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28 de febrero de 2001


Tribuna de opinión

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GUILLERMO GÓMEZ RIVERA
El ataque del inglés al español en Filipinas

Desde Manila
Las estadísticas
Literatura en español
Disminuyó por las guerras
Como idioma propio
Lengua más importante
Tendría que desaparecer
El informe de Ford 
Y seguía extendiéndose...
Desesperación 
De Hollywood a Manila
A pesar de la guerra

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Desde Manila

Es verdad que nunca fueron todos los habitantes de las Islas Filipinas los que tuvieron el idioma español como su lengua materna. Pero tampoco es justo decir que este idioma nunca se habló en Filipinas en escala nacional. El mero hecho de que el idioma español empezó a ser el idioma oficial de las Islas Filipinas desde el 24 de junio de 1571, día de la fundación de Manila como la ciudad cabecera del Estado Filipino bajo la Corona de España, hasta en 1987, año en que se promulgó la cuestionable constitución de la presidente Corazón «Cory» C. Aquino, bien puede poner en solfa a todos aquellos que digan que este idioma nunca se habló en Filipinas.  

Siendo idioma oficial durante tantos siglos debe entenderse que fue el idioma de la judicatura, de la legislatura y de las escrituras y las publicaciones oficiales, como judiciales, de este Archipiélago. También es innegable que existe un cuerpo de obras literarias, en fin una tradición literaria, por autores filipinos desde 1593, año en que se fundó la primera imprenta en estas islas, hasta el presente. 

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Todo esto es evidencia de que el idioma español se habló en Filipinas, y no en la extensión regateada en que los cuestionables documentos norteamericanos nos quieren decir. Y decimos cuestionables documentos porque es un hecho que los colonialistas usenses han tenido una «language agenda» a favor del inglés desde 1898 y en contra del idioma español al que miran como un obstáculo latente a sus objetivos «lingüísticos» y de imperio económico, hasta nuestros días.

Las estadísticas

Es verdad que cuando Filipinas tan solamente tenía una población de un poco más de cuatro millones y medio de habitantes, Agustín de la Cavada y Méndez de Vigo, señaló que los que hablaban español en Filipinas no rebasaban el 2,8 por ciento del número de la población citada.

Pero este libro de tal estadística salió a la luz en 1870, tan solamente siete años después de que por decreto de la Reina Isabel II, en el año 1863, se establecía el sistema de instrucción pública en todas las islas cuyo medio de instrucción era predominantemente el español, con los idiomas principales del archipiélago sirviendo de medios auxiliares de educación.

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Al llegar el año de 1898, en que se separó Filipinas de España, el porcentaje de los filipinos de habla española tendría que haber aumentado considerablemente.  

Y si, de hecho, el aumento del número de hispanohablantes no hubiese crecido en proporciones más altas y de extensiones más profundas en todas estas islas a partir del dado 2,8 por ciento en 1870, los delegados filipinos a la primera convención constituyente celebrada en Malolos, Bulacán, en 1898, no hubiesen declarado al idioma español como la primera lengua oficial de la República de Filipinas, tal como nos lo tiene provisto la Constitución de Malolos.

Literatura en español 

Tampoco hubiesen utilizado, los gobernantes filipinos bajo el Presidente Emilio Aguinaldo, al idioma español en todas sus proclamas y sus publicaciones oficiales, entre los cuales se encuentra el diario denominado La Independencia. Y José Rizal, un políglota que bien sabía siete lenguas, incluyendo la tagala, no hubiese escrito sus obras fundamentales en español.

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Las hubiese escrito en inglés y en tagalo. Pero no. Todo lo escribió Jose Rizal en español para sus compatriotas que naturalmente podían leerle en esta misma lengua.

En un libro publicado en 1908 por la Tipografía del Colegio de Santo Tomás de Manila, titulado Geografía General de Las Islas Filipinas, cuyo autor es el Muy Reverendo Padre Fray Manuel Arellano Remondo, se encuentra el siguiente dato en la página 15: «La población disminuyó por razón de las guerras, en el quinquenio de 1895 a 1900, pues al empezar la primera insurrección se calculaba en 9.000.000 y actualmente (1908) no llegarán a 8.000.000 los habitantes del Archipiélago».

