8 de noviembre de 2000 |
| Tribuna de opinión | ||
| ALBERTO
GÓMEZ FONT Internet: Un nuevo lenguaje técnico
| ||
| El
adjetivo técnico según el
diccionario, se aplica a las palabras o expresiones empleadas
exclusivamente, y con sentido distinto de lo vulgar, como el lenguaje
propio de un arte, una ciencia, un oficio... Tecnicismo
es el conjunto de voces técnicas empleadas en el lenguaje de un arte,
una ciencia, un oficio..., o cada una de estas voces. Tecnología
es el tratado de los términos técnicos o el lenguaje propio de una
ciencia o un arte. He querido comenzar con esas definiciones porque durante un rato voy a utilizar las expresiones lenguaje científico, lenguaje técnico, ciencia, tecnología y técnica, ya que el asunto que vamos a tratar es un lenguaje técnico, un lenguaje creado por especialistas, y difícil de entender para los no iniciados. | ||
Pero
el léxico de un lenguaje especializado no puede ser dirigido a toda la
gente y no admite grados de comprensión. Ante un texto escrito en
lenguaje científico o técnico tiene más posibilidades de comprensión
un novato en el campo correspondiente del saber, que las que tiene un
buen conocedor del léxico de la lengua que no sepa nada de la
especialidad de la que trate el texto. Tomemos un ejemplo esclarecedor, una definición tomada del Vocabulario Científico y Técnico de la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales. Veamos qué es una charnela desmodonta. | ||
Y
si miramos la voz charnela, veremos que se trata de la «estructura
mediante la cual se articulan las dos valvas que forman el oxeoesqueleto
en los pelecípodos, braquiópodos y ostrácodos. Punto de máxima
curvatura que presenta un pliegue geológico en un perfil transversal al
mismo». Cambiemos ahora de diccionario y miremos qué es una charnela en la lengua general, en el Diccionario de la Real Academia Española (DRAE): (del francés "charnière".) Bisagra para facilitar el movimiento giratorio de las puertas. Gozne, herraje articulado. (Zool.)Articulación de las dos piezas componentes de una concha bivalva. | ||
En
el lenguaje científico y técnico los vocablos especializados son
absolutamente insustituibles y no pueden ser retirados del texto para
colocar otros que actúen como sinónimos o casi sinónimos, pues éstos
no pueden existir. La
parte esencial de lo que llamamos vocabulario especializado la
constituye el léxico científico y técnico. La especialización no se
produce por ningún otro mecanismo que pueda afectar al léxico sino por
la eliminación de cualquier posibilidad significativa que no sea la
deseada en la oportuna utilización del vocablo. El
lenguaje especializado exige un significante propio para cada
significado. Un texto científico en el que cada noción especializada
no tuviera una palabra (un significante) propia sería necesariamente un
texto confuso. Sólo los especialistas pueden distinguir con precisión
los términos propios de su ciencia, ya que frecuentemente éstos tienen
la forma de una palabra del léxico general, pero en el texto científico
o técnico tienen un significado unívoco para su empleo especializado. | ||
El
significado de un término científico debe aprenderse de una sola vez.
No se consiguen mayores matizaciones ni se alcanza un mejor conocimiento
del significado del término por el hecho de que el lector lo encuentre
repetidas veces, pues en todas ellas esa palabra deberá tener el mismo
significado, y si el lector no la conoce antes de leer el texto, no podrá
entender ese texto. Es
más, dentro de una ciencia determinada, una metodología nueva puede
adoptar un significante ya existente con un nuevo significado que
resultará oscuro para el especialista que no conozca esa nueva
metodología. El
léxico científico y técnico no puede ser tratado como parte del
vocabulario general de la lengua. Lo único que el léxico científico y
técnico puede tener en común con el léxico general es su forma
gramatical. Y eso es fácil de comprobar hojeando dos diccionarios: el
de la Real Academia Española y el de la Real Academia de Ciencias. | ||
Si consideramos que lo que caracteriza al léxico es su condición de depositario de significados, el comportamiento de cada uno de estos dos tipos de léxico es completamente distinto. Los
textos especializados son los que contienen un vocabulario que sólo
puede comprender un grupo muy reducido de hablantes, y todos los textos
sobre ciencias o tecnología son así. Tratar de leer un texto
especializado científico o técnico sin ser especialista en el campo
correspondiente es casi lo mismo que tratar de leer un texto literario
en una lengua que no se conoce. Es posible que el lector no sienta como ajenas a su lengua las palabras que va encontrando, pero finalmente tiene que convencerse de que no está entendiendo nada de nada. En un texto especializado, el lector no especialista no encuentra ningún auxilio en la relación gramatical entre las palabras, sino que más bien sucede lo contrario. | ||
Hay,
pues, dos tipos de lenguajes, y por lo tanto dos tipos de mensajes: 1)
los dirigidos a grupos a los que se supone únicos receptores posibles
del mensaje. Éstos deben resultar absolutamente inteligibles para
aquellos a quienes van dirigidos y sólo para ellos.
