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6 de septiembre de 2000


Tribuna de opinión

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ERNESTO CARMONA
Crónica de un premio incomprendido

Una votación ajustada y polémica
Cuando falta la creación literaria
Los grandes también se equivocan
Los mejores están fuera del país

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El premio nacional de literatura otorgado este año en Chile levantó una polvareda como nunca. No es sorprendente, porque en el mundo literario abundan las susceptibilidades. La ministra de Educación Mariana Aylwin, hija del ex presidente Patricio Aylwin, puso esta vez el laurel en la testa de Raúl Zurita (50), poeta y ensayista que comenzó a publicar en 1979, hombre cercano al presidente Ricardo Lagos, asesor del ministerio de Obras Públicas cuando el mandatario era ministro y destacada figura de su campaña presidencial.

El premio se otorga cada dos años por una comisión de 5 miembros con un mecanismo instituido desde la dictadura, sin participación de la Sociedad de Escritores. Cada vez que se otorga "se rota prosa y poesía", porque así lo dispusieron los milicos. El jurado, presidido por la ministra, estuvo integrado por el poeta Miguel Arteche, ex "premio nacional de poesía", representando a la Academia Chilena de la Lengua; Alfonso Calderón, cronista galardonado con el premio anterior de "prosa"; Luis Riveros, rector de la Universidad de Chile, y Luis Quiroz, rector de la Universidad de Playa Ancha, Valparaíso.

Entre los postulantes en poesía emergieron los nombres de Efraín Barquero, con una trayectoria poética que se remonta a los años 50, y Delia Domínguez, que se creyó recibiría apoyo de la ministra por su condición de mujer, además de su meritoria trayectoria como poetisa. La ministra llevaba en su mente el nombre de Raúl Zurita. En las deliberaciones del jurado surgió, además, el nombre de Luis Merino Reyes, descartado rápidamente por la ministra por su condición de "prosista" (novelista, cuentista, ensayista). La "orden del día" para ese 23 de agosto era "premiar la poesía".

El vigoroso anciano Volodia Teitelboim, luchador político, historiador, novelista, ensayista, poeta, merece de sobra el reconocimiento por su abundante producción. Estuvo en la puerta del horno en 1998, pero los jurados prefirieron a Calderón, el único académico incólume tras el severo y acucioso sumario del inquisidor Ambrosio Rodríguez barrió la planta docente de la Escuela de Periodismo de la Universidad de Chile en 1973, claro, después del golpe militar.

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Una votación ajustada y polémica

Volodia puede todavía esperar dos años más, por si acaso, aunque probablemente no lo reciba jamás, no tanto por sobrevivencia, sino porque además de vivir de lo que escribe y publica, tiene otro problema más grave: es comunista confeso y activo. Luis Merino Reyes corrió un corto trecho, a proposición del poeta Miguel Arteche, y tuvo apoyo inicial del rector Riveros (ambos son del partido Radical), pero a última hora el jefe de la Casa de Bello se inclinó por la proposición ministerial.

El  resultado definitivo fue Zurita 3 Domínguez 2, un 3-2 por el apoyo de los rectores y el voto dirimente de la ministra. Miguel Arteche se retiró molesto de la sesión sin firmar el acta oficial de la reunión premiatoria, pero la ministra aseguró que no hubo problema legal con el quórum porque la comisión funciona sobrada hasta con 3 jurados que hacen los 2/3 fijados en el antiguo reglamento castrense. El afectado, o sea, el premiado, se encontraba en Bogotá asistiendo a un encuentro literario. Desde allá dijo: "Yo lo apoyé (a Lagos) tal como lo hizo la mitad de Chile y participé en la campaña como uno más. Yo siempre he estado enraizado al dolor y la esperanza de Chile, y mis libros reflejan esos sentimientos del país. Por eso se agotan las ediciones".

"Creo que hay algo de vulgar en la actitud de salir a atacar a alguien que recibe una distinción. Hay algo poco elegante, me da una cierta vergüenza ajena el impudor con que se muestran ciertos resentimientos y ciertos odios", agregó el nuevo Premio Nacional de Literatura. El vate y ensayista no exhibió molestia con Arteche. "Me parece muy bien, la gente es libre, puede retirarse, quedarse, hacer todo lo que quiera. Me parece perfecto", dijo el autor de los laguistas "Poemas Militantes". 

