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13 de septiembre de 2000


Tribuna de opinión

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FERNANDO DIEZ LOSADA
En un lugar de la Mancha

 

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Hace ya bastante tiempo, escribí en esta misma columna: «El uso de la letra mayúscula o capital constituye uno de los temas gramaticales más anárquicos pues escritores, periodistas, redactores (y, desde luego, el ciudadano común y corriente) se comportan en él como moros sin señor. Y puestos a buscar un responsable de este guirigay ortográfico, tendríamos que señalar a la Real Academia Española, cuyas normas oficiales para el uso de la inicial mayúscula resultan imprecisas, incompletas y desactualizadas. La imprecisión se refleja en las expresiones usadas a menudo en su normativa: ciertos nombres..., suelen escribirse con mayúscula..., se recomienda escribir con minúscula...; tibia actitud que frecuentemente hace dudar al estudioso de la obligatoriedad de lo normado».

Por eso, cuando en los meses finales del pasado año, la RAE –en connivencia con el resto de las academias– publicó la nueva Ortografía de la lengua española, este columnista –ingenuo incurable y fiel devoto de la Docta Corporación– no pudo por menos de exclamar: «¡Eureka! Ahora sí vamos a salir de dudas».

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Pero no. Usted y yo y cualquier hijo de vecino seguimos titubeantes en este lío de las mayúsculas. Pongo por caso los llamados toponímicos, o sea, nombres geográficos. Dice la nueva Ortografía: «[En los nombres geográficos] Cuando el artículo forme parte oficialmente del nombre propio, ambas palabras comenzarán por mayúscula. Ejemplos: El Salvador, La Zarzuela, La Habana, Las Palmas». Parece claro. Pero ¿escribiremos la Mancha, o La Mancha, al referirnos a esa región española, en un lugar de la cual –de cuyo nombre no quiso acordarse don Miguel– nació, no ha mucho tiempo, un hidalgo de los de lanza en astillero? Pareciera que el artículo ‘la’ forma un todo consustancial con el nombre ‘mancha’ y que, según la citada regla, ese territorio castellano debería escribirse La Mancha (y así aparece en la nomenclatura oficial de las autonomías españolas: Castilla-La Mancha).

Pero resulta que en el texto original de la novela cervantina aparece la Mancha cuantas veces se menciona. Y la edición actual del DRAE define manchego como «natural de la Mancha».

¿Lo ve? No podemos  cantar victoria antes de tiempo. El uso de la mayúscula seguirá provocándonos –a usted y a mí– dolores de cabeza mientras la Academia no se decida en serio a poner el huevo. (San José de Costa Rica).


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Fernando Diez Losada.

Es periodista del diario La Nación de Costa Rica.

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