2) Los mensajes dirigidos a todos los usuarios de la lengua, que
no pueden contener ningún rasgo que pueda ser no inteligible. Y
mientras que todos los receptores de los mensajes del tipo 1) tienen que
entender lo mismo, sin que haya diferencias entre lo que entienden unos
y lo que entienden otros, los receptores de los mensajes del tipo 2)
pueden tener interpretaciones diversas, incluso tantas como receptores
del mensaje. En contra de esa diversidad de interpretaciones admisibles
en un texto no especializado, el lector de un texto científico o técnico
no tiene otra posibilidad que admitir o rechazar el contenido, no puede
haber posiciones intermedias. Para su empleo, el vocabulario científico y técnico está sujeto a las normas sintácticas generales, pues ya hemos visto que se diferencia por el léxico, es decir, por los nombres, los verbos, los adjetivos y los adverbios; pero las llamadas partes gramaticales (artículo, pronombre, preposición y conjunción) son comunes tanto a textos científicos como no científicos. | ||
Parece, pues, evidente, que el vocabulario científico y técnico no tiene nada que ver con el vocabulario general de la lengua. El vocabulario científico y técnico forma parte de las ciencias y técnicas a cuyos significados representa, y sacarlo de ahí y confundirlo con el léxico general no está justificado en ningún caso. No
es posible unir ambos léxicos en uno solo, las ramas de la ciencia son
muy numerosas y dentro de cada una hay un léxico especializado cuyos
usuarios son poco numerosos; pero aunque es deseable que el léxico de
la lengua no sufra alteraciones por esta vía, no se pueden rechazar
sistemáticamente las incursiones de vocablos técnicos en el léxico
general. No hay ninguna fórmula para conseguir un equilibrio en el uso de la terminología científico-técnica. Todos los significados especializados de un texto científico, aunque a primera vista parezcan parte del vocabulario general, no pertenecen al léxico de la lengua sino al de la ciencia y la técnica. El vocabulario científico y técnico es un asunto propio de los cultivadores de sus ramas respectivas; todos los demás nos enteramos de la existencia de esos términos cuando aparecen fuera de los textos especializados. | ||
De
todas formas, y aunque en principio sean cosas tan separadas, los
intercambios entre el vocabulario común y el vocabulario técnico o
científico son constantes. Palabras comunes y de todos conocidas como la
red pasan a ser utilizadas en terrenos tan especializados como el
que aquí nos ocupa: la Internet. Y más frecuente aún es que las voces
técnicas penetren en el habla común. El
científico o el técnico escriben para pocas personas, es decir, únicamente
para los que dominan la parcela de la ciencia de la que tratan sus
escritos; incluso en las obras de divulgación científica el autor no
puede prescindir de los términos propios del lenguaje científico-técnico. Actualmente
la exposición científica para un público amplio se hace a base de la
colaboración entre los científicos y los periodistas especializados de
los grandes periódicos y las grandes agencias de información
internacionales. Estos últimos, los periodistas, deben transformar el
lenguaje científico en lenguaje periodístico, prestando atención a
los niveles de los receptores de esos mensajes, que pueden ser científicos,
personas cultivadas o público en general y que pueden variar según los
países y las sociedades, precisando cada uno de ellos una determinada
forma en la exposición, en los razonamientos y en el lenguaje. | ||
Y
los periodistas dedicados a esa labor de divulgación se topan con la
realidad de que la descripción de la ciencia o la técnica no puede
existir sin el uso de la terminología propia, es decir, sin un lenguaje
específico correspondiente a la materia tratada. La profesora española María Victoria Romero Gualda, al analizar el lenguaje periodístico, dice que «la presencia de voces técnicas de difícil descodificación está justificada cuando el contenido lo exige y el receptor lo permite». Y añade que eso «quiere decir que el periodista tiene dos deberes difíciles de concordar respecto al uso de este tipo de voces: no puede banalizar determinados contenidos científicos o técnicos y tampoco puede abandonar una cierta labor de divulgación que permita al lector comprender el texto. No hay duda de que en una crónica de arquitectura puede aparecer: 'remate de antepecho con merlones embrionarios y gárgolas en cañón' o en unas páginas de economía se hablará de plus valía, inflación, encaje bancario, tipos de interés, etc. El problema está en el contagio que pueden sufrir otras informaciones que nada tienen que ver con ámbitos especializados. Y así se nos habla de que en la próxima semana tendremos 'temperaturas a la baja', mezclando el lenguaje técnico de la economía con el de la información meteorológica». | ||