La referida «primera insurrección» fue la que ocurrió el 29 de agosto de 1896 en contra del gobierno español. En ese caso, la población de Filipinas en ese año llegaba a los nueve millones de habitantes.

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Los censos norteamericanos de 1903 y 1905, dicen de soslayo que los hispanohablantes de este archipiélago nunca han rebasado, en su número, a más del diez por ciento de la población durante la última década de los mil ochocientos. Esto quiere decir que 900.000 filipinos, el diez por ciento de los dados nueve millones citados por el Fray Manuel Arellano Remondo, tenían al idioma español como su primera y única lengua.

Además de esos novecientos mil, Don Luciano de la Rosa, el abogado defensor de los demandados por libelo a raíz del editorial «Aves de Rapiña» del diario El Renacimiento Filipino, en un estudio que citamos en el libro: El Filipino: Origen y Connotación, Manila, 1960, «que es el 60 por ciento de los filipinos» de su tiempo «los que tenían al idioma español como su segunda lengua».

Si añadimos al 60 por ciento, el anterior 10 por ciento, tenemos al 70 por ciento de la población filipina como usuaria cotidiana del idioma español entre 1890 y 1940. Unos recientes estudios por el Dr. José Rodríguez Ponga, señalan que los filipinos de habla española, al liquidarse la presencia peninsular en este archipiélago, llegaban al catorce por ciento de la población de la década 1891-1900. Es decir, el 14 por ciento de una población de nueve millones. 

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Disminuyó por las guerras 

El Padre Fray Manuel Arellano Remondo, al informarnos que «la población disminuyó por razón de las guerras», se refiere indudablemente a las víctimas de la Guerra entre la primera República de Filipinas de 1898 y Estados Unidos de Norteamérica.

Esa disminución de la población filipina nos lo señala luego otra fuente, esta vez norteamericana, como constituyendo «la sexta parte de la población filipina».

La fuente norteamericana a la que nos referimos es la del historiador James B. Goodno autor del libro The Philippines: Land of Broken Promises, Nueva York, 1998, cuya página 31 nos suministra esa importante cifra y dato. Si hemos de creer que fue la sexta parte de la población filipina la que pereció como víctima de las sangrientas masacres perpetradas por la soldadesca invasora de Estados Unidos entre 1898 y 1902, las bajas de una población total de nueve millones sumarían, de hecho, a un millón y medio.

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El citado Don Luciano de la Rosa nos informa que «es de esperar que una enorme proporción de esas bajas sean filipinos de habla hispana ya que eran los de este habla los que mejor entendían los conceptos de independencia y libertad y los que escribieron obras en idioma español sobre dichas ideas».

Es por eso que es el mismo libro del P. Arellano Remondo el que nos da la siguiente información estadística, para la primera década de los mil novecientos, en los siguientes términos: «6o. Población. El censo oficial de 1903 obtuvo el siguiente resultado en su conjunto: 7.635.426: de éstos eran civilizados o cristianos unos 7.000.000 y salvajes o no cristianos 647.000». (Página 15, Op. Cit.).

Ese mismo censo de 1903 informa que los mestizos de español eran 75.000, apenas el uno por ciento de la población. Se quiso dar a entender que éstos eran los que primordialmente hablaban español.

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Al decir mestizos de español se entiende que el padre es peninsular y la madre es indígena. No se contaron como también de habla española a los que eran hijos de matrimonios entre mestizos de español e indígenas que, por cierto, eran más numerosos que los dados 75.000 de mestizos a razón del 50 al 50.

Tampoco se contaron a los descendientes de los chinos cristianos, muchos de ellos siendo mestizos terciados por ser mezcla de español, indígena y chino, que constituían el grupo más numeroso que tenía al idioma español como su primera lengua.