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Cuando falta la creación literaria

Las reacciones suman y siguen. En el boulevard Ahumada está todas las mañanas el historiador Pedro Godoy vendiendo su libro "5 ensayos" y recogiendo firmas para pedir que se anule el "Premio Lagos de Literatura", pero hay que tener cuidado porque de repente pueden ser adhesiones para su partido Humanista, como ocurrió antes con las firmas a favor de las ballenas.

Armando Uribe, poeta, iconoclasta y ex embajador de Salvador Allende, afirmó alguna vez que el premio debería abolirse porque Chile es un país de ígnaros donde hace años no se crea literatura. Ahora no quiso hablar mucho pero recordó palabras que había dicho antes, terciando igual en el debate: “Adular al Presidente de la República no lo había hecho ningún poeta chileno”. Y a reglón seguido manifestó directamente su desinterés en el premio: “Me parece indecoroso porque obliga actualmente a los escritores a presentar currículum vitae, cuando antes un escritor se daba por conocido, lo que quiere decir que los jurados son unos ignorantes”.

Tiene razón Uribe. En febrero de1927, el novelista Eduardo Barrios aduló a Carlos Ibáñez como "enviado de Dios" en su artículo "Creo en el Coronel", publicado en La Nación cuando todavía pertenecía a Eliodoro Yañez. Pero Barrios tuvo dos excusas: no era poeta sino prosista y esa misma tarde fue nombrado Director de la Biblioteca Nacional por influencia del ministro del Interior. El equívoco género poético-político contingente tampoco es una novedad local, probablemente mucho antes provocó también "ciertos resentimientos y ciertos odios". 

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Los grandes también se equivocan

Hasta el gran Neruda se cayó por ahí con un par de poemas erráticos y bastante malos, una alabanza lírica al José Stalin de los años 40, el mandamás de la URSS, pero al fin de cuentas se trataba del jefe supremo de un estado extranjero, no de un presidente de república, sino jefe de una unión de repúblicas. Por esos mismos años, 1946, escribió los zalameros versos de "El pueblo lo llama Gabriel", oda o loa a Gabriel González Videla, pero éste sólo era el candidato radical a la presidencia de la república:

Desde la arena hasta la altura,
desde al salitre a la espesura,
el pueblo lo llama Gabriel,
con sencillez y dulzura.                                    

Como hermano, hermano fiel
y entre todas las cosas puras
no hay como este laurel:
el pueblo lo llama Gabriel

Y en cuanto Gabriel fue elegido presidente se dio vuelta la chaqueta, desaforó al poeta-senador, lo castigó con el exilio forzado –y no por los malos versos, sino en el marco de una feroz persecución anti comunista que inspiró al vate a elegir la húmeda espesura del bosque nativo del sur para alcanzar clandestinamente el refugio de la frontera argentina.

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Los mejores están fuera del país

Luis Sánchez Latorre, Filebo, ex presidente de los escritores, columnista de varios diarios y figura respetada en el medio literario, dijo que el galardón fue concebido originalmente para laurear el final de una vida consagrada a las letras, como una suerte de jubilación, porque además del estipendio único, es decir del premio de 11 millones y tanto (US$ 22.000), se incluye una pensión vitalicia equivalente hoy a US$ 1.075 (el dólar está subiendo a diario). Según Filebo, la única excepción en la historia criolla del premio nacional fue precisamente Pablo Neruda, laureado siendo todavía un hombre joven, pero ya había escrito "Residencia en la Tierra". Zurita, dijo Filebo, también es joven, pero todavía no ha escrito ninguna "Residencia..."

Estimulado por la sangre fresca de sus heridas, en vez de la tinta verde que prefería Neruda, Luis Merino Reyes afirmó que el premio fue derechamente "un acto monárquico por parte del Presidente Lagos".

¿Y qué pasa con los escritores chilenos que tienen éxito en el mundo global de tantas otras lenguas, además del habla castellana, pero viven en el exterior de la ínsula Chile? Isabel Allende, Luis Sepúlveda, Ariel Dorfman, Eduardo Labarca, Roberto Bolaños –premiado con el Rómulo Gallegos que Venezuela otorga cada 4 años... Sus libros se agotan en las librerías locales, los piratas hacen la América con sus ediciones "clandestinas" baratas que ponen al alcance de los lectores pobres en el circuito móvil de los buhoneros en las veredas santiaguinas, tan ocupados en vender como en arrancar de los pacos... No pasa nada, nunca suenan sus nombres en torno al "premio nacional". A lo mejor deberían escribirle a Mariana, escribirle un currículum vitae. (Santiago de Chile).


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Ernesto Carmona

Chileno, es periodista y escritor.

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