) que nos obliga a restringir su uso a situaciones muy precisas. No creo haber oído decir a nadie que, por ejemplo, Luis Hierro abdicó al Ministerio del Interior para dedicarse a la campaña electoral, o que los republicanos pretendían que Clinton abdicara a la primera magistratura por sus deslices con becarias tabacodependientes. En ambos casos solemos usar el muy modesto y cotidiano renunciar. Me parece que lo más común es usar este verbo cuando se habla de monarcas que abdican al trono en favor de alguien.  

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La segunda acepción presenta la particularidad de no ser seguida de la preposición a sino de de. Solemos decir: El doctor Fulano resolvió apoyar la candidatura de Zutano, abdicando así de sus más caros principios, enunciado en el que otorgamos un claro sentido moral que conlleva la idea de renunciamiento, bastante diferente de renuncia.
 

El D.T. en una casamata

«El técnico brindará una conferencia de prensa en el Hotel Victoria Plaza, que será su bunker provisorio mientras se instala definitivamente en nuestra capital.» ( La República).

Es perfectamente lícito el uso de la palabra búnker, de origen alemán, que significa “fuerte pequeño, fortín, casamata, refugio para protegerse de bombardeos”, si se trata realmente de un lugar con esas características o, en sentido figurado, un lugar donde estar a salvo de visitas inoportunas o de periodistas preguntones.

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No parece ser el caso del Victoria Plaza, ni es de suponer que el técnico Passarella tema que se cumplan las amenazas recibidas hace un tiempo. Es probable que se haya querido emplear la expresión cuartel general, otro término militar de uso muy frecuente que no es necesariamente sinónimo de búnker.

- Con razón me chocó cuando oí a un cantor que decía “el bunker de la calle Ayacucho…”

- Eso no es nada; lo peor es cuando dice “el microondas no me fallaba pa’calentar los bizcochos y habiendo agua caliente, el té era allí el lord”. (Montevideo)


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Juan Mendieta.

Es periodista del diario La República, de Montevideo.

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