Ni se clasificaron como de habla española a los indígenas que componían las comunidades de habla criollo, o chabacano, de Cavite y los de Extramuros de Manila (Ermita, Paco, Binondo, San Miguel y Quiapo), amén de los de Zamboanga, Cotabato, Davao, Joló y Basilan en Mindanao que muy facilmente sumaban a otros 500.000. 

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Como idioma propio

En 1916, el escritor y abogado Don Tirso de Irrureta Goyena hace la siguiente observación en su libro Por el Idioma y Cultura Hispanos, Imprenta de Santo Tomás, Manila, 1917: «Hay una minoría de filipinos, descendientes de individuos de raza española que tienen el castellano naturalmente como idioma propio y casi por decir único. Hay algunas localidades donde filipinos indígenas, de pura raza nativa, como Cavite, San Roque, Caridad, Zamboanga, y aun muchos de los que en Manila y en otras capitales importantes viven, que no poseen asimismo otro idioma que el castellano más ó menos adulterado. Y, los mestizos de americanos son una minoría microscópica, en muchos de cuyos descendientes, se ve el curioso fenómeno de adoptar el castellano o alguno de los idiomas nativos, dejando por completo el idioma inglés». (p. 30, Op.Cit.).

Lengua más importante 

En el Octavo Informe Anual (Eight Annual Report) del Director de Educación, David P. Barrows, fechado 1 de agosto, 1908, (publicado por el Bureau of Printing, 1957, Manila) se encuentran las siguientes observaciones sobre el idioma español: «Of the adult population, including persons of mature years and social influence, the number speaking English is relatively small. This class speaks Spanish, and as it is the most prominent and important class of people in the Islands, Spanish continues to be the most important language spoken in political, juornalistic and commercial circles». (P.94. Op.Cit.).

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Esta observación señala que la población adulta del país, que incluye a personas de años maduros y de influencia social, «tenía al idioma español como su lengua por lo que el mismo idioma español continuaba siendo la lengua más importante hablada en todos los círculos comerciales, políticos y de prensa».

Esta observación confirma el dato dado por el abogado Don Luciano de la Rosa sobre el español siendo el segundo idioma del 60 por ciento de la población total de Filipinas durante las primeras cuatro décadas de 1900.

Lo más curiosamente significativo es que la supuesta alfabetización o escolarización en inglés, dada en las escuelas públicas establecidas por los norteamericanos desde 1900, tendía a producir a un número mayor de filipinos de habla española y no de habla inglesa. 

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Tendría que desaparecer... 

Tras pedir más fondos con miras de presupuestar «night schools», o escuelas que también tengan clases nocturnas, por las que se tenía que redoblar la enseñanza e imposición del inglés sobre los niños y adultos filipinos con el objetivo de no dejarles dentro de la influencia del predominante idioma español, asegura dicho Mr. Barrows, y muy a la manera de un autoconsuelo para sí mismo y para sus superiores en Washington D.C., que el idioma español, con ciertas medidas tomadas en su contra, tendría que desaparecer a la larga porque los filipinos están lejos de los países de habla española por lo que no podrían tener ningún apoyo por parte de aquéllos en su afán de conservar su idioma español.

El informe de Ford 

Otra fuente reveladora de la extensión nacional en que se utilizaba el idioma español en Filipinas es el Informe de Henry Ford de 1916 al Presidente de Estados Unidos. Aunque el Censo de 1903, preparado por el gobierno de ocupación usense, dió a entender que el idioma español «lo hablaría tan solamente el diez por ciento de los filipinos», el citado Informe de Ford nos lo desmiente con sus observaciones. Dice: «Hay, sin embargo, otro aspecto en este caso que se debe considerar. Este aspecto se me presentó a mí mismo cuando yo iba viajando por las islas, usando la transportación ordinaria y mezclándome con toda clase de gente de todas las condiciones». 

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Como ya lo hemos señalado con las observaciones, en 1908, del Director de Educación, Mr. Barrows, la preponderancia del español seguía alarmando a los WASP usenses puesto que su agenda, de tiránicamente imponer el idioma inglés sobre el pueblo filipino, corría el peligro de fracasar.