El
lenguaje científico es especialmente difícil precisamente porque se
nutre de neologismos y el neologismo, como recién llegado que es,
resulta extraño a la lengua, y es también labor de los periodistas
contribuir a su generalización y su conocimiento. Hace ya varios años, en abril de 1991, se celebró en España, en el Monasterio de San Millán de la Cogolla, un seminario organizado por la Agencia EFE y la Comunidad Autónoma de la Rioja, que se tituló «El neologismo necesario». En las conferencias y en las mesas redondas, un grupo de científicos, especialistas en economía, viticultura, robótica, física nuclear, armamento militar, lingüistas, periodistas especializados y profesores se dedicaron a estudiar el fenómeno del neologismo y de la necesidad que tienen todas las lenguas, en este caso el español, de incorporar nuevas voces en su léxico, sobre todo en los lenguajes especializados, es decir, técnicos y científicos. | ||
Hay
que ser realistas y tener presente que la documentación científica
producida en español es muy escasa, y que, por lo tanto, nuestros técnicos
y nuestros investigadores deben leer casi todo en una lengua extranjera,
que casi siempre es el inglés. La
terminóloga venezolana María Eugenia Franceschi explica muy bien esta
situación al decirnos que el hecho de dotar de nombre a las nuevas
nociones que van apareciendo no es igual en todos los idiomas, pues
depende de la posición que ocupe cada idioma en particular. En efecto,
existen desarrollos tecnológicos que se originan en el interior de una
sociedad con una lengua determinada y cuya creación tecnológica se
realiza en esa misma lengua. Asimismo
existen otras lenguas que, para hacer uso de esa tecnología, deben
entrar en contacto con la lengua creadora de dicha tecnología y adaptar
las nuevas nociones a la suya propia, lo cual significa encontrar
equivalencias entre ambos idiomas para determinar el término
correspondiente. | ||
Achacar
al ámbito científico y tecnológico la utilización abusiva de
anglicismos no es algo gratuito; ya hemos visto las razones de que esto
suceda: gran parte de los conceptos y objetos que pueden aparecer en un
texto técnico son recién llegados al lenguaje y casi siempre han
surgido en el mundo anglosajón. No ocurría así con los inventos de
hace cien años, que tuvieron la suerte de ser nombrados con voces
sacadas de las lenguas clásicas, que en ese tiempo dominaban las
ciencias; de ahí el teléfono, el telégrafo, la fotografía, el gramófono... La
ciencia y los neologismos necesarios El desarrollo de las ciencias y de la tecnología va creando una continuada necesidad de crear neologismos. Hay que dotar de nombre a lo que se va inventando y descubriendo, y lo lógico es que eso lo hagan los mismos que inventan o descubren, y lo más normal es que eso ocurra en ambientes de lengua inglesa. Y ante el dilema de intentar traducirlos o crear un neologismo, la mayor parte de las veces se opta por una tercera vía, la más cómoda: usar la palabra en su idioma original. | ||
En
la última década el español ha sufrido en las comunicaciones y la
electrónica más que en cualquier otra área. Fax, modem, software, hardware no encuentran, y la mayor parte de
las veces ni siquiera buscan, su equivalente en español. Hasta el inglés,
el idioma de la computación, ha sido modificado para aceptar acrónimos
y nuevos significados para palabras ya existentes. El
proceso de aparición de neologismos en el lenguaje técnico de la
computación o la informática es siempre igual : la tecnología se envía
desde la casa madre (casi siempre en los Estados Unidos) en inglés y
llega a manos de un reducido grupo de técnicos de algún país
hispanohablante, normalmente México o España. Esos técnicos son los primeros en traducir y van creando así una jerga con la que podrán entenderse entre sí y transmitir lo traducido a los clientes más especializados. Más adelante, cuando ya se produce la distribución del nuevo producto al gran público, aparece la figura del traductor, que debe encontrar el punto intermedio entre las traducciones llenas de anglicismos de los técnicos y el interés de utilizar un español correcto y libre de barbarismos. | ||