Bien seguros estaban de imponer el inglés en sólo diez años más a partir de 1916, año en que también se aprobó la supuesta ley Jones de independencia para Filipinas. Pero, es el mismo Henry Ford, el que, en 1916, dio la segunda voz de alarma. Y la dio en los siguientes términos: «Mientras tanto, el uso del español, en vez de disminuir ante la propagación del Inglés, parece expandirse por su propia cuenta. Este hecho ha merecido la atención oficial».

El informe del Director de Educación para el año 1908 dice en su página 9 lo que sigue: «El español continúa siendo la lengua más prominente e importante hablada en los círculos políticos, periodísticos y comerciales. El inglés tiene rivales activos como el lenguaje de intercambio y de instrucción. Es igualmente probable que ha ocurrido una disminución de interés por parte de la población adulta de aprender el idioma inglés. Creo que es un hecho el que mucha más gente ahora conoce más el idioma español que cuando los norteamericanos zarparon a estas islas y ocurrió su ocupación».

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Y seguía extendiéndose... 

El informe del Director de Educación en 1908 atribuye la rémora, en la propagación del inglés, a la acción del gobierno de extender el tiempo durante el cual se siga permitiendo el uso del español en los documentos oficiales. Dice el Director en la página 30 de su informe: «la fecha fijada para que el inglés sea la lengua de los tribunales fue aplazada hasta el 1 de enero de 1911.

Esta acción, aunque recomendada por el hecho de que un mayor número de jueces y abogados quedan insuficientemente entrenados en inglés, ha tenido un efecto desventurado sobre la confianza pública en la adopción final del inglés como la lengua oficial del gobierno».

Sin embargo, el Director de Educación expresa la creencia de que la ascendencia del español era tan solamente temporaria. Dijo: «La nueva generación, que se impondrá en los asuntos de estas islas dentro de diez años más, no va a usar el español para sus propósitos de ordinario y su influencia será decisiva.

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El español cesará de ser la lengua de los tribunales el 1 de enero de 1911. Está rápidamente cesando como medio de la correspondencia administrativa. Es probable que tardará más aun su uso oficial como la lengua de los legisladores. Esto se dijo hace cinco años, pero los sucesos desde aquella fecha no han cumplido con estos vaticinios.

El uso del español como lengua oficial se ha extendido hasta el 1 de enero de 1920. Su uso general parece expandirse más aún». «Los indígenas lo adquieren como una lengua viva. Lo oyen de gente que acaudilla a la comunidad y su oído está acostumbrado a su pronunciación.

Por otro lado este pueblo está prácticamente sin la menor base fonética de adquirir el inglés y el resultado es que lo aprenden como un lenguaje de los libros en vez de aprenderlo como un idioma vivo. El inglés queda valorado como una cualificación importante para ganarse un empleo, particularmente en el servicio del gobierno, pero es cierto que hasta la fecha no demuestra la menor tendencia de haberse impuesto por encima del español o del vernáculo de uso común». (OP. Cit.).

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Desesperación 

Uno de los importantes aspectos del informe Ford Report, es la desesperación por parte de los WASP usenses ante el continuado uso oficial del idioma español en Filipinas. Esa desesperación es la razón tras los siguientes pasos «legales» que tomaron en contra del idioma español en estas islas.

Sigue diciendo el Ford Report: «El archivo sobre la acción oficial en cuanto al idioma demuestra una serie de pasos de rendición frente al continuado uso del español ante el estrés, o el apuro, de la necesidad. La intención original fue imponer la rápida substitución del inglés».

La ley No. 190 de la Comisión tenía previsto que el inglés debe imponerse como la lengua oficial de todos los tribunales y todos sus archivos después del 1 de enero de 1906.

La ley No. 1427 extendió ese tiempo al 1 de enero de 1911.«La Ley No. 1946 extendió ese tiempo a enero 1 de 1913.

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Por Orden Ejecutiva No. 44, fechada 8 de agosto de 1912, el requisito legal fue enmendado y terminó siendo nada más que una expresión de preferencia por el inglés. Este documento instructivo se incluye aquí (Anejo B)».

La imposibilidad de sustituir el español con el inglés en el proceso judicial y en los gobiernos provincial y municipal es de tal índole que aún queda la probabilidad de que aunque se declare oficial el idioma inglés el 1 de enero de 1913, el español ha de continuar usándose por connivencia oficial.

Al leer estas quejas en contra del uso preponderante del idioma español por parte del pueblo filipino, lo que siempre se hubo señalado como una existente agenda genocida por parte de los WASP usenses de asesinar disimuladamente a la población filipina de habla-hispana de Manila y cercanías, so pretexto de la «guerra de liberación» de 1945 en contra de los ocupantes japoneses, viene confirmándose.

Se cometieron, por lo visto, dos verdaderos genocidios (uno entre los años 1899-1907 y otro en 1945) cuyos resultados posteriores todavía los podemos ver en la circular #59,serie de 1996, expedida por la actual «Comission on Higher Education», o la «Comisión de alta Educación», (CHED) por la que no se le quiere dar el menor espacio a unas asignaturas regulares de español, a escoger frente al árabe, en el programa universitario de la «educación» de Filipinas hoy. 

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De Hollywood a Manila 

La preponderancia del idioma español no solamente nos lo atestigua su uso cotidiano y oficial por la inmensa mayoría de los filipinos de los años 10 y 20 sino que hasta en los años 30 cuando la industria hollywoodense del cine norteamericano encontraba un potente mercado filipino para sus películas habladas en español.

La revista Excelsior de Manila, en su número de julio, 1930, censura la práctica adoptada por las oficinas de la Metro-Goldwyn-Mayer en Manila de devolver a Estados Unidos las películas hollywoodenses que se producían en español.

La devolución se hacía para ayudar a las autoridades WASP usenses de Manila en su campaña genocida de suprimir el uso de este idioma en Filipinas. Dice el artículo titulado «Talkies en Castellano» de la mencionada revista mensual publicada en la Calle Potenciana de Intramuros de Manila: «... respecto al cultivo y difusión del idioma castellano en Filipinas, una vigorosa protesta del Círculo Cervantino, Círculo Escénico, Asociación Talía, Cultura Hispánica, Peña Ibérica y otras instituciones y centros docentes cuyos nombres no se mencionan, contra el proceder de la Metro-Goldwyn-Mayer de no exhibir películas habladas en español, devolviéndolas «inéditas» (es decir, sin antes estrenarlas en Filipinas como era el objetivo de su envío a estas islas) a los Estados Unidos...».

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A pesar de la guerra 

Después de la terrible segunda guerra mundial, en 1945, mediante el bombardeo WASP usense de Manila y de cabeceras provinciales de Filipinas, el censo de 1950 todavía decía que los filipinos de habla española constituían un 6 por ciento de la población, por lo que la legislatura pasó dos leyes por las que se incluyeron 24 unidades de español y literatura filipina en el nivel universitario, puesto que este idioma seguía siendo oficial a la par del inglés y del tagalo.

Pero vino la nefasta Constitución Cory de 1987 y suprimió la oficialidad como la docencia regular de este idioma en los colegios filipinos. A pesar de esas medidas, quedan casi medio millón de filipinos que todavía son de habla hispana fuera de los de habla criolla que suman más de un millón aparte entre Zamboanga, Basilan, Cotabato y Cavite.

Estos actuales supervivientes de habla hispana podrían potenciarse mediante un atinado programa recastellanizador por parte del gobierno español de nuestros días mediante la Agencia Española de Cooperación Internacional y el Instituto Cervantes de Manila. ¿Lo harán? Porque si lo hacen, España e Iberoamérica tendrían una nueva base amistosa en el Asia del futuro.


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Guillermo Gómez Rivera
ggr_flamenco@hotmail.com

Es miembro de la Academia Filipina de la Lengua 

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