Tal
fue el escándalo que la empresa Microsoft pidió públicamente perdón
por sus sinónimos, que resultaban ofensivos para las mujeres, los
indios, los homosexuales, los andaluces y otros, pues podían
encontrarse cosas como que los sinónimos de andaluz eran «cañí,
agitanado, gitano, flamenco y calé», y los de indígena eran «salvaje,
nativo, aborigen, bárbaro, antropófago, caníbal, cafre, indio y
beduino». El
español como lengua universal Pero también hay que recalcar lo bueno, y es de ley recordar que la misma empresa Microsoft, en la introducción de la versión española de los manuales para el usuario, dice lo siguiente: «Hagamos entre todos del español una lengua universal, tratando de aunar esfuerzos con el objetivo de evitar, en la medida de lo posible, por una parte los vacíos existentes en el lenguaje técnico y por otra el surgimiento y adopción de nuevos términos en inglés sin su correspondiente adaptación al español. Somos 300 millones de hablantes que compartimos la misma lengua y todos tenemos que sentirnos orgullosos y responsables de ella». | ||
Y
si con la llegada de las computadoras se introdujeron en nuestra lengua
múltiples términos informáticos anglosajones de difícil traducción,
con la actual expansión de la Internet y del correo electrónico el
español pierde aún más terreno ante un spanglish
imparable. Internet
ha elegido de manera casi natural el inglés como idioma oficial y la
mayor parte de la información circula en esa lengua.
Internet es, como su nombre indica, una red internacional, una
red de datos que se presentan en forma de texto y de imágenes, y su uso
está produciendo un lenguaje propio que podemos incluir dentro de los
lenguajes técnicos: el lenguaje de los cibernautas, donde, ya de
entrada, nos encontramos con una serie de voces formadas por composición
de la raíz «ciber» y otras palabras: ciberespacio, que es como
conocemos a ese mundo etéreo creado por las comunicaciones instantáneas
entre computadoras; cibernauta, que es el que navega por el
ciberespacio; ciberteca, para referirnos a las bibliotecas electrónicas;
cibersexo, para los contactos sexuales a través de la Internet, etc,
etc. Y ese nuevo lenguaje que va surgiendo es, en un principio, en inglés, y es ya tan extenso su léxico que es necesario el uso de glosarios y vocabularios especializados. | ||
El
primer problema que se plantea es quizás el más importante: las
traducciones al español de los manuales de funcionamiento de los
programas informáticos , incluyendo los de las redes de comunicación.
Y el problema es que esas traducciones, en muchas ocasiones, están
redactadas más en spanglish
que en español. La tarea de poner de acuerdo a todos los usuarios
hispanohablantes sobre la terminología de las redes de comunicación es
ardua y ello hace que se usen traducciones literales, calcos, o que se
opte por los términos ingleses. Los
cibernautas hispanohablantes En la jerga de los iniciados en la Internet que usan el español como lengua de comunicación, ya es conocido el término «ciberspanglish», creado y difundido por la cibernauta peruana Yolanda Rivas, profesora del departamento de Política y Tecnología de la Comunicación de la Universidad de Texas, en Austin, que ha distribuido con ese título, a través de la red, un glosario de términos ingleses y su correspondiente traducción en español, traducción que, como veremos en algunos ejemplos, dista mucho de lo que hasta ahora se entendía por español. | ||
Y
así se atreve a defender algunos usos que a ningún hispanohablante con
un mínimo de sensibilidad idiomática pueden parecerle aceptables, como
el traducir exit por hacer
un exit cuando en español eso es salir, o el horrible printear
en lugar de imprimir como equivalente al inglés print, o deletear, de
"delete", por borrar... Pretender
que verbos tan españoles como salir, borrar o imprimir dejen de usarse
sólo por estar relacionados con una computadora es, esa es mi opinión,
actuar contra la unidad y la corrección del idioma. Y
el parecer de la doctora Rivas es compartido por muchos usuarios
hispanohablantes de la Internet, especialmente, como es lógico, los que
viven y trabajan en los Estados Unidos, y también, desgraciadamente,
algunos de otros países entre los que debo decir que se encuentra España.
Y ello hace que ya sean aceptado como válidos en español mensajes como
el siguiente: | ||
También
José Ángel Martos, director de una prestigiosa revista especializada
en las redes de comunicación, defiende esa jerga llamada ciberspanglish
en un artículo publicado en su revista en el que no duda en afirmar que
linkar es la única forma de decir en español lo que en inglés es to
link, y rechaza de plano el uso del verbo enlazar, que sería la
traducción correcta para cualquier hispanohablante. Dice
el señor Martos que él defiende la «amplitud de miras y de
vocabulario y la subversión de lo s valores establecidos, sacudiéndose
sin más las dictaduras económicas, culturales y demás historias». Vemos
con este ejemplo qué tipo de personas están influyendo en la forma de
usar el español en la Internet, aunque por suerte no todo es así. | ||
Menos
mal que hay quien reacciona ante esos despropósitos y defiende públicamente
la necesidad del buen uso del español. Leticia Molinero, directora de
la revista Apuntes, dedicada a
cuestiones de traducción, dice lo siguiente en relación con la página
de Internet de Yolanda Rivas : «Esa postura de defensa del spanglish
se basa no sólo en una crasa ignorancia de las posibilidades del español,
sino en una actitud fáctil y servil ante el idioma inglés. Además, la
propuesta de españolizar los sustantivos y verbos del léxico informático
del inglés con ejemplos como uplodear
los files, en vez de enviar
los archivos, sólo será válida para aquellas personas que no sólo
conocen los dos idiomas, sino también la tecnología. Es decir, por un
lado es una actitud servil ante el inglés y, por el otro, arrogante
ante el resto de los hispanohablantes monolingües». Y entre los usuarios de Internet también hay que mencionar la reacción del traductor español Xosé Castro Roig, quien, en una carta abierta titulada ciberidioteces , contestaba así al señor Martos: «La informática, Internet y otra serie de tecnologías pasan ahora por un proceso por el que han pasado ya todas anteriormente, y es la fase en la que se mezclan términos en inglés y en castellano hasta que se encuentra un término que pueda comprender la mayoría de los destinatarios. Por esa misma fase pasó la televisión, las batidoras y los secadores de pelo.... Perdone, pero es que linking en inglés significa enlazar o vincular y los angloparlantes no se sorprenden de que signifique eso». | ||
Otra
labor muy importante es la que desarrolla la Academia Norteamericana de
la Lengua Española, cuya comisión de traducciones edita un boletín
titulado Glosas, dirigido por
el académico Joaquín Segura, en el que, en la sección dedicada a los
neologismos norteamericanos con equivalentes propuestos por la comisión
de traductores, encontramos listas de términos propios de la Internet
con la forma inglesa, su traducción y la correspondiente definición. Ramón
Abad, encargado de la creación de una página en la Internet para el
Instituto Cervantes de Nueva York, opina que la responsabilidad de crear
algo parecido a un modelo de utilización del español en el
ciberespacio recae más en los medios de comunicación que en los
organismos de la administración, y dice que la gente que utiliza ese
lenguaje es la que debe comprometerse a esa vigilancia del idioma. | ||
Manuel
Gamella Bacete, miembro de un foro de debate sobre la terminología
computacional en español, decía en uno de sus mensajes electrónicos
que «hay que coger el toro por los cuernos y promover acuerdos entre
los miles de usuarios a ambos lados del Atlántico, pues de lo contrario
sólo nos quedará la solución de rendirnos al término inglés o
acudir a traducciones demasiado largas y poco prácticas"» En
el mismo foro apareció un mensaje de Francisco Javier Díez, profesor
del Departamento de Informática y Automática de la Universidad de
Educación a Distancia, en el que éste afirmaba que «la actual
degradación del castellano en el mundo de la informática se podría
haber evitado o al menos paliado si todo el mundo hubiera puesto un poco
de su parte. Por un lado hace falta que algunas personas asuman el
liderazgo de este esfuerzo y, por otro, que toda la comunidad científica
tome conciencia de que el idioma es un bien cultural que debemos
proteger». Y la propuesta de Francisco Javier Diez es que se sumen los esfuerzos de muchos profesores, de las principales casas comerciales y de las Academias de la Lengua, para, con esos recursos y esa autoridad, actuar en favor de una «evolución armoniosa del idioma». | ||
De
todo esto debemos sacar una conclusión y una actitud: debemos ser
conscientes, y actuar en consecuencia, de que somos una gran comunidad
de hablantes de una misma lengua, y de que en cada país hay diversas
actitudes ante la creciente presencia del inglés. Debemos ser conscientes de nuestra gran responsabilidad ante el idioma, y aunque los periodistas, los lingüistas, los traductores y los terminólogos seamos una minoría, nuestra forma de usar el español repercute directamente en toda la sociedad, en todos los hablantes de nuestra lengua. | ||
En
una reunión como esta, dedicada al lenguaje y la comunicación, hay que
recalcar la responsabilidad de los periodistas en la defensa del buen
uso de la lengua. Es ya casi un lugar común afirmar que los periodistas
utilizan mal el español; no es cierto, la verdad es que la mayoría lo
utilizan bien o incluso muy bien; pero basta con que unos pocos lo
descuiden para que sus errores y sus desvíos de la norma lleguen a muchísimas
personas. Ese
es el poder de la prensa: lo que escribe un periodista llega a cientos
de miles, a millones de personas, muchas de las cuales tienden a tomar
como modelo el lenguaje de la prensa, y si ese modelo no es bueno, si
esconde errores o malos usos, los resultados pueden ser muy negativos. Y esa responsabilidad ya se extiende a la Internet, pues cada vez son más los periódicos y las revistas en español que tienen edición electrónica, edición on line, para usar el término inglés específico, y pueden leerse en cualquier parte del mundo en la pantalla de una simple computadora, el ABC de Madrid, el Clarín de Buenos Aires, El Tiempo de Bogotá o El Nacional de Caracas, entre otros. | ||
Y en la Internet ya están presentes algunos de los organismos cuyo fin es la defensa del español, como la Academia Norteamericana de la Lengua Española, con su boletín Glosas; la Agencia EFE, con su Departamento de Español Urgente y su foro de debate llamado Apuntes. Y muy pronto también tendrán sus páginas en la red la Real Academia Española y un servicio de consulta del Instituto Cervantes. Hasta
ahí, de momento, las instituciones más o menos oficiales, pero también
hay particulares que se preocupan por el buen uso del español en la
Internet y crean páginas que ponen a disposición de los navegantes en
las que se informa sobre todo lo que hay en la red relacionado con la
lengua española. Un buen ejemplo, digno de encomio, es La página del español, editada por Ricardo Soca, periodista
uruguayo que vive en Río de Janeiro, y que, desde allí, envía a través
de la Internet información actualizada sobre los recursos disponibles
en la red relacionados con nuestra lengua: diccionarios electrónicos,
correctores ortográficos, reglas de español actual, consultas
gramaticales, periódicos con edición electrónica, seminarios,
congresos, traducciones, y ha comenzado la redacción de un «manual de
estilo periodístico», cuyas primeras páginas también están en la
red a la disposición de los navegantes y esperando sus críticas y
comentarios. | ||
Hay
que mencionar también la excelente labor de Ángel Álvarez, quien,
además de confeccionar y distribuir en la red un diccionario con los
errores más comunes en la traducción de terminología de computadoras
del inglés al español , ha creado y es el moderador de un foro de
discusión llamado Spanglish,
en el que se plantean problemas de traducción y se discute sobre las
diferentes posibilidades, con la intención última de llegar a acuerdos
que eviten la dispersión terminológica. Termino
ya con un ejemplo de esa dispersión, con un ejemplo de cómo, por
pereza, se crea un neologismo producto de la adaptación de una voz
inglesa al español, una españolización sin más, la del verbo inglés
to chat, que significa
charlar. Pues bien, entre los usuarios hispanohablantes de la Internet, especialmente los americanos, es habitual utilizar el verbo chatear para referirse al hecho de to chat, es decir, de charlar a través de la red. Pero resulta que en España chatear es algo muy distinto, y el usuario español recién llegado a Internet que oiga que los cibernautas dedican mucho tiempo a chatear, pensará que son todos unos borrachines, pues para él, y para el Diccionario de la Real Academia, en las tabernas y entre sus parroquianos, un chato es un vaso bajo y ancho de vino, y chatear es nada más ni nada menos que ejercitar el chateo, que no es la charla, sino ir de taberna en taberna bebiendo chatos, cosa que, de todas formas, facilita las ganas de charlar. (Texto de la conferencia pronunciada en Caracas, en el III Coloquio sobre Lengua y Comunicación). | ||
| Alberto
Gómez Font Periodista y lingüista, responsable del Departamento de Español Urgente de la Agencia Efe, de España. | ||
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